TL;DR
- La rave duró 5 días con mil personas, muchas de Francia e Italia
- Autoridades dicen ‘sin incidentes graves’, pero agricultores perdieron cosechas
- Mossos identificaban a salientes para evitar conductores bajo influencias
- La fiesta ocurrió en naves industriales de un pueblo afectado por crisis del 2008
- Primera vez que se documenta una rave en esta localidad catalana
El cuento de los ‘sin incidentes’ que sí dejaron víctimas
Cuando El País reporta que una rave ilegal terminó «sin incidentes graves» después de cinco días de fiesta ininterrumpida, uno se pregunta: ¿qué diablos cuenta como incidente grave? Porque según el mismo medio, agricultores de fincas de olivos circundantes denunciaron que participantes acamparon y aparcaron en sus terrenos, dañando la cosecha de aceitunas del suelo que iban a recoger. Ahí está el primer choque de realidades: para las autoridades, incidente grave parece ser violencia, sobredosis o disturbios. Para los dueños de los olivos, que te destrocen el fruto de meses de trabajo sí califica como grave. Pero claro, eso no aparece en las estadísticas policiales.
Mil personas, dos naves y un polígono fantasma
La fiesta se montó en el polígono Mataltes de La Sénia, Tarragona, un lugar que resume medio siglo de historia industrial española. El País documenta que este pueblo se llenó de fábricas de muebles a finales del siglo XX, muchas de las cuales se fueron a pique con la crisis de 2008. Ahora, esas naves vacías sirven de escenario para raves que atraen a mil personas, muchas procedentes de Francia e Italia. La ironía es palpable: espacios que antes generaban empleo ahora albergan fiestas clandestinas. El capitalismo en su versión más surrealista.
Los Mossos: identificando a la salida, no a la entrada
Aquí hay un detalle que pide análisis: los Mossos d’Esquadra mantuvieron control para identificar a las personas que salían y realizar controles de alcohol y drogas. Según la alcaldesa Victòria Almuni, citada por El País, el objetivo era «que no acceda a la carretera ningún positivo en alcohol y drogas, por seguridad viaria, y obtener información sobre los organizadores». O sea, la estrategia fue: dejen que entre quien quiera, pero que no salga borracho o drogado. Es como poner la cerca después de que se escapó el ganado, pero solo para que no atropelle a nadie al huir. La lógica es comprensible desde la seguridad vial, pero cuestionable desde la prevención.
La primera vez no es casualidad
El medio español señala que esta es la primera vez que se tiene constancia de una rave en La Sénia. Cuando algo ocurre por primera vez en un lugar con naves industriales abandonadas, uno no puede evitar preguntarse: ¿y cuántas más vendrán? Los organizadores encontraron la fórmula: pueblo pequeño, polígono semiabandonado, poca vigilancia preventiva. Es el manual básico de las raves ilegales. Lo preocupante es que ahora que el mapa se ha marcado, otros podrían seguir la ruta.
Agricultores vs. fiesta: la batalla invisible
Mientras las autoridades celebraban que no hubo «incidentes graves», los agricultores contaban sus pérdidas. El daño a cosechas de aceitunas no es poca cosa en una región donde el olivo es parte de la identidad y economía. Pero aquí aparece otra contradicción del lenguaje oficial: ¿daños a propiedad privada y medios de subsistencia no califican como incidente grave? Parece que solo lo que ocurre dentro del recinto de la fiesta cuenta para las estadísticas. Lo que pasa afuera, en los campos vecinos, queda en la categoría de «daños colaterales».
El dispositivo que llegó tarde
Los Mossos mantuvieron el dispositivo activo hasta que salieron todos los vehículos. A las 18:00 del domingo la música paró, pero dentro quedaban unos 70 coches y fuera había más aparcados de quienes llegaron a pie. Cinco días de fiesta requieren logística: comida, bebida, drogas, generadores. Todo eso entró sin mayor problema. La intervención llegó al final, cuando el desgaste físico y las sustancias hacían su trabajo. Es la paradoja de la seguridad reactiva: actúas cuando el problema ya está hecho, no cuando se está gestando.
¿Sin incidentes o sin registro?
Finalmente, la pregunta incómoda: ¿realmente no hubo incidentes graves o simplemente no se registraron? Mil personas, cinco días, sustancias varias, espacios cerrados… la estadística dice que algo debió pasar. Pero si no hay denuncias, no hay registro. Si los afectados son agricultores que no saben a quién reclamar, el incidente se diluye. Si los participantes son de otros países y se van a sus casas, la queja se pierde en la distancia. «Sin incidentes graves» puede ser un hecho o puede ser la ausencia de papel oficial que documente lo contrario. En este tipo de eventos, la diferencia entre ambas cosas es más filosófica que práctica.
La próxima vez será diferente… o no
La Sénia aprendió que tiene un nuevo atractivo turístico no deseado. Los organizadores aprendieron que el lugar funciona. Los Mossos aprendieron que pueden controlar la salida. Los agricultores aprendieron que sus olivos son vulnerables. Y todos nosotros aprendimos que «sin incidentes graves» es una categoría elástica que no incluye cosechas destrozadas. La próxima rave en algún polígono industrial abandonado probablemente seguirá el mismo guión: entrada libre, salida controlada, daños externos invisibles para las estadísticas. Porque al final, lo que no se mide, no existe. Y lo que existe pero no se mide, no es incidente grave.


