TL;DR
- EE.UU. sanciona a 10 personas y empresas por comercio de drones militares entre Irán y Venezuela
- Venezuela ya fabrica drones iraníes Mohajer bajo licencia y los llama Arpía o ANSU 100
- La relación comercial de drones lleva al menos una década, desde la era de Hugo Chávez
- Las sanciones llegan en medio de ataques encubiertos de EE.UU. en territorio venezolano
Cuando el vecino del norte dice «basta»
El Departamento del Tesoro estadounidense acaba de meter a 10 personas y empresas venezolanas e iraníes en su lista negra, y la razón es tan clara como preocupante: el comercio de drones militares que convierte a Venezuela en el primer país de la región, después de Estados Unidos, en tener estos sistemas. Según El País, el subsecretario del Tesoro John K. Hurley declaró que «exigen responsabilidades a Irán y Venezuela por su agresiva e imprudente proliferación de armas letales en todo el mundo». Lo curioso es que esto no es nuevo: la relación comercial para el suministro de drones lleva al menos una década, desde los tiempos de Hugo Chávez, y siempre ha estado envuelta en secretismo.
Los drones que ya son venezolanos (pero nacieron en Irán)
Aquí está el detalle que poca gente nota: Venezuela no solo compra drones iraníes, sino que ya los fabrica. La empresa estatal aeronáutica venezolana EANSA, ahora sancionada, adquirió vehículos aéreos no tripulados de la serie Mohajer de Qods Aviation Industries, empresa del Ministerio de Defensa iraní que ya estaba sancionada desde 2023. Pero el verdadero salto cualitativo es que, según analistas de defensa, Venezuela ya produce estos sistemas localmente. Los exhiben como prototipos fabricados en el país y les ponen nombres locales: Arpía o ANSU 100. Estos equipos no son juguetes: tienen capacidad de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, y pueden lanzar bombas guiadas iraníes antitanque y antipersona.
La lista negra que no para de crecer
El Tesoro estadounidense no se anda con medias tintas. Además de EANSA, sancionó a su presidente, el general de división José de Jesús Urdaneta González. Pero la red es más amplia: también incluye a personas radicadas en Irán vinculadas con la adquisición de sustancias químicas controladas como perclorato de sodio, ácido sebácico y nitrocelulosa, utilizadas para misiles balísticos. Las empresas Rayan Fan Group y Rayan Roshd Afzar Company también entraron en la lista por su relación con sistemas de alta tecnología y software aeroespacial. Y como si fuera poco, en las últimas semanas el Tesoro también sancionó nueve buques petroleros de la «flota fantasma» que sirve al comercio de crudo de países vetados como Venezuela, Rusia e Irán, un golpe directo a los ingresos petroleros del régimen de Maduro.
El contexto que nadie menciona: los ataques encubiertos
Lo que hace más picante esta historia es el momento en que ocurre. El País reporta que estas nuevas designaciones llegan en un momento de «alta hostilidad» entre Venezuela y Estados Unidos, que asegura haber comenzado ataques encubiertos en territorio venezolano, supuestamente contra objetivos vinculados al narcotráfico. Esto viene después de cuatro meses de presión militar en el Caribe. Es decir: mientras Washington sanciona, también ejecuta operaciones encubiertas. La escalada es real y va más allá del papel.
La alianza incómoda: Rusia e Irán como proveedores
Venezuela retiene como aliados leales a Rusia e Irán, sus principales proveedores de armamento. Con ellos -y con grandes atrasos e interrupciones, hay que decirlo- ha desarrollado programas para fabricar drones y fusiles Kalashnikov. Esta triangulación geopolítica no es casual: mientras Estados Unidos reimpone restricciones a Irán para detener su programa de misiles balísticos y contrarrestar su programa nuclear (justificando incluso el ataque a tres instalaciones nucleares en Fordow el 22 de junio pasado), Venezuela se convierte en un socio estratégico para Teherán en la región. El problema es que este juego de alianzas tiene consecuencias muy concretas: más sanciones, más aislamiento y menos petrodólares para un país que vive principalmente de la exportación de crudo.
¿Y ahora qué sigue en este tablero geopolítico?
La pregunta incómoda que nadie quiere hacer es: ¿hasta dónde puede llegar esta escalada? Venezuela fabrica drones de combate con tecnología iraní, Estados Unidos responde con sanciones y operaciones encubiertas, y el círculo se cierra con más dependencia de Caracas hacia Moscú y Teherán. Lo que comenzó como una relación comercial secreta hace una década hoy tiene a Venezuela en el centro de un conflicto global por la proliferación de armas. Y lo peor es que, como bien documenta El País, esto ocurre cuando el régimen de Maduro ya no puede darse el lujo de perder más ingresos petroleros. Las sanciones a los buques fantasma duelen donde más duele: en la billetera. El juego de drones se volvió demasiado caro, y alguien tendrá que pagar la cuenta.


