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jueves, febrero 5, 2026

Van der Poel: cuando la perfección se vuelve aburrida

El neerlandés gana su octavo mundial de ciclocross y supera a De Vlaeminck, pero su dominio absoluto mata la emoción

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TL;DR

  • Van der Poel gana su octavo mundial de ciclocross en Hulst 2026
  • Supera los 7 títulos del legendario Eric de Vlaeminck
  • Su dominio es tan absoluto que las carreras pierden emoción desde el inicio
  • El español Felipe Orts logra séptimo lugar en la competencia

La maldición de ser demasiado bueno

Mathieu van der Poel acaba de convertirse en el ciclocrossista más exitoso de la historia, pero hay algo que huele raro en esta celebración. No es que el neerlandés de 31 años no merezca el reconocimiento – ocho mundiales son ocho mundiales, uno más que el mítico Eric de Vlaeminck – sino que su superioridad es tan aplastante que convierte las carreras en trámites predecibles. Elpais lo describe con una metáfora brutal: «Como el camarero del karaoke que después de 25 años poniendo copas de madrugada tiene los oídos anestesiados a chillidos, gallos y chirridos». Los aficionados, acostumbrados a la perfección, ya ni siquiera se emocionan.

El circo de un solo payaso

En Hulst, ciudad holandesa cerca de Amberes, el desenlace estaba escrito desde la primera vuelta. Van der Poel tomó la delantera y lo que siguió fue «una hora de exhibición de velocidad y prudencia». El detalle clave: sus botines blancos terminaron «impolutos», como de niño de primera comunión. No hubo drama, no hubo riesgo excesivo, solo cálculo perfecto. El tipo es tan bueno que ni siquiera necesita arriesgar para ganar. «Intenté gestionar la bicicleta, los neumáticos, todo, lo mejor posible para asegurarme de que la mecánica no arruinara la fiesta», dijo después. Suena más a gerente de proyecto que a atleta en plena competencia.

La sombra del récord y la locura

Superar a Eric de Vlaeminck no es cualquier cosa. El belga era leyenda viva, un tipo cuyo «talento y exageración condujo a la locura», según la crónica. Van der Poel es todo lo contrario: calculador, mesurado, eficiente. Mientras De Vlaeminck era pura pasión desbordada, el neerlandés es algoritmo puro. Lleva 51 victorias en Copa del Mundo, una más que Sven Nys, «el otro dios de los belgas». Pero aquí está el detalle: cuando alguien gana las 12 carreras de Copa del Mundo que disputa en una temporada, ¿dónde queda la competencia?

El vacío que deja la ausencia

La única sombra en este dominio absoluto tiene nombre: Wout van Aert. El belga, ausente en Hulst por lesión, es «el único que puede proclamar que le ha derrotado de vez en cuando». De hecho, le ganó tres mundiales seguidos, el último hace ocho años. Sin Van Aert en la pista, el mundial se convirtió en un paseo triunfal. Y eso nos lleva a una pregunta incómoda: ¿es Van der Poel realmente invencible, o simplemente no tiene rivales a su altura en este momento?

El consuelo español y la realidad del pelotón

Mientras el neerlandés escribía historia, el español Felipe Orts terminaba séptimo. Un resultado digno, sin duda, pero que ilustra la brecha abismal entre Van der Poel y el resto. Para los demás corredores, «le parece una derrota terminar segundo en las carreras en las que corra el astro neerlandés». Imagina la psicología de saber que, en el mejor de los casos, aspiras al subcampeonato. La «pelea por ser segundo» se ha repetido 12 veces esta temporada. Doce.

¿Ganador o asesino del espectáculo?

Van der Poel es, sin duda, el mejor ciclocrossista de la historia. Los números no mienten: ocho mundiales, 51 victorias en Copa del Mundo, dominio absoluto. Pero hay algo triste en ver cómo su perfección técnica mata la emoción del deporte. Cuando un atleta es tan superior que las carreras pierden suspense desde el primer minuto, algo se rompe en la esencia misma de la competencia. El neerlandés gestiona carreras como un CEO gestiona una empresa: minimizando riesgos, maximizando resultados. Y mientras sus botines siguen impolutos, el ciclocross se pregunta si necesita un poco más de barro en la cara para volver a emocionar.


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