TL;DR
- Trump celebra la captura de Maduro como ‘buena palabra’ y amenaza con operaciones similares en México y Colombia
- El Departamento de Estado tuitea que América es ‘NUESTRO’ hemisferio con el ‘nuestro’ en letras rojas gigantes
- La estrategia de seguridad nacional busca ‘restaurar la preeminencia de EE.UU.’ en el continente
- Groenlandia aparece en redes con bandera estadounidense y la palabra ‘soon’ tras años de ambiciones de Trump
La ‘buena palabra’ que cambió las reglas del juego
Donald Trump no tiene pelos en la lengua. Cuando le preguntaron por la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en una base militar de Caracas, el mandatario estadounidense se mostró de acuerdo con calificarla como una «buena palabra». Según El País, esa operación militar del pasado sábado no solo cumplió su objetivo sin víctimas estadounidenses (aunque con soldados heridos), sino que le dio a Trump el espaldarazo que necesitaba para redoblar la apuesta. Ahora el presidente que nunca fue sutil amenaza abiertamente con operaciones similares en Colombia, Cuba y hasta México, aliados históricos que de repente se ven en la mira.
América es ‘NUESTRO’ hemisferio, con mayúsculas y rojo
Si alguien dudaba de las intenciones, el Departamento de Estado lo dejó claro este lunes. En un tuit que parece salido de un manual de propaganda, publicaron junto a un retrato de Trump que América «es NUESTRO hemisferio», con el «nuestro» en grandes letras rojas. No es retórica vacía: en diciembre se publicó casi a escondidas la Estrategia de Seguridad Nacional donde la Casa Blanca declara su objetivo de «restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental». Lo que antes era un documento discreto ahora se proclama a los cuatro vientos. La captura de Maduro, esposado y escoltado por personal estadounidense hasta un tribunal de Manhattan donde se declaró inocente de narcotráfico, se convirtió en el símbolo perfecto.
De Venezuela a Groenlandia: el apetito que no termina
Lo más preocupante no es solo lo que ya pasó, sino lo que viene. Mientras Trump pronostica que la intervención en Venezuela «puede abrir el camino para otras», su círculo más cercano juega con mapas. Katie Miller, esposa del influyente asesor Stephen Miller, publicó en X un mapa de Groenlandia con los colores de la bandera estadounidense y la palabra «soon». Sí, la misma Groenlandia que Trump lleva años queriendo anexionar de Dinamarca. El mensaje es claro: si pudieron con Maduro, ¿por qué no con la isla ártica? O con cualquier otro país que se les antoje.
La fórmula Trump: unilateralismo puro y duro
Richard Haass, presidente emérito del Consejo para las Relaciones Exteriores, lo resume perfectamente en su blog: «La operación captura la esencia de la política exterior de Trump. Fue unilateral hasta la médula. Prestó mínima atención a la legalidad o a la opinión internacional». El objetivo, según Haass, es doble: beneficio comercial (acceso a reservas petroleras venezolanas) y fortalecer la seguridad nacional (drogas e inmigración). Lo interesante es que Trump ni siquiera empezó con esta línea dura. En la primera mitad del año pasado intentó negociar con el régimen de Maduro para abrir el acceso de empresas petroleras estadounidenses. Cuando no funcionó, cambió el manual.
Las críticas que nadie en Washington escucha
Desde Pekín hasta Bogotá, pasando por Madrid, llueven las denuncias de ilegalidad. Pero en Washington, la operación «transcurrió con el mayor de los éxitos». El problema es que ese éxito se mide en términos puramente estadounidenses: objetivo cumplido, cero bajas propias. Lo que pasa con la soberanía venezolana, con el derecho internacional, con las relaciones con aliados latinoamericanos que ven cómo Trump los amenaza públicamente… eso parece ser detalle. Colombia y México, países que han trabajado codo a codo con EE.UU. en seguridad y comercio, ahora escuchan advertencias de que «pueden ser los siguientes».
¿Y ahora qué sigue en este hemisferio ‘NUESTRO’?
La pregunta incómoda que nadie en la Casa Blanca quiere responder es simple: ¿dónde trazan la línea? Si capturar a un presidente extranjero en su propio país es «buena palabra», ¿qué no lo es? Si declarar que América es «NUESTRO» hemisferio es política oficial, ¿qué queda de la soberanía de los demás? Y lo más preocupante: si la estrategia funciona (objetivos cumplidos, críticas ignoradas, recursos asegurados), ¿qué impide que se repita en otros lados? Maduro hoy está en Nueva York. Mañana podría ser cualquier otro líder que no se alinee con los intereses comerciales o de seguridad de Washington. El mensaje está claro, y viene en letras rojas: este hemisferio tiene dueño, y no somos nosotros.


