TL;DR
- Pau Carrió escribe ‘la tragedia que Shakespeare nunca escribió’ sobre Margarita de Anjou
- La obra se estrena en el Teatre Nacional de Catalunya con dirección de Carrió y Maria Rodríguez Soto
- Shakespeare la llamó ‘loba de Francia’ y ‘amazona ramera’ en sus obras históricas
- El TNC programa la obra como parte de una temporada dedicada a ‘devolver el relato a las mujeres’
Shakespeare la hizo villana, ahora llega su versión
No mames, imagínate que te pasas 500 años siendo el malo de la película literaria. Eso le pasó a Margarita de Anjou, la reina francesa que gobernó Inglaterra en plena Guerra de las Dos Rosas y que Shakespeare convirtió en villana de cuatro de sus tragedias históricas. Ahora, el dramaturgo catalán Pau Carrió le da voz propia en La reina loba, una obra que Elpais describe como «la tragedia sobre Margarita de Anjou que Shakespeare nunca escribió». La obra se estrena este miércoles en la Sala Petita del Teatre Nacional de Catalunya, y ya huele a revancha histórica.
De princesa francesa a ‘loba’ shakespeariana
Margarita no era cualquier reina. Hija de Renato de Anjou (que se hacía llamar rey de Nápoles, Jerusalén y Aragón, porque en el siglo XV los títulos eran como los likes de Instagram), se casó con Enrique VI de Inglaterra y terminó liderando tropas en la guerra civil más famosa de la historia inglesa. Pero Shakespeare, que nunca dejó pasar la oportunidad de hacer quedar mal a los franceses, la convirtió en personaje secundario pero memorable: aparece con la cabeza de su amante Suffolk en las manos, le da una bofetada a la duquesa de Gloucester, y humilla al duque de York prisionero colocándole una corona de papel y ofreciéndole un pañuelo manchado con la sangre de su hijo. York, antes de morir apuñalado, la llama «loba de Francia» y «amazona ramera», que en el siglo XVI era como decirte «perra» pero con clase.
El teatro como justicia histórica
Lo interesante aquí no es solo que Carrió rescate a Margarita, sino cómo lo hace. Según Elpais, la obra mezcla textos originales de Shakespeare con partes escritas por el dramaturgo catalán para «rellenar lo que el Bardo no explicó». Es decir: toma los fragmentos donde Shakespeare la presenta como villana y los usa como base para construir su propia tragedia. La directora artística del TNC, Carme Portaceli, lo justifica diciendo que la programación está dedicada a «las mujeres y a devolverles a estas el relato que tradicionalmente les ha sido robado». Suena bien, pero uno se pregunta: ¿cuántos siglos más vamos a necesitar para corregir todos los relatos robados?
¿Reescritura histórica o apropiación literaria?
Carrió, buen conocedor de Shakespeare (ya ha adaptado Victoria d’Enric V, Hamlet y Nit de reis), argumenta que en Margarita hay «un personaje muy interesante con parlamentos muy buenos y una historia singular que merece la pena explorar dramatúrgicamente». Pero aquí hay un detalle que pica: Shakespeare escribió sobre ella en cuatro obras, la hizo memorable (aunque como villana), y ahora un dramaturgo del siglo XXI viene a decir «ah, pero yo te voy a contar tu historia como realmente fue». Es como si dentro de 500 años alguien dijera «voy a reescribir a Walter White de Breaking Bad porque la serie no lo entendió bien».
El contexto importa: Juana de Arco y Margarita
Elpais menciona un dato clave: Margarita cae prisionera de los ingleses «significativamente al tiempo que su paisana Juana de Arco, la Pucela, es llevada a la hoguera». Aquí está la jugada maestra de Carrió: mientras Juana de Arco se convirtió en santa y mártir nacional francesa, Margarita terminó siendo la francesa mala en la historia inglesa. Dos mujeres, misma época, mismo conflicto, destinos literarios opuestos. Una quemada por hereje pero canonizada, la otra vilipendiada por Shakespeare pero ahora rescatada por un catalán. La historia siempre tiene estos guiños irónicos.
¿Y ahora qué sigue? ¿Reescribimos a todos?
La obra se presenta en catalán y en verso, lo que añade otra capa de complejidad: un personaje histórico francés, vilipendiado por un dramaturgo inglés, reinterpretado por un autor catalán en su lengua. Es como esas películas de Netflix donde todos hablan con acento británico sin importar de dónde sean. Pero más allá del ejercicio literario, lo que queda claro es que el teatro sigue siendo ese espacio donde podemos cuestionar las narrativas oficiales, incluso las que vienen de Shakespeare. La pregunta incómoda es: si hoy reescribimos a Margarita de Anjou, ¿mañana reescribiremos a Lady Macbeth? ¿A Yago? ¿A Ricardo III? ¿Dónde está la línea entre reinterpretación y revisionismo histórico?
Lo cierto es que Margarita de Anjou, después de 500 años de ser la «loba de Francia», por fin tiene su obra propia. Shakespeare la usó como villana secundaria, Carrió la convierte en protagonista trágica. Y uno se queda pensando: cuántas otras Margaritas hay ahí afuera, esperando que alguien les dé el micrófono que la historia les negó.


