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martes, febrero 10, 2026

Huelga ferroviaria: cuando los servicios mínimos son el máximo problema

Tres días de paro por accidentes mortales y un gobierno que decreta 'mínimos' que parecen máximos

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TL;DR

  • Los sindicatos mantienen la huelga del 9 al 11 de febrero tras no llegar a acuerdo con Transportes
  • El paro afecta a Renfe, Iryo, Ouigo y empresas de mercancías por accidentes en Adamuz y Gelida
  • Transportes decreta servicios mínimos del 75% en horas punta, sindicatos los califican de ‘abusivos’
  • Cataluña y País Vasco aplican sus propios mínimos, más bajos que los nacionales

Cuando el ‘mínimo’ es casi todo el servicio

No mames, esto sí que es un desmadre organizado. Los maquinistas van a parar trenes del 9 al 11 de febrero y el gobierno responde con servicios mínimos que parecen máximos: 75% en horas punta de cercanías, 73% en alta velocidad. Según El País, los sindicatos no se andan con rodeos y califican estas cifras de «abusivas». Y tienen razón: ¿cómo chingados una huelga con tres cuartas partes del servicio funcionando puede llamarse huelga? Parece más un horario reducido de fin de semana que un paro laboral.

Los muertos que nadie quiere ver

Aquí está el meollo del asunto que casi nadie menciona: esta huelga no es por aumento salarial ni por mejores prestaciones. Los maquinistas paran por los accidentes mortales de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona). Dos trabajadores muertos y el sistema sigue como si nada. El País documenta que Semaf, el principal sindicato de maquinistas, fue el primero en convocar, pero se le unieron CC OO, UGT, Sindicato Ferroviario y CGT. Cuando hasta los sindicatos que normalmente no se ponen de acuerdo se unen, es porque algo huele muy mal.

El paro que sí es paro (en algunas partes)

Aquí viene lo curioso: mientras el gobierno central decreta esos «mínimos» que parecen chiste, Cataluña y País Vasco hacen las cosas diferente. La Generalitat ofrece servicios mínimos de entre 33% y 66% en Rodalies y trenes regionales, y el gobierno vasco decreta 50% en horas punta y 25% en el resto del día. O sea, en algunas comunidades entienden que una huelga debe sentirse, mientras que en el resto del país parece que Óscar Puente quiere que la gente ni se entere de que hay paro.

La huelga que se extiende más que el metro

Esto no es solo Renfe. El País reporta que Semaf también convocó en las empresas privadas Iryo y Ouigo, y en las de mercancías Medway, Captrain, Transervi, Redalsa y Tracción Rail. Incluso en Adif, donde CC OO y UGT no convocaron, CGT y el Sindicato Ferroviario sí lo hicieron. Cuando hasta las empresas privadas se suman al paro por seguridad laboral, es señal de que el problema es sistémico, no de una sola compañía.

La pregunta incómoda que nadie hace

Aquí está lo que realmente debería indignarnos: ¿por qué tenemos que llegar a una huelga de tres días para que alguien se tome en serio los accidentes mortales? Dos trabajadores perdieron la vida y la respuesta del Ministerio de Transportes parece más preocupada por mantener el 75% del servicio que por investigar qué falló. Los servicios mínimos «abusivos» no son solo un ataque al derecho de huelga, son una señal clara de que para el gobierno es más importante la apariencia de normalidad que la seguridad de quienes mueven los trenes.

El verdadero costo de los ‘mínimos’

Transportes dice que su objetivo es «asegurar la prestación de los servicios esenciales y los desplazamientos inaplazables de la ciudadanía». Suena bonito, pero en la práctica significa que los maquinistas tienen que trabajar casi a capacidad normal mientras protestan por condiciones que mataron a dos compañeros. Es como si te quejaras de que el edificio se está incendiando y el jefe te dice: «Sí, pero primero termina tu turno». La ironía es que si realmente hubiera servicios mínimos reales, quizá la gente entendería la urgencia del problema.

Al final, esta huelga deja claro algo: en España podemos parar trenes, pero no podemos parar la maquinaria burocrática que prioriza estadísticas sobre vidas. Los maquinistas protestan porque sus compañeros murieron, y el gobierno responde con porcentajes que aseguran que casi nadie notará su protesta. Quizá el verdadero accidente no fue en Adamuz o Gelida, sino en un sistema que valora más la puntualidad de los trenes que la seguridad de quienes los conducen.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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