TL;DR
- La princesa Mette-Marit pidió disculpas por su amistad con Jeffrey Epstein después de que salieran 3 millones de documentos
- Visitó al pederasta en Palm Beach en 2013 y le dio consejos para «buscar esposa»
- La Casa Real noruega ya se había disculpado en 2019, pero ahora salen contactos de 2014
- La Fiscalía investiga al ex primer ministro Thorbjorn Jagland por corrupción por sus vínculos con Epstein
- El escándalo coincide con el juicio del hijo de Mette-Marit por 38 delitos sexuales
Cuando la verdad te alcanza, sacas el comunicado
La princesa Mette-Marit de Noruega aprendió esta semana la lección más vieja del manual de relaciones públicas: las disculpas llegan cuando ya no hay dónde esconderse. Según Elpais, la heredera al trono noruego pidió perdón «profundamente» por su amistad con Jeffrey Epstein justo cuando salieron a la luz más de tres millones de documentos del caso. La sincronización es tan perfecta que da risa: primero los papeles, después el mea culpa. Como si el arrepentimiento fuera un recurso que se activa con filtraciones, no con conciencia.
La amistad incómoda que nadie recuerda bien
Lo interesante aquí no es solo que Mette-Marit fuera amiga de Epstein, sino la calidad de esa amistad. Según los documentos, la princesa visitó al magnate en su residencia de lujo en Palm Beach durante cuatro días en 2013. Cuatro días. No es un «hola, cómo estás» en una recepción diplomática. Es irte de vacaciones a la casa de un tipo que ya había sido condenado por abusos sexuales en 2008. Y por si fuera poco, le daba consejos para «buscar esposa». ¿Qué clase de consejos de citas le da una princesa europea a un pederasta convicto? Eso sí que es material para terapia.
La memoria selectiva de las casas reales
La Casa Real noruega ya había lanzado un comunicado en 2019 diciendo que no sabían del pasado de Epstein y que las comunicaciones se interrumpieron en 2013. Pero ahora los nuevos documentos muestran contactos en 2014. O sea, o la memoria institucional falla más que celular sin señal, o alguien está jugando al teléfono descompuesto con las fechas. Lo más cínico es que el comunicado actual dice que la princesa «quiere contar lo sucedido y explicarse con más detalle», pero «no puede hacerlo ahora» porque «se encuentra en una situación muy difícil». Traducción: esperemos a que pase el escándalo y luego vemos.
El timing perfecto que huele a estrategia
El escándalo Epstein no llega solo. Coincide con el juicio a Marius Borg Hoiby, hijo de una relación anterior de Mette-Marit, acusado de 38 delitos que incluyen cuatro violaciones a mujeres dormidas. Y mientras tanto, la Fiscalía noruega investiga al ex primer ministro Thorbjorn Jagland por corrupción por sus vínculos con Epstein. El político, que fue líder del Comité Nobel de la Paz (la ironía duele), planeó un viaje a la isla del millonario y discutió inversiones inmobiliarias con él entre 2016 y 2018. Jagland dice que fue «mal juicio», pero que no tenía que ver con la vida privada de Epstein. Claro, porque cuando te juntas con un pederasta, lo haces para hablar del clima.
Las disculpas que valen lo que pesan los documentos
Mette-Marit lamenta «la situación» en la que ha puesto a la Casa Real, «en especial al rey y a la reina». Pero lo que realmente debería lamentar es haber mantenido una relación cercana con un criminal sexual años después de su condena. Las disculpas reales tienen este patrón curioso: siempre son por las consecuencias, no por los actos. «Lamento que se hayan enterado», no «lamento haberlo hecho». La princesa dice que parte del contenido de los mensajes «no representa la persona que quiero ser». La pregunta incómoda es: ¿y qué persona quería ser cuando los escribió?
El problema de pedir perdón cuando ya te atraparon
Noruega, ese país que presume de transparencia y valores éticos, ahora tiene a su futura reina enredada con uno de los depredadores sexuales más notorios del siglo XXI. Y el Partido del Progreso, de ultraderecha, pide una comisión para investigar al Ministerio de Asuntos Exteriores por los contactos de diplomáticos con Epstein. El circo está completo: aristocracia, política, justicia y ahora ultranacionalismo. Todo porque alguien decidió que ser amigo de un pederasta era buena idea.
Lo que queda claro es que en el mundo de las élites, las disculpas no son actos de contrición, son herramientas de gestión de crisis. Se activan cuando los documentos salen, cuando los periodistas preguntan, cuando la presión es insostenible. Mette-Marit podría haber pedido perdón en 2013, cuando visitó a Epstein. O en 2014, cuando siguieron en contacto. O en 2019, cuando murió el magnate. Pero no: esperó a 2026, cuando tres millones de papeles la dejaron sin salida. Eso no es arrepentimiento, eso es cálculo. Y en una futura reina, el cálculo huele peor que la amistad inconveniente.


