TL;DR
- Feijóo juró en julio no gobernar con Vox, en diciembre ya lo defiende como ‘normal’
- Extremadura fue el catalizador: PP y Vox sumaron 60% y el partido de Abascal creció más
- El ala dura del PP presionó para el cambio y ahora lo presentan como ‘mandato de los votantes’
- La portavoz Ester Muñoz, del sector más duro, fue la encargada de anunciar el giro
El ‘nunca jamás’ que duró seis meses
En julio de 2025, Alberto Núñez Feijóo se paró ante su congreso nacional y lo juró con solemnidad: «Yo quiero un Gobierno en solitario. El único Gobierno de coalición no ha funcionado». Según El País, el líder del PP adquirió «de forma solemne el compromiso de no gobernar con Vox». Era la promesa pensada para ensanchar hacia el centro y tranquilizar a los moderados. Fast forward a diciembre: el mismo partido defiende que el «mandato de los extremeños» es que haya «un entendimiento» con Vox. No mames, ¿en qué universo seis meses son una eternidad política?
Extremadura: el experimento que salió ‘bien’
Las elecciones extremeñas funcionaron como catalizador de lo que ya bullía dentro del PP. Los números no mienten: derecha y extrema derecha sumaron 60% de los votos. Pero aquí está el detalle que Génova no quiere que veas muy de cerca: mientras el PP subió cuatro puntos, Vox lo hizo nueve. O sea, el socio «imprescindible» crece más que tú, pero tú lo normalizas como si fuera victoria. Según El País, en el equipo de Feijóo insisten en que Extremadura demostró el «fracaso de una ideología» (la izquierda) y de «una corriente de opinión» (que los pactos con Vox penalizan al PP). Curioso cómo redefinen el éxito: María Guardiola ganó con 43.2%, pero Vox se fortaleció más. ¿Quién usa a quién realmente?
El ala dura sale del clóset
La portavoz parlamentaria Ester Muñoz, identificada por El País como parte del «ala dura» que venía apostando en privado por asumir sin complejos los acuerdos con Vox, fue la encargada de hacer pública la redefinición. «Extremadura quiere un Gobierno de derechas», proclamó sin medias tintas. Lo interesante no es que lo diga, sino que ahora lo diga abiertamente. Porque esto revela algo más profundo: el sector que siempre quiso pactar con Vox ya no necesita esconderse. La excusa perfecta llegó con el 60% de votos de derecha en Extremadura. «El miedo a la derecha ya no cuela», dijo Muñoz. Traducción: ya podemos hacer lo que queríamos desde el principio.
La nueva normalidad: ni siquiera pedir la abstención al PSOE
El giro implica algo más que normalizar a Vox: implica dejar de buscar acuerdos con el PSOE. «Con los socialistas ya no se quiere pactar nada», documenta El País. Esto no es solo un cambio de socios, es un reordenamiento completo del tablero. Si antes el PP jugaba a ser la «derecha responsable» que podía entenderse con todos, ahora el mensaje es claro: la línea pasa por la derecha dura. Un presidente autonómico del PP lo argumenta así: «Es que todo ha cambiado, la sociedad se está derechizando a ritmos agigantados, Pedro Sánchez ha polarizado tanto que es un pendulazo hacia el otro lado». O sea, la culpa es de Sánchez por polarizar, no nuestra por normalizar a la extrema derecha. Conveniente.
¿Y los votantes moderados qué?
Aquí está el juego de tres barajas que juega el PP: en julio, Feijóo promete no pactar con Vox para captar al centro. En diciembre, defiende los pactos con Vox porque «los extremeños piden más». Pero espera, ¿no eran los mismos votantes moderados los que necesitaban tranquilidad en julio? El País cita a Muñoz: «Ha habido un Gobierno del PP en Extremadura, en algún momento ha sido un Gobierno de coalición con Vox, y el resultado es que los extremeños piden más». La lógica es circular: pactamos con Vox, ganamos votos, entonces debemos seguir pactando. Pero nadie pregunta: ¿ganamos votos a pesar de pactar con Vox o los votantes que nos quedan ya no les importa?
La pregunta incómoda que nadie hace
Si Vox crece nueve puntos mientras el PP crece cuatro, ¿quién se está comiendo a quién a largo plazo? Normalizar al socio que te supera en crecimiento es como invitar al lobo a dormir en tu cama porque hoy hace frío. El argumento de Génova es que ambos pueden crecer «en paralelo», pero los números dicen que no paralelamente: Vox acelera más. La normalización de Vox no es solo un cambio táctico, es la admisión de que el espacio de la derecha española ya no cabe en un solo partido. Y el PP, en lugar de competir por ese espacio, prefiere repartírselo. La pregunta real es: cuando Vox siga creciendo, ¿qué concesión será la siguiente? Porque los pactos nunca son gratis, y la factura política siempre llega.


