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jueves, febrero 5, 2026

Saif al Islam Gadafi: el heredero que nunca dejó de bailar con la muerte

De doctor en Londres a amenaza con el dedo en alto, la vida del hijo del dictador libio termina como empezó: con balas

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TL;DR

  • Murió tiroteado a los 53 años en su casa, igual que su padre pero 15 años después
  • Doctor en la London School of Economics que amenazó con convertir Libia en ‘peor que Yugoslavia’
  • Pasó de prisionero condenado a muerte a candidato presidencial que hablaba de ‘striptease político’
  • Libia sigue dividida en dos mitades mientras los herederos del viejo régimen siguen bailando con la muerte

El doctor que prefirió las balas a los libros

Saif al Islam Gadafi tenía todo para ser el «bueno» de la familia. Doctorado en la London School of Economics en 2008, hablaba el lenguaje de los inversores extranjeros y se presentaba como la cara amable de la dictadura de su padre. Elpais documenta que negoció la inutilización de armas de destrucción masiva y hasta las compensaciones a víctimas del atentado de Lockerbie. Pero cuando la Primavera Árabe llegó a Libia en 2011, el doctor se convirtió en amenaza con el dedo en alto: «Esto va a ser peor que Yugoslavia y que Irak. Ya lo veréis». El reformador que cazaba con cetrería en el desierto y posaba con tigres amaestrados en su jaima terminó encabezando la represión contra los rebeldes. La educación en Londres no le quitó el instinto de heredero de dictador.

Seis años preso y una condena a muerte que nadie ejecutó

Capturado en pleno desierto disfrazado de beduino cuando huía hacia Níger, Saif al Islam pasó seis años preso de una milicia en Zintan. Un tribunal de Trípoli lo condenó a muerte en 2015 por la muerte de manifestantes, y el Tribunal Penal Internacional tenía orden de búsqueda internacional desde 2011 por delitos contra la humanidad. Pero en 2017, la misma milicia que lo mantuvo cautivo lo soltó. Así funciona Libia: las condenas son papel mojado cuando las milicias deciden lo contrario. El heredero del régimen que cayó con apoyo militar occidental sobrevivió a su propia sentencia de muerte porque alguien, en algún lugar, decidió que valía más vivo que muerto. O tal vez que valía más como pieza de ajedrez que como cadáver.

El striptease político que terminó en balacera

Tras cuatro años en paradero desconocido, reapareció en 2021 «visiblemente envejecido durante el ostracismo» para intentar presentarse a elecciones que nunca se realizaron. En entrevista con The New York Times, habló de su regreso al poder como un «striptease»: «Hay que volver despacio, despacio. Como un striptease. Hay que jugar un poco con las mentes». El problema es que en Libia no juegan a los juegos mentales, juegan con armas reales. Este martes, cuatro pistoleros desactivaron los sistemas de alarma de su casa cerca de Zintan y lo mataron a tiros. Su striptease político terminó como empezó la carrera de su padre: con un tiroteo. La ironía es que Zintan es la misma ciudad donde estuvo preso seis años. En Libia, los círculos no se cierran, se disparan.

La Libia que Gadafi dejó y que nadie pudo arreglar

Mientras el heredero bailaba entre prisión, ostracismo y aspiraciones presidenciales, Libia seguía dividida en dos mitades. Elpais señala que el oeste tiene un gobierno reconocido internacionalmente con apoyo turco, y el este está controlado por el mariscal Jalifa Hafter con respaldo egipcio. Un país con yacimientos de hidrocarburos y solo siete millones de habitantes no puede ponerse de acuerdo en 15 años. Saif al Islam quería ser presidente de algo que ya no existe: una Libia unida. Su muerte no cambia nada, solo confirma que las balas siguen decidiendo más que las urnas en el país que Occidente «liberó» en 2011.

El fantasma que nunca se fue

Lo más revelador de esta historia no es que mataran al hijo de Gadafi, sino que todavía importara. Quince años después de la caída del régimen, el heredero seguía siendo lo suficientemente relevante como para que alguien organizara un operativo para asesinarlo. ¿Quién temía tanto a un hombre que pasó seis años preso y cuatro desaparecido? ¿Qué poder real tenía este fantasma del pasado? La respuesta está en lo que no dice el reporte: en Libia, los apellidos todavía pesan, los rencores se heredan y las cuentas pendientes de la guerra civil siguen abiertas. Saif al Islam murió como vivió: en el punto exacto donde se cruzan la ambición personal y la tragedia nacional. Su doctorado en Londres no lo salvó, su condena a muerte no lo mató, y su candidatura presidencial nunca llegó a las urnas. Al final, lo que decidió su destino fueron cuatro pistoleros y unos sistemas de alarma desactivados. En Libia, la tecnología falla, pero las balas nunca fallan.


Fuentes consultadas:

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