TL;DR
- Antony marca y asiste en la victoria 2-1 sobre Feyenoord que mete al Betis entre los ocho primeros de Europa League
- El equipo de Pellegrini muestra su mejor versión en ataque pero su peor cara en el tramo final del partido
- La lesión de Shaqueel Van Persie, hijo del entrenador rival, empaña el triunfo verdiblanco
- El Betis tendrá ventaja de campo en octavos pero su inconsistencia sigue siendo su mayor enemigo
La paradoja del Betis: brillante cuando quiere, desastroso cuando puede
No mames, qué equipo más extraño es este Betis. Acaban de meterse entre los ocho primeros de la Europa League con una victoria 2-1 sobre el Feyenoord, pero lo hicieron con esa dualidad que ya cansa: estelares cuando les da la gana, un desastre cuando se relajan. Según El País, Antony y Abde Ezzalzouli fueron los héroes del partido, pero el equipo casi se ahoga en su propio vaso de agua en los minutos finales.
Antony: de villano a héroe en 90 minutos
Aquí está lo interesante: Antony, el brasileño que ha sido más noticia por sus fiestas que por sus goles últimamente, aparece justo cuando el Betis más lo necesita. Minuto 16, gol con un toque sutil. Minuto 31, asistencia para Abde. Dos jugadas que básicamente le dieron el partido al equipo andaluz. Pero ojo, porque según el mismo reporte, Antony ya había tenido un gol anulado por el VAR en el minuto seis por falta previa. O sea, el tipo estaba enchufado desde el pitido inicial.
Lo curioso es que este rendimiento contrasta brutalmente con lo que hemos visto del Betis últimamente. El País documenta que el equipo venía de un duelo liguero contra el Alavés donde parecían otro equipo completamente distinto. «Fundido en el duelo liguero contra el Alavés, el grupo de Pellegrini se comportó de manera estupenda ante el Feyenoord», señala el medio. ¿Entonces qué pedo? ¿Dónde está la consistencia?
El Feyenoord: un rival que se regaló
No nos engañemos: el Betis ganó, sí, pero contra un Feyenoord que según la crónica era «un horror en defensa». El equipo holandés llegaba con muy pocas opciones de clasificación y se notó. Cyle Larin tuvo oportunidades pero fue «muy desafortunado», mientras que la defensa regaló espacios como si estuvieran en un entrenamiento.
Pero aquí viene lo más preocupante: incluso contra un rival tan generoso, el Betis no supo cerrar el partido. El reporte es claro: «Los últimos minutos, con el 2-1, fueron muy mal jugados por el Betis, puesto que un empate le hubiera dejado fuera de los ocho primeros». O sea, tenían todo para ganar cómodos y casi la cagan. Pau López, que había estado brillante, cometió un error en su salida que propició el gol de Tengstedt en el minuto 77.
El drama familiar que nadie quería
El momento más incómodo del partido llegó en el minuto 82. Shaqueel Van Persie, hijo del entrenador del Feyenoord y del legendario Robin Van Persie, se lesionó en una acción muy fea. El reporte describe un «momento muy emotivo, con el técnico arropando a su hijo mientras era sacado en camilla». Para colmo, el Feyenoord se quedó con 10 jugadores porque ya había hecho todos los cambios.
Aquí hay una ironía cruel: el Betis, que ya estaba sufriendo para mantener el resultado, se encontró con un rival con un jugador menos… y aún así no supo administrar la ventaja. Es como si les diera miedo ganar cómodamente.
La clasificación: cuarto lugar con sabor a poco
Al final, el Betis terminó en «una magnífica cuarta posición», según El País. Los ocho primeros clasificados son: Lyon, Aston Villa, Midtjylland, Betis, Oporto, Braga, Friburgo y Roma. La ventaja: tendrán campo en octavos. La desventaja: les tocará uno de estos cuatro equipos: Fenerbahçe, Viktoria Pilsen, Panathinaikos o Nottingham Forest.
Pero la pregunta incómoda es: ¿realmente importa el rival si el Betis juega como dos equipos diferentes en el mismo partido? Porque el mismo reporte señala: «Hay un Betis fuera de casa y otro al amparo de su gente». Y no, no se refiere a la localía, sino a esa personalidad esquizofrénica que tienen.
Pellegrini y el eterno dilema
Manuel Pellegrini debe estar entre la euforia y la frustración. Por un lado, su equipo se clasifica entre los mejores ocho de Europa. Por otro, sabe que ese rendimiento irregular es justo lo que les ha costado puntos en Liga. El análisis es contundente: «Es una cuestión básica de intensidad y ritmo, virtudes básicas a las que se unieron el papel estelar de Antony y de Abde».
O sea, cuando juegan con intensidad, son competitivos contra cualquiera. Cuando no, son presa fácil hasta del último clasificado. La pregunta del millón: ¿por qué no pueden mantener esa intensidad partido tras partido?
Lo que viene: octavos con más preguntas que respuestas
La ronda de octavos se jugará entre el 12 y el 19 de marzo, y el Betis tendrá la ventaja de jugar el partido de vuelta en casa. Pero aquí está el detalle: esa ventaja solo sirve si llegan con un resultado favorable de la ida. Y viendo cómo casi regalan un partido que tenían controlado 2-0, uno se pregunta si realmente pueden administrar ventajas.
El verdadero test para este Betis no será el sorteo de octavos, sino su capacidad para jugar 90 minutos completos con la misma actitud. Porque de nada sirve que Antony y Abde brillen si el equipo se duerme cuando tiene el partido controlado. La Europa League no perdona esos descuidos, y menos en fase eliminatoria.
Así que sí, celebren la clasificación. Pero no se engañen: este Betis sigue siendo el mismo equipo impredecible de siempre. La única diferencia es que ahora sus errores tendrán consecuencias europeas.


