TL;DR
- El gobierno federal despliega 1,600 soldados a Culiacán y Mazatlán tras secuestro masivo de mineros y ataque a diputados
- La operación incluye 90 fuerzas especiales para «disuasión y patrullajes» según la Sedena
- El anuncio coincide con llamada de Sheinbaum a Trump donde ambos dijeron que «vamos muy bien» en seguridad
- La crisis se agravó tras la entrega de El Mayo Zambada en 2024, que fracturó al Cártel de Sinaloa
1,600 soldados y una llamada a Trump: el timing perfecto
La Secretaría de Defensa anunció el jueves el envío de 1,600 militares a Sinaloa, incluyendo 90 fuerzas especiales, según reporta El País. Los aviones de la Fuerza Aérea Mexicana aterrizaron en Culiacán y Mazatlán con la misión de «disuasión, prevención y patrullajes». Pero aquí está el detalle que pica: el anuncio llegó horas después de que Claudia Sheinbaum hablara 40 minutos con Donald Trump. La presidenta dijo que «los dos coincidimos en que vamos muy bien» en seguridad. Trump calificó la plática de «extremadamente buena». ¿Casualidad o coreografía política? Porque mientras los mandatarios se felicitaban mutuamente, en Sinaloa la realidad era otra: diputados baleados y mineros secuestrados.
El día que Sinaloa explotó (otra vez)
El miércoles previo al despliegue militar fue de terror puro. Sergio Torres, presidente de Movimiento Ciudadano en Sinaloa, y la legisladora Elizabeth Montoya resultaron heridos tras un ataque a balazos en el centro de Culiacán. Pero eso no fue todo. La empresa canadiense Vizsla Silver reportó el secuestro masivo de 10 mineros en Concordia, al sur del estado. Dos ataques en un día: uno contra la clase política, otro contra trabajadores. El mensaje del crimen organizado fue claro: nadie está a salvo. Ni los que hacen leyes, ni los que sacan minerales. Y el gobierno responde con 1,600 soldados que, según la Sedena, actuarán «en coordinación con las autoridades de los tres órdenes de gobierno». Suena bien en el papel, pero Sinaloa ha visto este guión antes.
La entrega que desató el infierno (y nadie aprendió)
El País documenta que la crisis actual tiene un origen claro: la entrega de Ismael «El Mayo» Zambada a Estados Unidos en julio de 2024. Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de «El Chapo», entregó al histórico líder del cártel y también se rindió ante Washington. Ese movimiento fracturó al Cártel de Sinaloa y desató una guerra interna entre «Los Mayos» y «Los Chapitos». Aquí la ironía amarga: la captura de un capo, en lugar de traer paz, generó más violencia. Es la lección que México nunca aprende. Cada vez que cae un líder, suben diez aspirantes más sanguinarios. Y la población queda en medio del fuego cruzado. El despliegue militar de ahora llega cuando el cártel ya está fragmentado, peleándose por el territorio que antes controlaba con relativa «estabilidad».
Michoacán primero, Sinaloa después: la estrategia por goteo
La nota de El País revela otro patrón preocupante: el gobierno federal parece actuar por crisis, no por estrategia. En noviembre, tras el asesinato del exalcalde de Uruapan Carlos Manzo, lanzaron una operación en Michoacán que en dos meses detuvo a 400 personas e incautó «cientos de armas y miles de precursores químicos». Ahora le toca a Sinaloa. Es como apagar incendios sin ver que el bosque entero está seco. Sheinbaum «supone una vuelta de tuerca más en su estrategia de seguridad nacional», dice el medio español. Pero ¿es realmente una estrategia o solo reacción tardía? Porque los números de Michoacán suenan impresionantes hasta que te das cuenta de que las detenciones no han bajado la violencia estructural.
La pregunta incómoda: ¿1,600 soldados para qué exactamente?
La Sedena dice que los militares harán «disuasión, prevención y patrullajes». Suena a manual de contrainsurgencia básico. Pero Sinaloa no es una zona de guerra convencional. El crimen organizado ahí opera como empresa multinacional: tiene logística, finanzas, inteligencia y hasta relaciones públicas. Los patrullajes militares pueden asustar a los pistoleros de bajo nivel, pero no tocan las estructuras financieras, la corrupción política ni las redes de protección. Y hay otro detalle: los 1,600 soldados se reparten entre Culiacán y Mazatlán, pero el secuestro de mineros fue en Concordia, al sur. ¿Están llegando donde realmente se necesita o solo donde hay cámaras?
El déjà vu sinaloense: hemos visto esta película
Lo más preocupante no son los 1,600 soldados, sino que esto ya pasó. Calderón mandó tropas. Peña Nieto también. López Obrador creó la Guardia Nacional. Y ahora Sheinbaum despliega efectivos. Cada sexenio reinventa la rueda militar contra el crimen, pero la violencia muta y crece. El ataque a diputados muestra que los criminales ya no temen al poder político. El secuestro de mineros extranjeros muestra que tampoco temen a la inversión internacional. Y mientras, la presidenta habla con Trump y ambos se felicitan. Quizás el verdadero problema no sea cuántos soldados mandas, sino por qué después de décadas de operativos, Sinaloa sigue siendo territorio donde los cárteles deciden quién vive y quién muere.


