5.3 C
San Luis Potosí
domingo, enero 11, 2026

Guayaquil: donde el arte gigante convive con la violencia cotidiana

Los monigotes de diciembre muestran la contradicción de una ciudad que celebra entre balaceras

Destacadas

Entre Líneas
Entre Líneashttps://entrelineas.news
Noticias claras, análisis profundo. La verdad se lee Entre Líneas. #EntreLineas

TL;DR

  • Los monigotes gigantes del Suburbio superan los 6 metros y usan quintales de papel, pero nacen en un barrio dominado por bandas criminales
  • José Salas crea ‘Las Dos Fridas’ mientras Carlos Zavala recrea al Chavo del 8 con motor de microondas robótico
  • Diciembre marca una ‘tregua implícita’ donde la violencia cede ante el turismo que genera esta tradición
  • El arte popular se convierte en mecanismo de resistencia social en una ciudad con extorsiones y balaceras constantes

El surrealismo de sobrevivir entre gigantes y balas

Imagina esto: estás en una calle del Suburbio de Guayaquil, mirando hacia arriba para ver a Frida Kahlo de cinco metros de altura con el corazón expuesto, mientras en la esquina de enfrente, el Chavo del 8 te saluda desde su barril con un dedo robótico que sube y baja. Suena a escena de película, pero es la realidad que Elpais documenta cada diciembre. Lo que no te dicen las fotos es que este barrio «se levanta a diario del comercio informal e intenta hacer frente a la inseguridad», con extorsiones de bandas criminales, robos constantes y balaceras como pan de cada día. La pregunta incómoda: ¿estamos ante un acto de resistencia cultural o simplemente un escapismo temporal?

La matemática absurda de la ‘tregua’ criminal

Aquí está el dato que duele: diciembre «marca una tregua implícita que permite a miles de personas visitar el sector». Piénsalo bien. Las bandas criminales, que durante once meses extorsionan, roban y disparan, deciden dar permiso para que el turismo fluya. No es que la violencia desaparezca – se suspende temporalmente, como si fuera un acuerdo tácito entre mafias y comunidad. José Salas, el artesano que crea ‘Las Dos Fridas’, lo dice sin rodeos: «El arte puede unir estos tejidos sociales, reunir a la gente, por lo menos para conversar, eso hace falta, que volvamos a hablarnos». La frase suena bonita hasta que te das cuenta de que habla de una comunidad tan fracturada por la violencia que necesita gigantes de papel para reconectarse.

Los materiales de la resistencia: papel, cartón y microondas

La receta de estos monigotes es tan específica como reveladora: «un quintal de papel, 60 planchas de cartón, medio quintal de almidón, unas 40 tiras de madera y varios litros de pintura». Pero el verdadero ingenio está en los detalles. Carlos Zavala, el creador del Chavo del 8, confiesa: «Es un motor de microondas, el que hace que el plato gire, lo adapté para que el dedo suba y baje». Mientras las bandas usan tecnología para extorsionar por teléfono, estos artesanos reciclan electrodomésticos para hacer arte. La contradicción es brutal: en el mismo barrio donde probablemente robaron ese microondas, ahora sirve para hacer reír a niños y adultos.

De Frida Kahlo al Chapulín Colorado: ¿qué dice de nosotros?

El espectáculo es una mezcla extrañísima: junto a las ‘Dos Fridas’ de José Salas (que también ha recreado ‘El Grito’ y ‘La Noche Estrellada’) conviven Naruto, Doraemon, Lilo & Stitch, y hasta una réplica de la Torre Eiffel. Zavala dedica «tres meses trabajando en ellos, dedicando un par de horas cada noche después de su jornada laboral». Estos no son artistas de tiempo completo – son trabajadores que encuentran en el arte una válvula de escape. Pero aquí está lo interesante: mientras Salas busca «acercar el arte a la gente» con referencias universales, Zavala apuesta por «los niños de hoy y los de ayer» con personajes de la cultura popular. Dos estrategias diferentes para el mismo objetivo: hacer que la gente se olvide, aunque sea por unas horas, de que vive en uno de los barrios más peligrosos de Guayaquil.

La tradición que nadie quiere en las guías turísticas

Elpais señala que este espectáculo «aunque no aparece en las guías turísticas, tiene un profundo arraigo en el alma de la ciudad». Claro que no aparece – qué agencia de viajes va a promocionar un tour por un barrio con «extorsiones de bandas criminales»? Pero aquí está la ironía: se ha convertido en «el principal atractivo turístico de la ciudad y del país». La gente arriesga visitar el Suburbio en diciembre porque sabe que hay una tregua no escrita. Es como esos acuerdos de no agresión entre pandillas durante Navidad, pero a escala barrial y con arte gigante de por medio.

¿Y después de diciembre qué?

La pregunta que nadie quiere hacer: ¿qué pasa el 2 de enero cuando desmonten los monigotes? Las ‘Dos Fridas’ de cinco metros se convertirán en montones de papel mojado, el Chavo del 8 perderá su dedo robótico, y la tregua implícita se terminará. Los artesanos volverán a sus trabajos diarios, los vecinos dejarán de «volver a hablarse», y las bandas retomarán su negocio de extorsiones. José Salas tiene razón cuando dice que el arte une tejidos sociales, pero la triste realidad es que en el Suburbio esos tejidos se deshacen cada enero. Los monigotes gigantes no son la solución – son el síntoma de una comunidad que necesita algo más permanente que una tregua anual y figuras de cartón. La verdadera obra de arte sería que estas calles fueran seguras los doce meses del año, no solo cuando hay turistas con cámaras.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

    Noticias claras, análisis profundo. La verdad se lee Entre Líneas. #EntreLineas

- Publicidad -spot_img

Más noticias

- Publicidad -spot_img

Últimas Noticias