TL;DR
- El primer debate electoral en Aragón tras 11 años se convirtió en pelea por financiación autonómica
- Azcón acusa a Alegría de defender intereses catalanes mientras ella promete 630 millones adicionales
- La discusión sobre servicios públicos quedó opacada por ataques personales y acusaciones cruzadas
- Las encuestas dan ventaja al PP pero el debate mostró una polarización que no resuelve problemas concretos
Once años sin debate y así nos va
No mames, once años sin un debate electoral en Aragón y cuando por fin se sientan frente a frente, lo que tenemos es un pleito por dinero que parece más discusión de vecinos que plan de gobierno. Según Elpais, el cara a cara entre Jorge Azcón y Pilar Alegría se convirtió en un ring donde la financiación autonómica fue el guante que se tiraron a la cara. Once años esperando y lo que sale es «mi modelo es mejor que el tuyo» mientras Aragón sigue siendo, según Azcón, «la peor de todas las comunidades autónomas». Qué chiste.
Los 630 millones fantasma
Alegría llegó con la chequera en la mano: 630 millones de euros adicionales, dice. Con eso se construyen 4,000 viviendas al año, 80 residencias para la tercera edad y se contratan 15,000 médicos. Suena bien, ¿no? El problema es que Azcón no se lo cree. Dice que ese modelo solo busca que «Sánchez siga en la Moncloa» y que a Aragón le conviene más otro sistema. Aquí la cosa se pone interesante: ¿por qué el presidente socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, también rechaza ese modelo si es tan bueno? Algo huele raro cuando hasta los del mismo partido no se ponen de acuerdo.
El fantasma catalán en la sala
Azcón no perdió la oportunidad de sacar la carta catalana: «Cuando usted habla de condonación, está hablando de que le paguemos las deudas a los catalanes». Y ahí está el truco: convertir una discusión técnica sobre financiación en una pelea identitaria. Alegría defiende el principio de ordinalidad (que Cataluña reclama) pero Azcón pregunta por qué no apuesta más por factores de despoblación que beneficiarían a Aragón. La acusa de promover «la insolidaridad y la desigualdad». O sea, según él, defender a Aragón es oponerse a Cataluña. Qué simplón.
Del dinero a los ataques personales
Cuando la discusión técnica se agota, llegan los golpes bajos. Azcón sacó una foto de Alegría con Francisco Salazar, el ex secretario general del PSOE denunciado por acoso sexual. «Usted no mostró respeto cuando comió con aquel acosador sexual», le lanzó. Alegría lo llamó «hooligan» y «palmero». Y así, de repente, dejamos de hablar de cómo mejorar la sanidad aragonesa para discutir sobre con quién se sienta a comer una candidata. Qué decepción.
La sanidad que nadie arregla
Lo más triste es que, según Elpais, Alegría atacó al gobierno de Azcón por primar la privatización de servicios públicos y aumentar las listas de espera. Citó casos de usuarios que esperan meses por atención. Pero esa discusión quedó enterrada bajo la pelea por los 630 millones. ¿A quién le importa si la gente no puede ver al médico cuando podemos discutir sobre ordinalidad y condonación de deuda? Así nos va.
Las encuestas dicen una cosa, el debate otra
Las encuestas dan ventaja al PP, pero el debate mostró algo más preocupante: una polarización que no resuelve nada. Azcón llama a Alegría «señor no» por oponerse a su modelo, ella lo acusa de no querer negociar. Mientras tanto, Aragón sigue siendo la comunidad peor financiada según uno, o a punto de recibir 630 millones según la otra. Alguien miente, o los dos exageran. Lo cierto es que después de once años sin debate, los aragoneses merecían más que esto.
¿Y los problemas reales?
Lo que duele es lo que no se discutió: cómo bajar realmente las listas de espera, cómo frenar la despoblación que vacía pueblos enteros, cómo mejorar la educación en zonas rurales. En cambio, tuvimos una clase magistral sobre cómo usar la financiación autonómica como arma política. Azcón y Alegría se parecen más de lo que creen: los dos usan a Aragón como escenario para peleas que tienen más que ver con Madrid que con Zaragoza, Huesca o Teruel.
Al final, el primer debate en once años dejó claro que en Aragón, como en el resto de España, la política se ha convertido en un juego de suma cero: si gana uno, pierde el otro. Y mientras tanto, los que realmente pierden son los aragoneses que siguen esperando soluciones en lugar de discusiones sobre quién defiende mejor sus intereses frente a Cataluña. Qué tristeza.


