TL;DR
- 21 puntos de riesgo identificados en las 13 líneas de Rodalies
- Maquinistas se niegan a trabajar hasta que se garantice seguridad
- Después de un accidente mortal, siguen los desprendimientos
- El Govern pide gratuidad del servicio mientras no haya normalidad
- Déficit histórico de inversiones que ahora muestra sus consecuencias
No son 21 puntos, son 21 advertencias ignoradas
Cuando los técnicos y maquinistas señalan 21 puntos peligrosos en la red de Rodalies, no están descubriendo nada nuevo. Están documentando lo que los usuarios llevan años sintiendo en carne propia: un sistema al borde del colapso. Según El País, estos puntos están repartidos por las 13 líneas del servicio, lo que significa que casi cada línea tiene al menos un punto donde la seguridad está comprometida. Y esto después de que un maquinista en prácticas muriera en Gelida el martes pasado. No es una coincidencia, es la consecuencia lógica de años de desinversión.
Los maquinistas ya no se la creen
Lo más revelador de toda esta crisis no son los 21 puntos peligrosos, sino que los maquinistas se niegan a volver a sus puestos hasta que se garantice la seguridad. Imagínate: los que conocen los trenes mejor que nadie, los que pasan horas diarias en esas vías, dicen «hasta aquí». Primero intentaron con «marchas blancas» (recorridos sin pasajeros para analizar el estado) y certificados de seguridad extendidos por Adif. Pero cuando el jueves siguieron los desprendimientos -uno en la R1 en Blanes y otro en la R4 entre Cerdanyola y Sabadell- quedó claro que los parches no servían. Los maquinistas pidieron formar parte de los equipos técnicos porque, como dice un portavoz del SEMAF, «los maquinistas no somos geólogos ni ingenieros, pero sabemos dónde está el peligro».
El temporal solo mostró lo que ya estaba roto
El Govern catalán dice que los episodios de temporal de las últimas dos semanas han dado lugar a «un volumen de incidencias sin precedentes». Pero esa frase es engañosa: el temporal no creó los problemas, solo los hizo visibles. El agua que se filtra, los desprendimientos que bloquean vías, la infraestructura que falla -eso ya estaba ahí, esperando el momento para colapsar. La consejera de Territorio, Sílvia Paneque, explica que se están analizando «en torno a 21 puntos de la red, dos de ellos en estos momentos con mucha intensidad». La pregunta incómoda es: ¿cuántos puntos más aparecerán cuando realmente se revise todo a fondo?
La gratuidad como parche político
Mientras la red se desmorona, el Govern intenta apaciguar a la ciudadanía con gestos. El consejero de Presidencia, Albert Dalmau, ha pedido a las operadoras la gratuidad del servicio «hasta que se recupere la plena normalidad del servicio». Dijo: «No se le puede pedir a los ciudadanos que paguen por un servicio que no se puede operar en condiciones». Suena bien, pero es como ofrecerte la entrada gratis a un concierto donde el escenario se está cayendo a pedazos. El problema no es el precio, es que el servicio es peligroso. Y mientras tanto, la oposición y las asociaciones empresariales y sindicales recuerdan lo que todos saben pero nadie quiere afrontar: el déficit histórico en inversiones en la red de Rodalies.
170 autobuses no arreglan 21 puntos críticos
Para «solucionar» el caos, se han activado 170 autobuses adicionales de servicios diarios para reforzar los corredores interurbanos. Adif ha puesto a disposición los servicios que suelen trabajar en desprendimientos tanto en carreteras como en Ferrocarrils de la Generalitat. Pero aquí está el detalle: están revisando «de forma continuada y permanente» todos los puntos de riesgo. ¿Continuada y permanente desde cuándo? Porque si realmente fuera continuada y permanente, no tendríamos 21 puntos peligrosos identificados de golpe después de un accidente mortal. La realidad es que estamos viendo lo que pasa cuando un sistema se mantiene con alambre y buena voluntad durante demasiado tiempo.
Lo que no dicen los números
21 puntos peligrosos. 13 líneas. 1 maquinista muerto. 2 desprendimientos más después del accidente. 170 autobuses de refuerzo. Los números pintan un panorama, pero se quedan cortos. No cuentan las horas perdidas por miles de personas, el estrés de no saber si llegarás a trabajar, el miedo de subirte a un tren que podría tener problemas en cualquier momento. No cuentan la desconfianza que se ha instalado en un servicio que debería ser la columna vertebral de la movilidad en Cataluña. Y lo peor: estos 21 puntos son solo los que han identificado después de una revisión exprés. ¿Cuántos más saldrán cuando realmente se haga una inspección a fondo?
La pregunta que nadie quiere responder
Si maquinistas, técnicos de Renfe y Adif recorrieron las líneas el jueves y encontraron 21 puntos peligrosos, ¿dónde estaban los informes previos? ¿Quién era responsable de monitorear estos puntos antes de que un hombre muriera? El portavoz del SEMAF lo dejó claro cuando dijo que los maquinistas no son geólogos ni ingenieros, pero saben reconocer el peligro. La verdadera pregunta es: ¿por qué nadie les hizo caso antes? Porque cuando los que manejan los trenes día tras día te dicen que algo está mal, lo mínimo que puedes hacer es escuchar. En Rodalies, parece que prefirieron esperar a que el sistema colapsara antes que invertir en prevención. Y ahora todos pagamos las consecuencias.


