TL;DR
- Ocesa y Seguridad Privada Lobo son formalmente imputadas por homicidio tras el colapso de estructura en Axe Ceremonia
- El festival continuó 3 horas después de la muerte de los fotoperiodistas sin activar protocolos de emergencia
- La investigación involucra a 5 empresas y 8 personas físicas tras 9 meses de avance lento
- Ocesa disputa la versión de imputación mientras familiares colocan contador de días fuera de juzgados
El show debe continuar, aunque mueran dos fotógrafos
La escena es digna de una película de terror: una estructura metálica decorativa se desploma sobre dos jóvenes fotoperiodistas durante el festival Axe Ceremonia. Mueren en el acto. Son las 5 de la tarde. Y el concierto… sigue. Tres horas más. Según El País, los organizadores no solo no alertaron al público, sino que entorpecieron el trabajo de los periodistas que intentaban documentar la tragedia. A las 10:58 de la noche -casi seis horas después- la alcaldía Miguel Hidalgo confirmó públicamente las muertes. Para entonces, el público ya se había ido «poco a poco, cuando quiso, como en cualquier otro concierto».
La danza de las imputaciones y los deslindes
Ahora, nueve meses después del desastre, la Fiscalía finalmente vincula a Ocesa -la promotora más grande de México y Latinoamérica- y a Servicios de Protección Privada Lobo por el delito de homicidio. Raúl Giles, padre de Berenice «Bere» Giles, lo anunció en redes sociales: «Ocesa y Seguridad Privada Lobo ya son formalmente imputadas en el caso». Pero aquí viene lo bueno: Ocesa, a través de un vocero, le dice al mismo diario que sí están «dentro de la investigación», pero disputan que hayan sido imputados. O sea, el clásico «sí estoy aquí, pero no estoy aquí».
La estructura que nadie vio venir (o que todos ignoraron)
El detalle que duele: según Mauricio Tabe, alcalde de Miguel Hidalgo, el Ceremonia instaló la estructura fatal después de la revisión de Protección Civil, sin avisar a la dependencia. Una fuerte ráfaga de viento la volteó mientras era trasladada por una grúa. Bere, de 28 años, y Miguel Ángel Rojas, de 26, se conocieron estudiando en la FES Aragón y colaboraban en la revista Mr. Indie. Eran los típicos chavos que se rifan cubriendo conciertos para medios independientes. El tipo de periodismo que nadie valora hasta que falta.
El contador de la impunidad
Mientras Ocesa se defiende diciendo que solo participaron en la promoción y no en la gestión (como si promocionar un evento donde mueren personas fuera inocente), la familia de Miguel Ángel Rojas colocó un contador a las afueras de los juzgados. Un reloj que marca los días que el procedimiento penal ha permanecido detenido. Porque así funciona la justicia en México: lenta para los poderosos, inexistente para las víctimas. El caso ya involucra a cinco empresas y ocho personas físicas, pero el avance judicial ha sido, en palabras elegantes, «lento».
La pregunta incómoda: ¿quién realmente mató a Bere y Miguel?
Aquí está el meollo: ¿son Ocesa y Seguridad Lobo los «verdaderos responsables»? La respuesta es sí y no. Sí, porque la negligencia en seguridad es criminal. No, porque el problema es sistémico. Hablamos de un festival que continuó con dos cuerpos bajo una estructura, de autoridades que se tardaron seis horas en confirmar lo que todos en backstage ya sabían, de una cadena de señalamientos cruzados donde nadie quiere asumir responsabilidades. El Gobierno de Ciudad de México, las alcaldías, las empresas organizadoras, el medio para el que trabajaban -todos bailando el vals del «no fui yo».
Cuando la cultura del espectáculo vale más que la vida
Lo más revelador no es que hayan muerto dos jóvenes (aunque eso debería bastar). Lo escandaloso es la normalización del riesgo. La estructura se instaló después de la revisión. El show continuó. Nadie evacuó. El público se fue como si nada. Y nueve meses después, las imputaciones se discuten en términos semánticos: ¿»vinculadas» o «imputadas»? Mientras, un padre muestra en video la resolución de la agente del Ministerio Público y una familia cuenta días frente a un juzgado. El verdadero crimen no es solo la estructura que cayó, sino el sistema que permite que después de semejante negligencia, lo único que se mueva sea un contador de impunidad.


