TL;DR
- Milei celebró la detención de Maduro como ‘excelente noticia para el mundo libre’
- El sábado decía que González Urrutia era ‘el verdadero presidente’ de Venezuela
- Este lunes, su gobierno en la ONU apoyó la operación pero no mencionó a Urrutia
- Trump negó su apoyo a Machado y Urrutia, dejando a Milei ‘descolocado’
- El proyecto de ley de diputados oficialistas todavía incluye apoyo a Urrutia
El baile del seguidismo: cuando Trump cambia la música
Javier Milei tiene un talento especial para los cambios de chaqueta, pero este lunes en la ONU dio una clase magistral de cómo ajustar el discurso cuando tu ídolo te deja colgado. El sábado, apenas horas después de que Estados Unidos ejecutara su operativo militar en Caracas, el presidente argentino celebraba la incursión como «una excelente noticia para el mundo libre» y declaraba que era momento de que «asuma el verdadero presidente que es Edmundo González Urrutia». Dos días después, en el Consejo de Seguridad de la ONU, su embajador Francisco Tropepi respaldó la captura de Nicolás Maduro pero ni una palabra sobre el «presidente legítimo». Elpais documenta este giro de 180 grados que huele a oportunismo puro y duro.
La afinidad que se esfumó cuando Trump dijo ‘no’
Lo curioso es que Milei no era cualquier simpatizante de la oposición venezolana. El tipo había viajado a Noruega cuando María Corina Machado recibió el Nobel de la Paz y en diversas oportunidades remarcó su afinidad con ambos líderes. Pero el seguidismo a Trump tiene sus riesgos, y el republicano decidió negar su apoyo al liderazgo de Machado y González Urrutia en Venezuela. De repente, la afinidad se convirtió en un problema de relaciones públicas. Elpais señala que el gobierno ultra «reafirmó su respaldo a Trump, pero ya sin menciones a Urrutia». No es que hayan cambiado de opinión sobre Venezuela, es que cambiaron de opinión sobre qué decir públicamente.
El discurso de la ONU: todo Maduro, nada de petróleo
El embajador Tropepi fue cuidadoso en su intervención. Valoró «la decisión y la determinación demostradas por el presidente de Estados Unidos» en la captura de Maduro, pero ni una palabra sobre el interés de Trump en el petróleo venezolano que todos comentan. En su lugar, habló de «narcoterrorismo» y de «recuperar plenamente la democracia». El régimen de Maduro, según Tropepi, constituyó «una amenaza directa para los ciudadanos venezolanos» y para «toda la región, al liderar y exportar sus redes de narcotráfico y crimen organizado». Curioso cómo el discurso se alinea perfectamente con la narrativa estadounidense pero omite cualquier referencia incómoda a los intereses económicos detrás de la operación.
El Congreso argentino: entre el proyecto viejo y la realidad nueva
Mientras el ejecutivo ajusta el discurso, el bloque de diputados de La Libertad Avanza (LLA) anda con el proyecto desactualizado. Presentaron una declaración que todavía incluye el aval a Edmundo González Urrutia y promueve «la reposición del legítimo ganador de las elecciones del 28 de julio de 2024». Según Elpais, la iniciativa fue elaborada el sábado pasado, cuando Milei todavía hablaba de «presidente legítimo». Ahora promete generar debate en el Parlamento, donde peronismo, izquierda y otras bancadas ya se pronunciaron en rechazo al operativo ordenado por Trump. La pregunta incómoda: ¿van a actualizar el proyecto o van a votar algo que su propio presidente ya no respalda?
El gendarme argentino: la carta humanitaria en un juego geopolítico
Al cierre de su discurso, Tropepi pidió que «las autoridades encargadas de administrar la transición en Venezuela» contribuyan a la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en el país caribeño desde diciembre de 2024. Es el toque humanitario en medio de una operación que huele a cálculo geopolítico. Argentina «está lista y dispuesta a colaborar» con los objetivos estadounidenses, pero también quiere sacar a su ciudadano. El problema es que nadie sabe exactamente quiénes son esas «autoridades encargadas de administrar la transición» ahora que Trump dejó en el aire el apoyo a la oposición venezolana.
La incoherencia como política exterior
Lo que queda claro es que la política exterior argentina bajo Milei se mueve al ritmo que marca Washington, incluso cuando Washington cambia de opinión de un día para otro. El sábado: González Urrutia es «el verdadero presidente». El lunes: silencio incómodo. No es la primera vez que Milei ajusta su discurso a los vientos de la Casa Blanca, pero esta vez la contradicción es tan evidente que duele. Mientras, el proyecto de ley de sus propios diputados sigue hablando de «presidente legítimo» como si nada hubiera cambiado. La pregunta que nadie hace en el gobierno: ¿qué pasa si mañana Trump decide que en realidad Maduro no estaba tan mal? ¿También ajustan el discurso?


