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domingo, enero 11, 2026

Chile se parte en dos: Boric vs Kast por el ataque de Trump a Venezuela

Mientras el presidente saliente condena la intervención, el electo celebra la caída de Maduro

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TL;DR

  • Boric condena enérgicamente la intervención militar de EE.UU. en Venezuela como riesgo para la región
  • Kast celebra la detención de Maduro pero evita apoyo explícito a Washington
  • El equipo de gobierno saliente y entrante no han discutido el tema pese a coordinación constante
  • La división anticipa la polarización que marcará la política exterior chilena en 2026

La división que nadie esperaba (pero todos vieron venir)

Justo cuando Chile debería estar concentrado en el traspaso de mando más ordenado de su historia, la intervención militar de Donald Trump en Venezuela le puso un espejo a la fractura política que viene. Elpais documenta el primer choque público entre Gabriel Boric y José Antonio Kast desde las elecciones, y no es sobre economía ni seguridad interna: es sobre qué hacer cuando el vecino del norte decide jugar a los soldaditos en el patio trasero.

Boric: el multilateralista en despedida

El presidente saliente no se anda con medias tintas: condena «enérgicamente» la intervención porque «pone en riesgo la seguridad, la soberanía, la estabilidad de todos los Estados de la región». Lo interesante aquí es que Boric, quien ha llamado dictador a Maduro en múltiples ocasiones, separa claramente su rechazo al chavismo de su rechazo a la intervención extranjera. No es una postura cómoda para la izquierda latinoamericana, que suele cerrar filas ante cualquier cosa que huela a imperialismo yanqui, pero Boric parece decidido a marcar su propia línea hasta el último día.

Kast: el apoyo que no se atreve a decir su nombre

Aquí está el baile de los matices que da risa si no fuera tan grave. En noviembre, cuando Kast visitó a su compadre ideológico Javier Milei en Argentina, dijo sobre una eventual intervención en Venezuela: «El que lo haga va a contar con nuestro apoyo». Ahora que Trump efectivamente lo hizo, el apoyo no es tan explícito. Kast celebra «una gran noticia para la región» la detención de Maduro, pero se cuida de no mencionar a Washington. Es como decir «qué bueno que se cayó el árbol» sin mencionar quién trajo la motosierra.

La coordinación que no coordina nada

Lo más revelador del reporte de Elpais es esto: pese a que los equipos de Boric y Kast están en «constante coordinación» para el traspaso de poder, no han abordado el tema venezolano. Nada. Cero. Cuando le preguntan al ministro del Interior Álvaro Elizalde si han discutido el asunto, responde con la elegancia burocrática de quien quiere evitar un incendio: «Chile tiene una larga trayectoria…» y luego, ante la insistencia, zanja con un «Nada. No». O sea, están coordinando hasta el color de las cortinas de La Moneda, pero sobre si apoyamos o no una invasión militar en un país vecino, mejor no hablemos.

El timing perfecto para el desastre

Mientras Delcy Rodríguez juraba como presidenta de Venezuela en sustitución de Maduro, el Tribunal Calificador de Elecciones chileno proclamaba oficialmente a Kast como presidente electo. No podrían haber elegido un momento más simbólico para marcar el cambio de era. Kast aprovechó para soltar su teoría sobre dictadores: «Cuando se hace una elección democrática en un país y no se reconoce, esa persona pasa a ser un dictador». Y luego, el remate: «Quizá los organismos internacionales deberían haber señalado con más firmeza…» Es decir, la culpa no es de quien invade, sino de quienes no previeron que alguien iba a invadir.

Lo que realmente está en juego

Boric insiste en que Chile es «fundador del sistema de Naciones Unidas» y «promotor del multilateralismo». Kast habla de «combate regional efectivo contra el narcotráfico y el crimen organizado». Son dos visiones de política exterior que chocan de frente: una basada en el derecho internacional y otra en la seguridad regional como prioridad absoluta. El problema es que en América Latina, cuando alguien dice «seguridad regional» con cierto tono, suele ser el preámbulo para justificar cualquier cosa.

La pregunta incómoda que nadie hace

Si Kast realmente cree que la intervención de Trump es «una gran noticia», ¿por qué no lo dice claramente? ¿Teme el costo político de alinearse tan abiertamente con Washington? ¿O está midiendo las aguas para ver cómo reacciona la región? Y Boric, por su parte, ¿está tomando esta postura firme precisamente porque ya se va y puede permitirse el lujo de la coherencia? Lo cierto es que esta división no es solo sobre Venezuela: es el primer round de lo que será la política exterior chilena en los próximos años, donde cada decisión vendrá con un asterisco que diga «depende de quién esté en La Moneda».

El futuro que ya llegó

Lo más preocupante de todo esto no es la diferencia de opiniones -en democracia eso es normal-, sino la incapacidad de los dos equipos para siquiera discutir el tema. Si ni siquiera pueden sentarse a hablar sobre una crisis regional de esta magnitud durante un traspaso de mando que se supone ejemplar, ¿qué esperar cuando Kast ya esté instalado y Trump siga haciendo de las suyas? Chile se prepara para tener dos políticas exteriores paralelas: la del gobierno saliente que condena y la del entrante que celebra, con ocho millones de venezolanos atrapados en el medio como testigos incómodos de un experimento político que nadie pidió.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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