TL;DR
- Trump amenazó dos veces a Petro: «será mejor que se cuide el trasero» y lo llamó «hombre enfermo que le gusta hacer cocaína»
- La derecha colombiana se partió en tres: unos rechazan la injerencia, otros la justifican y un sector radical pide intervención inmediata
- Aníbal Gaviria y Juan Manuel Galán defendieron la soberanía, pero Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella no condenaron las amenazas
- La congresista Lina Garrido pidió que Estados Unidos intervenga «lo más pronto posible», mostrando el extremismo del sector más radical
Trump juega al matón y Colombia se desgarra
Donald Trump no anda con rodeos. El sábado, desde su residencia privada, soltó la bomba: «Me apego a mi primera declaración: está produciendo cocaína y la está mandando a Estados Unidos. Entonces será mejor que se cuide el trasero». Al día siguiente, desde el Air Force One, redobló: «Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo». Según Elpais, cuando una periodista le preguntó si Washington considera «una operación como la de Venezuela», Trump no lo descartó: «Me suena bien». La amenaza es directa, grosera y sin pruebas. Pero lo verdaderamente revelador no es lo que dice el matón del norte, sino cómo reacciona la derecha colombiana que tanto ha criticado a Petro.
El patriotismo selectivo de la oposición
Aquí es donde el cuento se pone bueno. La misma derecha que el fin de semana celebró con entusiasmo el ataque a Venezuela y la captura de Maduro, ahora se encuentra en un aprieto moral. Resulta que la soberanía es un concepto flexible: aplaudes cuando invaden al vecino, pero te ofendes cuando te amenazan a ti. Aníbal Gaviria, exgobernador de Antioquia, fue el más claro: «Está mal informado y mal enfocado, sus declaraciones simplistas son contraproducentes». Agregó que «Petro es un desastre, pero no es un dictador y democráticamente lo relevaremos de su mandato». Juan Manuel Galán, exsenador, también salió al quite: «Colombia no es Venezuela ni un Estado fallido, y no vamos a permitir que la traten como tal». Hasta ahí, bien. Pero el problema es que no todos piensan igual.
Los que no condenan y los que piden intervención
Mientras Gaviria y Galán defendían la soberanía, otros optaron por el silencio cómplice o la justificación sutil. La senadora Paloma Valencia y el abogado Abelardo de la Espriella no rechazaron la amenaza de Trump. Su postura fue más bien: «Petro debe terminar su mandato el 7 de agosto y la salida es derrotarlo en las urnas». Como diciendo: «No estamos de acuerdo con la intervención, pero si pasa, pues qué le vamos a hacer». Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá, tampoco condenó las declaraciones, aunque enfatizó que «por supuesto» Trump no debe intervenir donde hay democracia. Pero el premio mayor se lo lleva la congresista Lina Garrido, quien según Elpais pidió que Estados Unidos intervenga en Colombia «lo más pronto posible». Aquí ya no hablamos de silencio cómplice, sino de traición abierta.
La hipocresía en su máxima expresión
Lo que duele no es la división -en política es normal- sino la incoherencia. La misma gente que acusa a Petro de ser un peligro para la democracia ahora calla cuando un presidente extranjero amenaza con derrocarlo por la fuerza. La misma gente que habla de soberanía nacional aplaude cuando Estados Unidos invade Venezuela. Galán, aunque defendió la soberanía, también aprovechó para atacar a Petro: «Usted es el presidente de Colombia, no un jefe insurgente. Aquí no se gobierna desde el monte o con armas». Critica a Petro por decir que está dispuesto a retomar las armas para defender la soberanía, pero no critica con la misma fuerza a Trump por amenazar con invadir. El doble rasero es tan evidente que duele.
¿Qué pasa cuando el monstruo que creaste te voltea a ver?
La derecha colombiana lleva años cultivando una relación especial con Estados Unidos, especialmente con el ala más conservadora del Partido Republicano. Han aplaudido cada intervención estadounidense en la región, han celebrado cada golpe a gobiernos de izquierda, han justificado cada violación a la soberanía ajena. Pero ahora el monstruo que ayudaron a crear les voltea a ver. Trump no distingue entre «buenos» y «malos» según la ideología colombiana -para él, todos los latinoamericanos son sospechosos de narcotráfico hasta que se demuestre lo contrario. La amenaza contra Petro es también una amenaza contra la idea misma de que Colombia es diferente, de que tiene instituciones sólidas, de que es la democracia más estable de la región. Trump les está diciendo: «Para mí, ustedes son iguales que los demás».
La pregunta incómoda que nadie quiere hacer
Si mañana Trump decide que Colombia necesita «una transición segura y ordenada» como la que promete para Venezuela, ¿qué hará la derecha colombiana? ¿Defenderá la soberanía nacional aunque eso signifique enfrentarse a su aliado histórico? ¿O buscará acomodarse en el nuevo orden impuesto desde Washington? La división actual es solo un anticipo de lo que podría venir. Porque cuando Trump dice «me suena bien» a la pregunta sobre una operación en Colombia, no está bromeando. Está midiendo fuerzas, probando límites, viendo hasta dónde puede llegar. Y lo más preocupante es que parte de la derecha colombiana ya le está dando permiso.


