TL;DR
- 6,000 vecinos sin agua desde el domingo por rotura de cañería principal
- El derrumbe de un muro dejó un agujero de 8×3 metros y cortó el suministro
- Distribuyen agua ‘no apta para consumo’ para baños pero no para beber
- Trabajan con bloques de hormigón tipo Lego para reconstruir la tubería
Cuando el grifo seco se vuelve normalidad
Imagina despertarte un domingo y que tu vida se reduzca a dos opciones: o te aguantas las ganas de ir al baño o usas agua que podría enfermarte. Eso es lo que viven desde el 2 de febrero los cerca de 6,000 habitantes de Anglès, un pueblo de La Selva en Cataluña que lleva días sin una gota de agua potable. Según reporta Elpais, el 112 recibió el aviso a las 13:44 horas: parte de la calzada de la Calle Pla de la Coma se había derrumbado hacia la riera de Sant Amanç, llevándose consigo la tubería principal del agua. Lo que empezó como un boquete en la calle terminó siendo una emergencia municipal «muy grave», según las propias palabras del alcalde Jordi Pibernat.
El agua que no puedes beber pero sí descargar
Aquí viene lo surrealista: mientras trabajan en la reparación, están llenando el depósito secundario con agua del canal «sin garantías sanitarias». O sea, agua que según el Servei Municipal d’Aigües «no es apta para el consumo» pero que sí puedes usar para el baño. El comunicado es claro como el agua que no tienen: «no se puede usar para beber, cocinar, lavar alimentos o herramientas de cocina o cualquier uso que implique la ingesta directa o indirecta». Traducción: puedes tirar la cadena pero no lavarte los dientes. Los restaurantes y bares han tenido que contratar sus propios camiones cuba para dar servicio, mientras algunos vecinos van a fuentes de otros pueblos o a casa de familiares a ducharse. La normalidad se volvió un privilegio de quien tiene auto y gasolina.
Los bloques de Lego gigantes y la espera eterna
La solución parece sacada de un episodio de Bob Esponja: están esperando «unos grandes bloques de hormigón parecidos a un Lego para poner la tubería encima». Mientras tanto, el camión cisterna con agua potable que debía llegar a la una de la tarde llegó a las tres, según confirma el alcalde. Y no es el único retraso: las cubas de agua «no potable» para llenar cisternas en escuelas, institutos, guarderías y el CAP también llegaron con su buena dosis de impuntualidad. Lo curioso es que el mismo Pibernat reconoce: «Enseguida nos preguntamos qué había pasado para que cediera el muro de contención, pero ahora esa no es la prioridad». Claro, primero el parche, después las preguntas incómodas.
La catástrofe que nadie vio venir (¿o sí?)
Los vecinos lo califican de «catástrofe», y no es para menos. Un agujero de ocho metros de largo por tres de hondo no aparece de la noche a la mañana. El muro que cedió estaba cerca de las conducciones principales del servicio de agua, lo que plantea preguntas incómodas sobre mantenimiento preventivo. ERC, en la oposición, ha propuesto que el consistorio contacte con ayuntamientos vecinos para que los habitantes de Anglès puedan usar duchas municipales hasta que se restablezca el servicio. Una solución de emergencia que revela lo frágil que es la infraestructura básica en pueblos que no suelen aparecer en los titulares.
El depósito vacío y la desinfección pendiente
«El depósito principal que tenemos está vacío, ahora lo que estamos intentando es llenar, con agua del canal tratada, el depósito secundario para que por lo menos la gente pueda ir al lavabo», explica Pibernat. Pero aquí viene otro detalle que huele a problema futuro: cuando consigan llenar de agua potable el depósito principal, el secundario «deberá desinfectarse». O sea, estamos ante un efecto dominó de complicaciones donde cada solución temporal genera un nuevo problema. Aqualia, la empresa concesionaria, trabaja con el Consistorio y las autoridades sanitarias para resolver la situación «en el menor tiempo posible», pero ese tiempo ya se mide en días sin agua potable.
La resignación como única opción
Lo más preocupante no es la emergencia en sí, sino la normalización de la emergencia. Vecinos que van a otros pueblos a buscar agua, restaurantes que contratan sus propios camiones, escuelas que dependen de cubas de agua no potable… todo mientras se espera por bloques de hormigón que suenan a solución de juguete para un problema de adultos. La pregunta que queda flotando como el polvo sobre el agujero de ocho metros es: ¿cuántas veces más tendrán que pasar por esto antes de que la infraestructura deje de ser un parche y se convierta en una solución permanente?


