TL;DR
- Con 18 años fundó un equipo cuando las mujeres no podían ni jugar al fútbol
- Vicente Calderón del Atlético de Madrid fue su padrino y le dio apoyo clave
- Un alcalde machista la amenazó con apartarla porque «el fútbol no era cosa de mujeres»
- Murió a los 82 años dejando un legado que hoy el mismo Ayuntamiento que la hostigó celebra
Cuando el fútbol era territorio prohibido
En 1963, cuando una mujer en España no podía arbitrar, entrenar ni jugar al fútbol, Amelia del Castillo encontró el hueco legal perfecto: «Pero no decían nada de que no pudiera presidir un club». Así que con 18 años, esta madrileña organizó un equipo en su pueblo, Pinto, y se convirtió en la primera presidenta de un club de fútbol español. No era rebeldía por rebeldía: «Yo quería jugar. Era buena, pero era imposible entonces y esta fue mi manera de seguir en el fútbol», contaba en 2021 a El País. La Flecha de Pinto, como lo bautizó, no era un capricho adolescente: compitió en torneos regionales y hasta se federó en otoño de 1963. Ahí empezó lo bueno.
El padrino inesperado: Vicente Calderón
Cuando Amelia empezó a pedir ayuda escribiendo a presidentes de federaciones y clubes, el que respondió fue Vicente Calderón, entonces presidente del Atlético de Madrid. «Me llamó a su despacho, yo creo que por curiosidad de qué hacía una mujer ahí», recordaba. Pero la curiosidad se convirtió en apoyo real: Calderón le regaló equipamiento, balones y acceso a servicios médicos. La forma de agradecerle fue cambiarle el nombre al club: la Flecha de Pinto pasó a ser Atlético de Pinto. Lo interesante aquí es que mientras el mundo del fútbol institucional la aceptaba -«nunca tuve un problema con alguien del fútbol, ni presidentes, ni árbitros ni jugadores»-, era «la gente de a pie» la que la hostigaba: «Mis amigas dejaron de ir conmigo y en los campos me decían barbaridades innombrables».
El alcalde que dijo lo que muchos pensaban
El proyecto crecía, recibió la medalla del mérito deportivo de Madrid en 1975, y todo rodaba hasta que apareció Daniel Martín, alcalde de Pinto. Según Amelia, el político le dijo directamente: «Tengo que apartarme porque el fútbol no era cosa de mujeres». Cuando se negó, la amenazó con crear un equipo patrocinado por el Ayuntamiento. «Estaba destrozada», confesaba. Aquí está la contradicción más cruda: mientras el presidente del Atlético de Madrid, un hombre de fútbol de la vieja escuela, la apoyaba, un político local usaba el machismo como herramienta de presión. Amelia estuvo años sin pisar Pinto, pero en 2000 el club la nombró presidenta de honor y el estadio lleva su nombre. La ironía: hoy el mismo Ayuntamiento que la hostigó decreta tres días de luto oficial.
La formación que no podía recibir
Amelia no solo presidía: también entrenaba, aunque con limitaciones absurdas. «No podía ir a las clases de la Federación porque era mujer, solo a las teóricas. Lo que sabía era lo que había aprendido en la escuela en educación física», revelaba. Imagínense la escena: una mujer dirigiendo entrenamientos con lo aprendido en clases de educación física escolar, mientras los hombres recibían formación especializada. Y aún así, el equipo obtenía buenos resultados. Esto no es solo una anécdota: es el reflejo de un sistema diseñado para excluir, donde las mujeres tenían que inventarse los caminos porque los oficiales estaban bloqueados.
El reconocimiento que llega con el adiós
Amelia del Castillo murió este sábado a los 82 años, y el Ayuntamiento de Pinto anunció que ondeará banderas a media asta los días 28, 29 y 30 de diciembre. El alcalde Salomón Aguado la llamó «Hija Predilecta de Pinto» y «mujer pionera, ejemplo y referente». Lo que no dijo es que su antecesor político intentó destruir su proyecto por machismo. Esta es la historia de España en miniatura: la pionera que abre camino, la resistencia institucional, el hostigamiento social, y finalmente el reconocimiento póstumo que llega cuando ya no molesta a nadie. Amelia del Castillo no solo fundó un club: demostró que cuando te cierran todas las puertas, a veces la solución es construir tu propia cancha.


