TL;DR
- Dos detenidos por homicidio imprudente tras muerte de trabajador de 51 años en colegio Lluís Vives de Massanassa
- El edificio tenía nivel rojo y estaba precintado por inspección de Educación tras la DANA de octubre
- El director del colegio declaró: «No entiendo qué hacían allí dentro» cuando el estado era «muy frágil»
- Los detenidos son el conductor de la excavadora y el encargado de obra, ya liberados con cargos
El colegio precintado donde nadie debería estar
Cuando los servicios de inspección de la Consejería de Educación revisaron el colegio público Lluís Vives de Massanassa, lo clasificaron con nivel rojo. El más grave. Lo precintaron. Según El País, el director del centro, Salvador Crespo, fue claro: «No entiendo qué hacían allí dentro». Y tiene razón para preguntarse. Porque el 24 de noviembre, mientras ese edificio técnicamente inhabitable seguía marcado con la peor calificación posible, un trabajador de Tragsa de 51 años murió y otro de 35 resultó herido al derrumbarse el porchado.
La DANA que no se fue
La gota fría del 29 de octubre dejó más que agua en Massanassa. Dejó vehículos impactando contra muros -«no menos de una veintena», según Crespo- y una estructura escolar convertida en ruleta rusa. Pero aquí viene lo absurdo: si el colegio estaba tan dañado que recibió nivel rojo, si los muros habían recibido el impacto de coches como bolos en una bolera, ¿qué demonios hacía una excavadora trabajando allí? El País documenta que los detenidos son precisamente el conductor de esa máquina y el encargado de obra del día del siniestro.
Homicidio imprudente: cuando la prisa mata
La policía detuvo a los dos hombres el pasado miércoles por un presunto delito de homicidio imprudente. Ya están libres con cargos, pero la pregunta que queda flotando es más incómoda: ¿quién autorizó trabajar en un edificio precintado? Tragsa, la empresa pública donde trabajaba el fallecido, emitió un comunicado diciendo que el trabajador llevaba «el equipo de protección correspondiente conforme a la normativa». Bien por el casco y el chaleco, pero de nada sirven cuando el techo se viene encima en un lugar que debería estar vacío.
La burocracia de la tragedia
Aquí hay un patrón que se repite tras cada desastre natural: primero viene la emergencia, luego la evaluación, después el papeleo y en algún punto del proceso alguien decide saltarse los protocolos. El colegio Lluís Vives no era un lugar de trabajo -era una zona de peligro marcada con rojo. El derrumbe se produjo por «el colapso de una estructura metálica exterior», según Tragsa. Una estructura que, hay que recordar, ya había recibido el impacto de vehículos durante la DANA. No fue un accidente imprevisible -fue un riesgo calculado mal calculado.
Las preguntas que nadie contesta
Si Educación había precintado el colegio, ¿quién dio la orden de entrar? Si Tragsa colabora «estrechamente con las autoridades para esclarecer las causas», ¿por qué sus trabajadores estaban en un sitio prohibido? Y la más importante: ¿cuántos edificios con nivel rojo siguen teniendo gente trabajando dentro mientras las instituciones se pasan la responsabilidad como patata caliente? El trabajador fallecido tenía 51 años. El herido, 35. Edades para tener familia, planes, futuro. No números en un reporte.
Después del derrumbe
Ahora hay dos detenidos, una investigación y probablemente un juicio por homicidio imprudente. Pero el verdadero problema no son dos hombres específicos -es el sistema que permite que trabajadores entren a edificios condenados. Es la urgencia por «arreglar rápido» que ignora los riesgos. Es la misma historia de siempre: primero viene el desastre natural, luego el desastre administrativo, y al final alguien paga con su vida los errores de otros. Massanassa debería ser la última vez que esto pasa. Pero sabemos que probablemente no lo será.


