TL;DR
- Trump reformuló la Doctrina Monroe para intervenir militarmente sin permiso del Congreso ni la ONU
- La operación en Venezuela fue un ensayo para posibles intervenciones en Cuba y Nicaragua
- Rusia y China ven en esta acción un modelo para sus propias ambiciones regionales
- La división del mundo en áreas de influencia pone en riesgo a Taiwán y Ucrania
El nuevo sheriff llegó y no trae papeles
Imagina que tu vecino decide que tu casa está mal administrada, entra por la fuerza a medianoche, arresta a quien vive ahí y se declara el nuevo administrador. Ahora imagina que ese vecino es el más fuerte del barrio y nadie puede decirle nada. Eso es exactamente lo que acaba de pasar en Venezuela según El País, solo que en escala continental y con aviones de combate en lugar de llaves inglesas.
La Doctrina Monroe con esteroides trumpistas
La operación militar estadounidense en Venezuela no fue cualquier cosa. Según el análisis de El País, estamos ante un «salto cualitativo» en el intervencionismo que viene desde 1823. La Doctrina Monroe original pretendía mantener a raya a los imperios europeos del continente americano. La versión 1904 de Theodore Roosevelt ya legitimaba el imperialismo yankee. Pero la Doctrina Trump es otra cosa: autoriza al presidente a actuar «en el entero continente americano como si fuera un territorio bajo su soberanía».
Lo más preocupante no es solo la acción, sino cómo se hizo: sin cobertura legal internacional, sin Naciones Unidas, sin permiso del Congreso estadounidense. Es decir, Trump se otorgó a sí mismo el derecho de ser juez, jurado y verdugo en 35 países. Y lo peor es que funcionó: neutralizó a las fuerzas armadas venezolanas «en pocas horas», demostrando que cuando hay superioridad militar abrumadora, las reglas son decorativas.
El manual que Putin y Xi estaban esperando
Aquí viene lo realmente peligroso. Según El País, esta operación es «una seria advertencia de valor universal». Traducción: Putin en Rusia y Xi Jinping en China están tomando notas. Si Estados Unidos puede declarar su «ámbito regional de hegemonía» en América Latina, ¿por qué Rusia no podría hacer lo mismo en Ucrania o Georgia? ¿O China en Taiwán?
La Casa Blanca trumpista, según el análisis, «reconoce sus respectivos ámbitos regionales de hegemonía» a Rusia y China. Es como decir: «Tú te quedas con tu patio, yo con el mío, y no nos metemos». El problema es que esta división del mundo en áreas de influencia deja a países como Taiwán y Ucrania en la cuerda floja, condenados a «contener en solitario las ambiciones de unos vecinos expansionistas».
La lista de la compra: Cuba y Nicaragua siguen
La operación venezolana no fue un caso aislado. Según El País, «hay pocas dudas que el derrocamiento del régimen comunista de La Habana y quizás a continuación la dictadura de Ortega en Nicaragua, estarán en el orden del día de la Casa Blanca».
Lo interesante es el patrón: países con «inferioridad militar, debilidad económica y deterioro o inexistencia de la base social». Es decir, blancos fáciles donde la victoria está casi garantizada. Irán, en cambio, queda fuera del menú porque ahí «no sería posible la repetición de una operación del mismo tenor sin caer en los desastres de Irak o en Afganistán». Trump, al parecer, aprendió que solo ataca donde sabe que ganará.
La paradoja del dictador que derroca dictadores
Aquí está la contradicción más absurda: Trump, «el presidente que concentra todos los poderes en sus manos, está deteriorando la democracia en su país», se erige en juez de quién es dictador y quién no. Según El País, «la indudable alegría que pueda proporcionar la caída en serie de varios dictadores llega empañada por la fuerza autocrática que la impulsa».
Es como si un narcotraficante organizara una campaña antidrogas: el fin puede parecer loable, pero los medios y quien lo ejecuta huelen a podrido. Y mientras tanto, en Europa, Trump promueve «una internacional iliberal para llevar a la extrema derecha al gobierno de los principales países europeos». O sea, derroca dictadores en América Latina mientras siembra las semillas del autoritarismo en Europa.
América Latina vuelve al patio trasero
Lo más indignante para nuestra región es el mensaje implícito: «No se inmiscuyan en los asuntos latinoamericanos, ya no en la política, sino en las inversiones o los intercambios comerciales». China, que había aumentado su presencia económica en la región, recibe la advertencia: este es nuestro patio, aquí mandamos nosotros.
Volvemos a ser el «patio trasero» de Estados Unidos, pero ahora con un sheriff que no necesita disimular. La pregunta incómoda que queda flotando: si mañana un gobierno latinoamericano no le cae bien a Trump, ¿tendrá el mismo destino que Venezuela? Y más importante: ¿quién detiene al sheriff cuando el sheriff decide que la ley es lo que él dice?


