TL;DR
- González-Bueno anuncia su salida justo después de ganar la batalla contra la opa del BBVA
- Insiste en que fue ‘su iniciativa’, pero el presidente Oliu reaccionó con ‘sorpresa’
- El relevo se pactó en secreto y se anunció para causar ‘impacto’
- Marc Armengol, el sucesor, viene de vender el negocio británico del Sabadell al Santander
El timing perfecto que huele a oportunidad perdida
No mames, imagínate: pasas cinco años pilotando un banco, te enfrentas a una opa hostil del BBVA que amenaza con tragarte vivo, logras repelerla con todo y artillería, y justo cuando deberías estar celebrando la victoria… anuncias tu salida. Así de raro suena el relevo de César González-Bueno al frente del Banco Sabadell, según El País. El tipo insiste en que «la iniciativa fue mía», pero uno se pregunta: ¿qué clase de estratega gana la batalla más importante de su carrera y luego se retira en silencio?
La ‘sorpresa’ que no convenció ni al presidente
Aquí está el detalle que no cuadra: González-Bueno dice que le comunicó su decisión a Josep Oliu, el presidente del Sabadell que cumplirá 77 años en abril, y que el hombre reaccionó con «sorpresa». O sea, ni siquiera el jefe se lo esperaba. Pero luego, según el relato oficial, ambos decidieron que el «elemento sorpresa es buenísimo» y anunciaron el relevo en vísperas de presentar los resultados de 2025. «Ahora no se lo esperaba nadie», confesó el CEO saliente. ¿De verdad alguien cree que un banquero con 65 años y cinco al frente de una entidad decide irse por voluntad propia y el presidente se entera de golpe?
El sucesor que viene de vender la joya de la corona
Marc Armengol, el nuevo consejero delegado que tomará el mando en mayo, tiene un currículum interesante: viene de comandar TSB, el negocio británico del Sabadell que fue traspasado al Banco Santander el pasado verano. Sí, el mismo que vendieron. González-Bueno asegura que tenían «claro que Marc era el sucesor» y que todo fue un acuerdo «amistoso» y hasta «cariñoso». Pero piénsalo: ¿no es raro que el hombre que vendió la operación en Reino Unido ahora tome las riendas del banco que se quedó sin esa división?
Las preguntas incómodas que nadie hace
González-Bueno fue evasivo cuando le preguntaron si las tensiones de la opa fueron un acicate para su salida. «Durante la opa no pensamos en otra cosa más que en ganar», dijo. Pero ahora reivindica que toda la artillería que usaron para repeler al BBVA «no era para guardar el puesto». Suena bien, pero huele a justificación tardía. ¿De verdad alguien monta una defensa feroz contra una absorción hostil solo para irse meses después? Y lo más curioso: el tipo asegura que no se empleará en nada que tenga que ver con el negocio de la banca en España. ¿Cláusula de no competencia o simplemente ya no quiere saber nada del desmadre?
La montaña rusa tecnológica que hereda el nuevo
El CEO saliente dejó una advertencia velada: «A corto plazo la entidad no contempla más cambios con fusiones o adquisiciones, pero se divisa una montaña rusa de cambios tecnológicos, impulsada por la inteligencia artificial». O sea, le pasa el paquete caliente a Armengol justo cuando viene lo difícil. El nuevo tendrá «la misión de sacarle partido sin que nada descarrile». Traducción: «Yo me voy antes de que explote todo, tú arregla lo que se rompa».
El ‘buen rollo’ que suena a despedida negociada
Lo más sospechoso de todo es el tono edulcorado del relato. González-Bueno dice que se va «agradecido, feliz, satisfecho e ilusionado con mi futuro», que no tiene «nada» planeado, que «las cosas, si surgen, surgirán». Suena a discurso de despedida forzada, no a alguien que realmente quiere irse. Y la cereza del pastel: Oliu ni siquiera estuvo presente en la presentación de resultados donde se anunció todo esto. ¿Tan «cariñoso» era el acuerdo que el presidente ni se molestó en aparecer?
Al final, lo que queda es la sensación de que en el Sabadell se armó un teatro bien montado. González-Bueno hace como que se va por voluntad propia, Oliu hace como que se sorprende, y entre ambos pactan un relevo que parece más negociación que decisión estratégica. Y mientras, el banco que acaba de sobrevivir a un intento de absorción se queda con un CEO que viene de vender activos y un ex-CEO que insiste en que todo fue idea suya. ¿Quién les cree?


