TL;DR
- Los ministros anunciaron que no usarán las camionetas blindadas de 1.5 a 3 millones de pesos
- La decisión llega apenas días después de justificar la compra por «seguridad»
- La Corte prometió austeridad al inicio de su gestión en septiembre
- Ahora dicen que las pondrán a disposición de otros jueces con «mayores riesgos»
El reculón más rápido de la historia judicial
No mames, ni siquiera alcanzaron a estrenar las llantas. La Suprema Corte anunció este domingo que sus ministros renuncian a las camionetas blindadas que apenas habían comprado esta misma semana. Según El País, el comunicado llegó por redes sociales, como si fuera un mea culpa express: «Con relación a los vehículos adquiridos, ministras y ministros de esta Corte informan su decisión de no utilizarlos». La pregunta que nadie responde es obvia: ¿por qué chingados las compraron entonces?
De la austeridad prometida a los blindajes de lujo
Aquí está el detalle que pica: estos mismos ministros, encabezados por Hugo Aguilar, llegaron en septiembre prometiendo austeridad. Hablaban de recortes, de eficiencia, de usar bien el dinero del pueblo. Y ahora resulta que se les antojaron camionetas que cuestan entre 1.5 y 3 millones de pesos cada una. O sea, hasta 172 mil dólares por unidad, según los cálculos de El País. El nivel de blindaje determinaba el precio, claro, porque cuando se trata de tu seguridad, el presupuesto es lo de menos.
La justificación que nadie se tragó
Lo chistoso es que la Corte ya había soltado su justificación oficial: «las unidades en uso ya no cumplían con los estándares adecuados de seguridad». Según su normatividad interna de 2019, estos vehículos deben renovarse cada cuatro años «o antes, cuando las condiciones del automotor no sean seguras». Suena razonable, ¿no? Hasta que te das cuenta de que estamos hablando de ministros de la Suprema Corte, no de capos del narco. ¿De verdad necesitan ese nivel de protección? ¿O simplemente querían andar en lo más nuevo del mercado?
El giro de guión: ahora son para «jueces con riesgos»
La jugada maestra viene en el segundo acto: ahora dicen que las camionetas se pondrán «a disposición de personas juzgadoras que enfrentan mayores riesgos». O sea, primero las compran para ellos, ven el desmadre en redes y medios, y ahora las ofrecen como caridad. El País documenta que el comunicado promete «siempre con apego a la normatividad aplicable». ¿La misma normatividad que usaron para justificar la compra en primer lugar?
La conferencia de prensa que nadie pidió
Para rematar el circo, anuncian que «mañana se ofrecerá una conferencia de prensa en las instalaciones de este Máximo Tribunal». ¿Para qué? ¿Para explicar lo que ya está claro? Los ministros se pasaron de listos, la gente se encabronó, y ahora tienen que dar la cara. Lo curioso es que ninguno se ha manifestado individualmente. Todos firmaron el comunicado colectivo, como si fuera un pacto de silencio. «Reiteramos nuestro compromiso con el uso eficiente y responsable de los recursos del pueblo», dice el texto. Justo después de intentar gastarse millones en camionetas de lujo.
¿Miedo o simple mala planeación?
Aquí está lo que realmente duele: si de verdad hay riesgos de seguridad para los ministros, ¿por qué no se hizo un estudio serio antes de la compra? ¿Por qué no se consultó a la sociedad? ¿Por qué esperar a que saliera en los medios para dar marcha atrás? La sensación es que alguien en la Corte pensó que nadie se daría cuenta, que era un gasto más que pasaría desapercibido. Se equivocaron feo. Y ahora tienen que hacer malabares para salvar la cara.
Lo peor es que este episodio deja una pregunta incómoda flotando: ¿cuántas otras compras cuestionables se han hecho sin que nos enteremos? ¿Cuántos «gastos de seguridad» se justifican con normatividades internas que nadie conoce? La Corte promete «una justicia real y verdadera», pero empieza por no creerle a sus propias justificaciones. Porque si hoy dicen que necesitan blindajes y mañana que no, ¿en qué quedamos?
Al final, el verdadero blindaje que necesitan no es el de las camionetas, sino el de la transparencia. Porque cuando la gente empieza a dudar de quienes deben impartir justicia, ahí sí que no hay vehículo que los proteja.


