TL;DR
- La SGIRPC activó alerta amarilla por temperaturas de 4-6°C en 6 alcaldías
- Las mismas zonas de siempre (Álvaro Obregón, Tlalpan, etc.) son las afectadas
- Las recomendaciones son idénticas a las de cada invierno desde hace años
- La pregunta incómoda: ¿esto es prevención real o rutina burocrática?
- El verdadero riesgo sigue siendo el monóxido de carbono por calentones caseros
El invierno que siempre llega, la alerta que siempre suena
La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la CDMX activó la Alerta Amarilla para este viernes 26 de diciembre. El motivo: temperaturas que oscilarán entre los 4 y 6 grados Celsius. Sí, leíste bien. Cuatro grados. En diciembre. En la Ciudad de México. Como reporta Heraldodemexico, la medida afecta a Álvaro Obregón, Cuajimalpa, La Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tlalpan y Xochimilco. Las mismas de siempre. Las que están más altas. Las que cada invierno, desde que existe registro meteorológico, son más frías.
¿Protección civil o teatro institucional?
Aquí está el detalle que nadie quiere mencionar: estas alertas se activan cada año, por las mismas temperaturas, en las mismas fechas, para las mismas zonas. La SGIRPC dice que «pueden representar un riesgo para la salud, especialmente para niñas y niños, personas adultas mayores y personas con enfermedades respiratorias». Nadie discute eso. El frío es peligroso. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué cambió desde el año pasado? ¿O desde hace cinco años? Las recomendaciones son calcadas: «abrigarse adecuadamente, cubrir nariz y boca al salir, evitar cambios bruscos de temperatura». Suena a disco rayado institucional.
El verdadero peligro no está en el termómetro
Lo más interesante del comunicado oficial es lo que casi pasa desapercibido: «evitar el uso de anafres, braseros o fogones dentro de viviendas». Ahí está el verdadero riesgo de muerte en invierno. No son los 4 grados en Tlalpan, es el monóxido de carbono en Iztapalapa, en Neza, en Ecatepec. Pero esas zonas no aparecen en la alerta amarilla. Porque ahí no hace 4 grados, ahí hace 8 o 10. Pero ahí sí mueren personas cada año por intoxicación. La SGIRPC lo menciona, sí, pero como nota al pie. Como si fuera un detalle técnico y no la principal causa de muertes relacionadas con el frío en el Valle de México.
La geografía selectiva del frío oficial
Fíjate en el patrón: Álvaro Obregón, Cuajimalpa, La Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tlalpan, Xochimilco. Todas zonas con mayor altitud, sí. Pero también zonas donde la población tiene, en promedio, mayor capacidad económica para protegerse del frío. Donde hay más casas con calefacción, menos viviendas de lámina, menos necesidad de usar anafres peligrosos. Mientras tanto, en las zonas populares de menor altitud pero mayor vulnerabilidad real, no hay alerta amarilla. Porque técnicamente no cumplen con el criterio de «4 grados». Aunque ahí la gente se muera más.
El ritual invernal de la burocracia capitalina
Cada diciembre, como reloj suizo: 1) Bajan las temperaturas (sorpresa, es invierno), 2) La SGIRPC activa alerta amarilla, 3) Publica las mismas recomendaciones de siempre, 4) Los medios reproducen el comunicado, 5) La gente en las zonas afectadas ya sabe que hace frío porque vive ahí. El ciclo se completa. Lo preocupante no es que se active la alerta, sino que después de tantos años, no haya un plan más sofisticado. No hay datos de cuántas personas se enferman realmente por estas temperaturas específicas. No hay evaluación de si las alertas realmente previenen algo. Es puro teatro preventivo.
La paradoja del frío capitalino
Vivimos en una ciudad donde en diciembre hace frío por las mañanas y en las zonas altas. Esto no es noticia, es geografía básica. Pero cada año lo convertimos en noticia de emergencia. Mientras tanto, problemas reales de vulnerabilidad invernal – como la falta de calefacción segura en zonas populares, los refugios para personas en situación de calle, el acceso a atención médica por enfermedades respiratorias – siguen siendo los mismos. La alerta amarilla por 4 grados se siente como distracción de lo que realmente importa: que cada invierno, la gente más pobre sufre más, con o sin alerta oficial.
¿Y ahora qué hacemos con esta información?
No se trata de decir «no hagan caso a las alertas». Claro que hay que abrigarse, claro que hay que cuidar a niños y adultos mayores. Pero quizás deberíamos preguntarnos por qué nuestro sistema de protección civil gasta energía en alertarnos sobre lo obvio (hace frío en invierno) en lugar de atacar lo no tan obvio (por qué seguimos teniendo muertes por monóxido de carbono cada año). La próxima vez que veas una alerta amarilla por bajas temperaturas, pregúntate: ¿esto realmente protege a quien más lo necesita, o solo cumple con el trámite burocrático de «hacer algo» ante lo inevitable? El frío llegará mañana, como llegó ayer, como llegará el próximo diciembre. Lo que no debería llegar nunca es la complacencia de creer que con un tuit oficial ya estamos protegidos.


