TL;DR
- El gabinete de Seguridad israelí aprobó extender autoridad civil sobre partes de Cisjordania
- Se eliminan barreras legales que impedían la adquisición directa de tierras por no-árabes
- La medida afecta el 40% del territorio que Oslo asignó a la Autoridad Palestina
- Smotrich admite que el objetivo es «seguir matando la idea de un Estado palestino»
La jugada maestra: anexión sin llamarla anexión
El gabinete de Seguridad de Israel acaba de dar un paso que, según El País, traerá cambios «drásticos» en la gestión de Cisjordania. Pero lo interesante no es solo lo que hacen, sino cómo lo hacen: sin plazos claros, sin especificar si necesitan más trámites, pero con la certeza de que están «eliminando barreras que existían desde hace décadas». Es como si te dijeran «vamos a remodelar tu casa» sin decirte cuándo, cómo, ni pedirte permiso para entrar.
El manual del buen colonizador 2.0
La reforma tiene varios componentes que parecen sacados de un manual de gentrificación forzada. Primero, facilitan la adquisición de tierras palestinas por parte de colonos. Segundo, incrementan la capacidad israelí para supervisar agua, sitios arqueológicos y riesgos ambientales. Tercero -y esto es clave- ordenan publicar el registro de propietarios de tierras que hasta ahora estaba clasificado. ¿Suena a transparencia? En teoría sí, pero en la práctica se teme que engrose prácticas como la falsificación de documentos para transferir tierras de manos palestinas a israelíes.
Enterrando a Oslo con papel burocrático
Lo más descarado es que estas medidas se aplican en aproximadamente el 40% del territorio ocupado cuyo control fue adjudicado a la Autoridad Nacional Palestina en los Acuerdos de Oslo. Es decir, están usando mecanismos administrativos para hacer lo que no pudieron hacer con negociaciones: enterrar lo que queda de aquel acuerdo. El propio ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich -que vive en una colonia israelí-, lo admitió sin tapujos: el movimiento «normaliza la vida en Cisjordania» mientras «seguimos matando la idea de un Estado palestio».
La ley de 1953 que ya no conviene
Aquí hay una ironía histórica que duele: la reforma anula una ley de 1953, cuando Jordania administraba el territorio, que impedía que los no-árabes adquirieran tierras de manera directa. Hasta ahora, esa norma requería que los colonos operaran mediante firmas registradas en la Administración Civil, un órgano militar israelí liderado por el mismo Smotrich. Ahora, celebra Smotrich, ya no se necesitarán «permisos complejos de transacción». La pregunta incómoda: ¿por qué una ley de protección que tenía sentido en 1953 de repente ya no sirve en 2026?
Hebrón: el laboratorio de la expansión
El plan también quiere facilitar la extensión de asentamientos en la ciudad palestina de Hebrón, actualmente rodeada de colonias que, a ojos del derecho internacional, son ilegales. Comunidades de colonos ya viven en la ciudad vieja, y ahora buscan normalizar aún más su presencia. Es la estrategia del hecho consumado: primero llegas, luego te estableces, después pides servicios, y finalmente exiges que se regularice tu situación. Paso a paso, sin hacer mucho ruido.
La respuesta palestina: gritar al vacío
La oficina del presidente Mahmud Abbas, de 90 años, emitió un comunicado denunciando la decisión como «una continuación de la guerra del Gobierno israelí contra los palestinos». Alertó sobre «las graves implicaciones de la medida, que representa la implementación práctica de la anexión y de los planes de desplazamiento». Y pidió la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU. El problema es que estas denuncias suenan cada vez más a ritual: se emite el comunicado, se condena, y la maquinaria de asentamientos sigue avanzando.
La reunión con Trump: ¿bendición o formalidad?
Ramala extendió el llamamiento al gobierno de Estados Unidos, donde Netanyahu se reunirá con Donald Trump. Pero aquí está el detalle: si el gobierno israelí ya está implementando estas medidas, ¿realmente necesita permiso? O más bien, ¿la reunión es para ponerle el sello de aprobación a lo que ya está hecho? Katz, compañero de formación de Netanyahu, dice que las reformas «crean certeza jurídica y legal, y permiten que los colonos vivan, construyan y se desarrollen en igualdad de condiciones con cualquier otro ciudadano israelí». Es decir, están tratando de convertir a Cisjordania en parte de Israel sin decirlo abiertamente.
El verdadero objetivo: matar la idea, no solo el territorio
Cuando Smotrich dice que «seguimos matando la idea de un Estado palestino», está revelando la estrategia de fondo. No se trata solo de ocupar tierra, sino de hacer irreversible la situación. Si normalizas la vida de los colonos, si les das los mismos derechos que a los ciudadanos israelíes, si eliminas las barreras burocráticas… al final, ¿qué queda para negociar? La expansión de asentamientos siempre ha sido el obstáculo más grande para cualquier solución de dos estados, y ahora lo están institucionalizando.
Lo más preocupante es que esto no es una acción militar con tanques y soldados, sino un proceso administrativo con papeles y reformas legales. Es más difícil de fotografiar, menos dramático para las noticias, pero igual de efectivo para cambiar realidades sobre el terreno. Y mientras el mundo se distrae con otros conflictos, Cisjordania se transforma, lenta pero seguramente, en algo que ya no se parece a lo que Oslo imaginó.


