TL;DR
- La fase 1 de contingencia duró menos de un día mientras Iztapalapa registró 107.3 µg/m³ de PM2.5
- La OMS recomienda máximo 10 µg/m³, pero aquí celebramos cuando bajamos a ‘aceptable’
- Mismo guión cada año: pirotecnia + frío = emergencia, luego ‘se dispersó’ y a esperar la próxima
- 17 municipios y alcaldías afectados, pero el llamado es a ‘evitar fuegos artificiales’ como si fuera opcional
El teatro de la contingencia: activar para apagar
La Comisión Ambiental de la Megalópolis anunció la suspensión de la fase 1 de contingencia ambiental al sureste del Valle de México este jueves, apenas horas después de haberla activado. Según El País, la dependencia argumentó que «la calidad del aire ha mejorado paulatinamente» y que sus estaciones registran niveles «aceptables y buenos». Suena reconfortante, hasta que ves los números reales: a las 8 de la mañana, la estación de Santiago Acahualtepec en Iztapalapa marcaba 107.3 microgramos por metro cúbico de PM2.5. La Organización Mundial de la Salud recomienda máximo 10. ¿De qué «aceptable» estamos hablando?
107.3 vs 10: la matemática tóxica que normalizamos
Aquí está el detalle que duele: cuando celebramos que bajamos de «extremadamente mala» a «muy mala» o «aceptable», estamos jugando con escalas que la OMS ya calificó como peligrosas hace años. Es como festejar que tu fiebre bajó de 40 a 39 grados – sigues enfermo, pero ahora «aceptablemente» enfermo. La OMS no se anda con rodeos: exposición a PM2.5 genera enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer pulmonar. Y advierte que esta contaminación impacta desproporcionadamente a países de ingresos bajos y medianos. O sea, nosotros.
El culpable de siempre: pirotecnia y la quema que no aprendemos
La CAMegalópolis fue clara en el origen: «El uso de fuegos artificiales y la quema de materiales y combustibles durante las celebraciones de fin de año dispararon la dispersión de estas partículas». El reporte de El País documenta que el fenómeno se vio avivado por las bajas temperaturas de la madrugada. Aquí la ecuación es predecible: diciembre + pirotecnia + inversión térmica = contingencia. Lo hemos visto antes, lo veremos después. Y cada año el llamado es el mismo: «evitar utilizar fuegos artificiales y hacer fogatas». Como si fuera una sugerencia de etiqueta y no una emergencia de salud pública.
Iztapalapa: el epicentro de lo «extremadamente malo»
Mientras la contingencia se centraba en el sureste, el Sistema de Monitoreo Atmosférico ya había sonado la alarma más fuerte: Iztapalapa con aire «extremadamente malo», y otras 7 alcaldías y municipios con índices «muy malos». La lista incluye Benito Juárez, Gustavo A. Madero, Coyoacán, Venustiano Carranza, Nezahualcóyotl, Coacalco y Tultitlán. Pero la contingencia oficial solo cubrió Iztapalapa, Milpa Alta, Tláhuac, Xochimilco y 13 municipios del Estado de México. ¿Por qué la diferencia? ¿Acaso el aire tóxico respeta límites geopolíticos?
La suspensión: ¿mejoría real o solo viento favorable?
La justificación de suspender la contingencia es reveladora: «dada la ventilación que se ha presentado en las últimas horas y de las condiciones meteorológicas que ha permitido la dispersión de los contaminantes». Traducción: no resolvimos el problema, el viento se lo llevó a otra parte. Es la solución mágica de cada año – esperar a que la naturaleza limpie lo que nosotros ensuciamos. Mientras, 17 municipios y alcaldías respiraron durante horas partículas que la ciencia vincula directamente con cáncer. Pero hey, ya «se dispersaron».
El verdadero costo: pulmones vs tradición
Lo más absurdo de este guión anual es que conocemos la causa, conocemos las consecuencias, pero seguimos actuando como si fuera un fenómeno meteorológico impredecible. No lo es. Es predecible como el calendario: fin de año = pirotecnia = contaminación = contingencia = viento = suspensión. Y mientras, la OMS sigue ahí con su recomendación de 10 µg/m³ que nosotros superamos por diez. ¿Cuántos casos de asma, cuántas crisis respiratorias, cuántos ingresos hospitalarios vale mantener la «tradición» de los cohetes?
La pregunta incómoda que nadie hace
Si sabemos que cada año pasa lo mismo, si sabemos que la pirotecnia es el detonante, si sabemos que afecta principalmente a las zonas más pobres (Iztapalapa, Valle de Chalco), ¿por qué seguimos tratando esto como una emergencia sorpresa y no como un problema estructural? ¿Cuántas contingencias más necesitamos para dejar de pedir por favor que no usen fuegos artificiales y empezar a regularlos de verdad? La suspensión de hoy no es una victoria – es solo el intermedio hasta la próxima función de este teatro tóxico que ya conocemos de memoria.


