TL;DR
- Maresca ganó el Mundial de Clubes en julio y fue despedido en enero
- Solo 1 triunfo en últimos 7 partidos de Premier, pero vivo en Champions
- Tensiones con directiva por interés del Manchester City en el técnico
- Chelsea busca a Rosenior del Estrasburgo, ambos del Grupo Clearlake
Del cielo al desempleo en seis meses
El 13 de julio de 2025, Enzo Maresca levantaba el trofeo del Mundial de Clubes tras aplastar 3-0 al PSG. El Chelsea era campeón del mundo, el técnico italiano era la sensación del fútbol europeo y todo parecía perfecto. Seis meses después, el primer día de 2026, el mismo club que lo coronó lo despide. Elpais documenta esta caída libre que parece sacada de un mal guión de Netflix: de héroe a desechable en menos de 200 días.
Los números que no cuadran (o sí)
La directiva del Chelsea justifica el despido con «solo un triunfo en los últimos siete partidos de Premier». Suena grave, hasta que miras el resto del panorama: el equipo está vivo en la Champions League (a dos puntos de los octavos), es semifinalista de la Copa de la Liga y sigue en la Copa de Inglaterra. Elpais señala que el Chelsea es quinto en la Premier, sí, pero con 15 puntos menos que el líder Arsenal. La pregunta incómoda: ¿esperaban realmente ganar la liga con este equipo o solo buscaban excusas para cambiar al técnico?
El verdadero problema: el Manchester City en la cabeza
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Elpais revela que las tensiones se dispararon cuando se supo que el Manchester City tenía a Maresca en la mira como posible reemplazo de Pep Guardiola. La directiva del Chelsea, liderada por Todd Boehly, no podía tolerar que su entrenador estuviera en la lista de deseos del rival. El miedo a perderlo gratis en el futuro pesó más que los títulos ganados en el presente. Un clásico: mejor despedirlo nosotros antes de que se vaya con el enemigo.
La ironía de las compras compulsivas
Maresca había logrado lo imposible: dar sentido a la política de compras compulsivas de Boehly. Desde que el estadounidense compró el club en 2022, el Chelsea gastó como borracho en noche de pago. El italiano logró armar un equipo funcional con jugadores como Cucurella, James, Caicedo, Enzo Fernández y Palmer. Pero ahí está el detalle: la directiva «no entendía» que con ese plantel solo tuvieran 8 victorias en 19 partidos de Premier. ¿En serio? ¿Nadie les explicó que fichar 15 jugadores cada verano no garantiza la química instantánea?
El adiós que habla más del club que del técnico
El comunicado del Chelsea fue tan frío como el invierno londinense: «El Chelsea Football Club y el entrenador Enzo Maresca se han separado». Nada de agradecimientos por el Mundial de Clubes, nada por la Conference League, nada por clasificar a la Champions. En cambio, Elpais rescata el mensaje de Cucurella: «Gracias por todo míster, y a tu staff. Por el trabajo y la confianza desde el primer día, ¡Y por los recuerdos!». El jugador español acompañó su despedida con fotos de los dos trofeos ganados. Alguien en el vestuario sí valoraba lo logrado.
El reemplazo que huele a nepotismo corporativo
Mientras Maresca empaca sus cosas, el Chelsea ya tiene candidato: Liam Rosenior, técnico del Estrasburgo. La coincidencia «casual»: ambos clubes son propiedad del Grupo Clearlake. Elpais apunta esta circunstancia que huele a movimiento interno corporativo más que a decisión deportiva. Rosenior tiene al Estrasburgo séptimo en la Ligue 1, nada espectacular, pero parece que lo que importa es la lealtad al holding, no los resultados.
La lección que nadie aprende
El Chelsea repite el mismo error de siempre: impaciencia crónica. Despiden a un técnico que ganó dos títulos internacionales porque no ganaba suficiente en la liga doméstica. Olvidan que el fútbol tiene ciclos, que después de ganar el Mundial de Clubes viene el bajón natural, que construir algo duradero requiere tiempo. Maresca tenía contrato hasta 2029, pero en el Chelsea de Boehly los contratos valen menos que el papel en el que están impresos. El próximo técnico llegará con la misma presión absurda: gana todo inmediatamente o estás fuera. Y así seguirán, cambiando entrenadores como calcetines, preguntándose por qué nunca encuentran estabilidad.


