TL;DR
- Felipe VI lanza su ‘mejor discurso’ advirtiendo sobre crisis de confianza que erosiona democracia
- El Rey señala que extremismos se nutren de desinformación y desencanto, pero no menciona responsables concretos
- Mundiario celebra el mensaje mientras España cumple 50 años sin Franco y la polarización sigue intacta
- La advertencia sobre fragilidad democrática llega cuando las instituciones están más cuestionadas que nunca
El Rey descubre América (democrática)
Felipe VI se subió al púlpito navideño con un mensaje que, según Mundiario, es «el mejor que ha pronunciado desde que llegó a la Jefatura del Estado». El diagnóstico: España sufre una «inquietante crisis de confianza» que pone en riesgo la convivencia democrática. No mames, ¿ahora se dan cuenta? El Rey advierte que «los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto». Suena bien, pero uno se pregunta: ¿dónde estaban estas alarmas cuando la polarización se cocinaba a fuego lento en los últimos años?
50 años sin Franco y seguimos con el mismo guión
La coincidencia es de manual: el discurso llega justo cuando se cumplen 50 años de la muerte del dictador y el inicio de la Transición. Felipe VI elogió el «coraje» de aquel «ejercicio colectivo de responsabilidad». Pero aquí está el detalle: medio siglo después, el Rey nos dice que «la convivencia no es un legado imperecedero» y que «todos debemos hacer del cuidado de la convivencia nuestra labor diaria». O sea, después de 50 años de democracia, resulta que lo que creíamos consolidado es más frágil que un jarrón de porcelana en un terremoto. ¿Tan mal hemos cuidado el jardín?
Palabras bonitas, realidades feas
El columnista de Mundiario, Alfonso Villagómez, celebra que el mensaje sea «reconfortante» en un año de «polarización ideológica y gresca política». Pero aquí viene lo incómodo: si el diagnóstico del Rey es tan preciso, ¿por qué las instituciones siguen perdiendo credibilidad a ojos vista? El monarca habla de «ejemplaridad pública», pero omitió mencionar que parte de esa crisis de confianza viene precisamente de casos donde esa ejemplaridad brilló por su ausencia. Es como decir «hay que comer sano» mientras te sirves un plato de chatarra.
El formato renovado y el fondo inmovilista
Mundiario destaca que es la tercera vez que Felipe VI graba desde el Palacio Real y que se nota «la mano de los nuevos responsables de dirigir la comunicación de la Casa Real». Cambian las formas, pero el fondo sigue siendo el mismo: advertencias genéricas sobre peligros abstractos. El Rey alerta sobre «fragilidad democrática», pero no señala qué políticas concretas la están debilitando. No nombra a los actores que alimentan la polarización. No propone soluciones más allá del «diálogo» y la «responsabilidad». Es el equivalente político de decir «hay que portarse bien».
¿Quién cuida al que cuida la convivencia?
La parte más reveladora del discurso es cuando Felipe VI afirma que «no basta con haberlo recibido: es una construcción frágil». Tiene razón, pero aquí hay una pregunta incómoda: si la democracia es tan frágil, ¿qué están haciendo exactamente las instituciones para reforzarla más allá de los discursos navideños? El Rey habla desde el Salón de Columnas, donde se conmemoró el 40 aniversario de la entrada a la UE. Simbología pura, pero mientras tanto, en la calle, la desconfianza crece como mala hierba. ¿De qué sirve recordar hitos históricos si el presente se desmorona?
El elefante en la sala real
Lo que Felipe VI no dice es tan importante como lo que dice. Advierte sobre desinformación, pero no menciona cómo ciertos medios y políticos la alimentan sistemáticamente. Habla de desigualdades, pero evita señalar las políticas económicas que las profundizan. Alerta sobre desencanto, pero no cuestiona un sistema político que cada vez parece más alejado de la gente. Es como un médico que te diagnostica la enfermedad pero se niega a recetarte la medicina porque no quiere ofender al farmacéutico.
Navidad, regalos y realidades incómodas
Al final, el «mejor discurso» de Felipe VI según Mundiario deja un sabor agridulce. Por un lado, es positivo que la máxima institución del Estado reconozca la gravedad de la situación. Por otro, resulta frustrante que las soluciones se limiten a llamados genéricos a la responsabilidad ciudadana. Si la democracia está realmente en riesgo, ¿no deberían las instituciones hacer algo más que advertir sobre el peligro? ¿No es como ver que se está incendiando la casa y limitarse a decir «cuidado con el fuego» mientras sigues sentado en el sofá?
El Rey tiene razón: la convivencia es frágil. Pero quizás lo sea porque durante demasiado tiempo se ha dado por sentada, porque se ha confundido estabilidad con salud democrática. Ahora que la alarma está sonando, toca ver si alguien más allá del mensajero real está dispuesto a hacer algo al respecto. Porque de nada sirve el mejor diagnóstico si el paciente se muere esperando el tratamiento.


