TL;DR
- Xi y Lula hablaron 45 minutos sobre defensa del multilateralismo frente a Trump
- China reafirma su apuesta por Latinoamérica como primer socio comercial de Sudamérica
- México aparece solo como «contacto» de Lula, sin acuerdos concretos con China
- La intervención estadounidense en Venezuela acelera realineamientos geopolíticos
La llamada que México no tuvo
Mientras Xi Jinping y Luiz Inácio Lula da Silva hablaban 45 minutos por teléfono este jueves, prometiéndose apoyo mutuo «en estos tiempos turbulentos», México aparecía en la lista de contactos de Lula como un nombre más. Según El País, el presidente brasileño ha hablado con «Claudia Sheinbaum, de México» entre otros líderes desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Pero ahí termina la mención. No hay acuerdos, no hay proyectos conjuntos, no hay promesas de inversión china en México. Solo un nombre en una lista.
El patio trasero que ya no es solo de Estados Unidos
Lo que sí hay son declaraciones que deberían hacer sonar alarmas en la cancillería mexicana. Xi afirmó a Lula que «China está comprometida a ser siempre un buen amigo y socio para los países en América Latina y el Caribe». El gigante asiático es el primer socio comercial de América del Sur, donde tiene «enormes proyectos de infraestructuras». Mientras tanto, Estados Unidos bajo Trump «han dejado muy claro que quieren retomar el dominio de la región y alejar a los adversarios de lo que vuelve a considerar su patio trasero».
Aquí el detalle incómodo: Brasil hace «enormes esfuerzos para mantener buenas relaciones tanto con Washington como con Pekín». México, en cambio, parece navegar sin brújula clara en este choque de titanes. La pregunta que nadie hace: ¿por qué China prioriza a Brasil cuando México tiene frontera con Estados Unidos y sería la pieza estratégica perfecta?
El multilateralismo de conveniencia
Xi y Lula se comprometieron a «salvaguardar conjuntamente el papel central de las Naciones Unidas». Suena bien hasta que recuerdas que China tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad y Brasil no. El brasileño destacó que ambos países «desempeñan un papel central en la defensa del multilateralismo, el derecho internacional y el libre comercio».
Pero hay un dato que El País documenta y que pone en perspectiva este romance: «La decapitación del chavismo, que tiene estrechas relaciones con Pekín, ha puesto a prueba la enorme influencia y creciente expansión de China en toda Latinoamérica». O sea, China perdió a su aliado clave en Venezuela y ahora busca consolidar a Brasil como su nuevo bastión regional. México, con su histórica relación complicada con Venezuela, queda fuera de esta ecuación.
Los proyectos que México no ve
Mientras Lula anuncia que eximirá de visado a algunos de sus compatriotas como gesto hacia China, y ambos profundizan relaciones «en el seno de los BRICS», México no aparece en ningún acuerdo concreto. El País reporta que Lula analiza «con su equipo desde hace días la propuesta de Trump para participar en el Consejo de la Paz que está creando».
Aquí está el verdadero juego geopolítico: Brasil juega en todas las mesas – con China, con Rusia (Putin), con India (Modi), con Turquía (Erdogan), con la UE (Von der Leyen), y ahora evalúa la oferta de Trump. México, en cambio, aparece como un contacto más en la lista. No como socio estratégico, no como aliado comercial prioritario, no como pieza clave en ningún bloque.
La pregunta incómoda que nadie hace
Si China realmente quiere expandirse en Latinoamérica, ¿por qué no prioriza a México? La respuesta podría estar en lo que El País señala sin decirlo directamente: Brasil tiene petróleo, minerales, soya, y una posición geográfica que no comparte frontera con Estados Unidos. México, con su dependencia comercial del T-MEC y su vecindad incómoda con Trump, podría ser demasiado riesgoso para Pekín.
O tal vez la respuesta es más simple: México no ha sabido o no ha querido jugar este juego. Mientras Lula habla con medio mundo defendiendo el multilateralismo frente a «un Trump absolutamente desbocado», México parece contentarse con ser un nombre en una lista. El problema es que en geopolítica, o eres jugador o eres tablero. Y por ahora, México parece más lo segundo.


