TL;DR
- Las emisiones de bonos verdes cayeron 25% en 2025 según datos del Observatorio Español
- Los ‘nuevos mandarines’ usan democracias iliberales para concentrar poder económico
- Se necesitan 1.3 billones anuales para la transición climática pero el mercado se enfría
- La geopolítica se convierte en el riesgo central para las finanzas sostenibles
- Empresarios prefieren dictadores ‘eficientes’ que democracias lentas según análisis
El dinero verde se enfría mientras los autoritarios calientan motores
No mames, la cosa está rara. Por un lado, Elpais reporta que las finanzas sostenibles necesitan un nuevo impulso porque las emisiones globales de bonos verdes cayeron casi 25% en el primer semestre de 2025. Por el otro, los mismos que deberían estar preocupados por el cambio climático están enamorándose de los dictadores modernos que llegan en traje y corbata. La contradicción es tan evidente que duele: mientras necesitamos 1.3 billones de dólares anuales para financiar la transición climática, el mercado se está enfriando más rápido que un helado en diciembre.
Los números que no cuadran (y nadie quiere ver)
Según datos del Observatorio Español de la Financiación Sostenible, las emisiones globales de bonos sostenibles alcanzaron 408,500 millones de euros en el primer semestre de 2025. Suena a mucho dinero hasta que ves que es 25% menos que el mismo periodo de 2024. Los bonos verdes cayeron casi 25% y los sociales un 33%. Soledad Núñez, subgobernadora del Banco de España, lo dice claro: «la emisión de instrumentos financieros ligados a criterios ASG no pasa por su mejor momento». Pero aquí está el detalle: la misma funcionaria advierte que el costo de actuar tarde ante el cambio climático será mucho mayor que poner en marcha políticas para llegar a cero emisiones en 2050. ¿Entonces por qué el frenazo?
Los nuevos mandarines y su lema: dinero, patria, dios
Mientras las finanzas sostenibles patinan, Elpais documenta cómo los «nuevos mandarines» están cambiando las reglas del juego. Ya no son los dictadores clásicos tipo Hitler o Stalin – ahora llegan en traje formal, vuelan a Davos y contratan encuestadores en lugar de sicarios. Pero el resultado es el mismo: concentración de poder. Joaquín Estefanía describe cómo estos líderes utilizan el lenguaje de la democracia para imponer políticas autoritarias, capturan instituciones clave y, lo más revelador, «acusan de ello mismo a sus oponentes».
El romance tóxico entre empresarios y dictadores
Aquí está lo que realmente debería indignarnos: según el análisis, este modo de practicar la política «suele entusiasmar a muchos empresarios, acostumbrados en Occidente a tener que negociar y a que las decisiones se retrasen en el tiempo por la intervención del poder legislativo». Traducción: a los dueños del dinero les gustan los dictadores porque son «eficientes». No hay que perder tiempo con congresos, debates o controles. Bukele, Erdogan, Orbán, Xi Jinping, Putin – todos ofrecen la misma promesa: estabilidad para los negocios, aunque sea a costa de derechos humanos y libertades.
Geopolítica: el riesgo que nadie quiere nombrar
Soledad Núñez lo dijo sin tapujos en la II Jornada de Finanzas Sostenibles: «La geopolítica se ha posicionado como el riesgo central en todos los niveles, incluido el sector financiero». El cambio climático está redefiniendo las relaciones internacionales – el deshielo del Ártico abre nuevas rutas comerciales y acceso a recursos antes inalcanzables. Mientras tanto, la Unión Europea necesita mejorar su competitividad y garantizar soberanía económica. Pero aquí está el problema: ¿cómo promueves finanzas sostenibles en un mundo donde los inversores prefieren la «eficiencia» autoritaria?
La moda que pasó y los que se quedaron
Pilar Sánchez de Ibargüen, directora de Financiación de Acciona, lo dijo claro: «En los últimos años, hemos asistido a una especie de moda en torno a todo lo que sonaba a finanzas sostenibles, un crecimiento que ahora ha sufrido un parón importante». Jaime Ramos, gestor del fondo Bestinver Megatendencias, añade: «Las compañías que creían de verdad en la sostenibilidad han seguido adelante. Las que se subieron al carro por moda han dejado de hacerlo porque exige recursos y compromiso». O sea, se acabó la fiesta de los oportunistas. Lo que queda es el hueso duro de la verdadera transformación.
La pregunta incómoda que nadie hace
¿Qué pasa si los «nuevos mandarines» ofrecen exactamente lo que piden los mercados? Estabilidad, decisiones rápidas, menos regulaciones «molestas» como derechos laborales o protecciones ambientales. Anne Applebaum, la historiadora que estudia las «democracias iliberales», muestra cómo estos sistemas vacían a las sociedades de principios como Estado de derecho y separación de poderes, pero mantienen las apariencias democráticas. Los tecnolibertarios que rodean a figuras como Trump tienen un lema: «Dinero, patria, dios». Entienden que EE.UU. necesita «una forma de poder parecida a una dictadura» para vencer a China. ¿Y las finanzas sostenibles? En ese escenario, son el último de los problemas.
El futuro que nos espera (si no despertamos)
Carla Díaz, directora general del Tesoro y Política Financiera, dice que necesitamos «marcos claros, procesos simples y un enfoque que combine ambición y realismo». Pero la realidad es más cruda: estamos en una carrera entre dos visiones del mundo. Una que intenta movilizar capital para salvar el planeta, y otra que concentra poder para ganar guerras comerciales. Los números no mienten: 408,500 millones para bonos sostenibles vs. la atracción creciente hacia los autoritarismos «eficientes». La pregunta no es si las finanzas sostenibles encontrarán su impulso, sino si habrá un mundo sostenible que financiar cuando los mandarines terminen de repartírselo.


