TL;DR
- Aranceles de 21.9% a 42.7% a quesos y lácteos europeos desde el 23 de diciembre
- La UE dice que la investigación china se basa en «alegaciones discutibles»
- Viene después de aranceles a carne de cerdo de la UE del 4.9% al 19.8%
- China investigó supuestas subvenciones europeas que dañan su industria láctea
La guerra de los quesos: cuando el comercio se pone rancio
China no anda con chiquitas. De un día para otro, el queso fresco, la cuajada, el queso azul y hasta la crema europea se van a encarecer entre un 21.9% y un 42.7% en el mercado chino. Según DW, los llamados «depósitos arancelarios» entran en vigor este martes 23 de diciembre, y la Unión Europea ya está echando humo por las orejas. Lo curioso es que esto no viene solo: la semana pasada Pekín ya le había metido el diente a la carne de cerdo europea con aranceles que van del 4.9% al 19.8% por cinco años. ¿Coincidencia? No mames.
La investigación que huele a pretexto
Detrás de esta movida hay una investigación que China hizo sobre las supuestas subvenciones que la UE da a sus productos lácteos. Según las autoridades chinas, estas ayudas causan «perjuicio sustancial» a su industria nacional. Pero aquí viene lo bueno: la Comisión Europea, por boca de su portavoz Olof Gill, dice que la investigación se basa en «alegaciones discutibles y pruebas insuficientes». O sea, según Bruselas, esto es puro teatro. Lo que no dicen es que la investigación vino después de que la Asociación de la Industria Láctea de China pidiera revisar el asunto. ¿Intereses creados? Nah, qué va.
Los números que no cuadran
Fíjate en los porcentajes: los aranceles a la carne de cerdo que anunciaron la semana pasada son más bajos que los temporales que estaban vigentes desde septiembre (del 15.6% al 62.4%). Ahora son del 4.9% al 19.8%. ¿Generosidad china? No exactamente. Más bien parece una táctica: primero pones aranceles altísimos para asustar, luego los bajas un poco para que parezca que estás siendo «razonable», y mientras tanto ya te diste tiempo de meterle la mano a otro sector. En este caso, los lácteos. Lo que DW documenta es que China considera la medida de la UE «injustificada», pero la UE dice exactamente lo mismo de la medida china. ¿Quién tiene razón? Depende de qué lado del mostrador estés.
El juego de las represalias
Esto no es nuevo en el comercio internacional. China y la UE llevan años bailando este tango de «tú me pones un arancel, yo te pongo otro». Lo interesante es el timing: justo antes de Navidad, cuando el consumo de lácteos y quesos se dispara en muchos países. ¿Estrategia para maximizar el impacto? Probablemente. Lo que sí es claro es que cuando una economía del tamaño de China decide mover ficha, las ondas se sienten en todo el planeta. Y Europa, que ya tiene suficientes problemas con inflación y crisis energéticas, ahora se encuentra con que uno de sus mercados más importantes le cierra parcialmente las puertas a productos de alto valor agregado.
¿Y los consumidores chinos?
Aquí hay un detalle que casi nadie menciona: los aranceles no los paga el productor europeo, los paga el importador chino, que luego se los traslada al consumidor final. O sea, el queso francés o italiano que ya era caro en China, ahora va a ser un lujo aún mayor. ¿Afectará esto los hábitos de consumo? Seguro. ¿Beneficiará a los productores locales chinos? En teoría sí, pero la pregunta incómoda es: ¿la industria láctea china está preparada para satisfacer la demanda de productos premium que los consumidores chinos más adinerados buscan? Porque no es lo mismo un queso artesanal de Normandía que uno producido en masa en alguna planta china. El paladar también tiene memoria.
Lo que viene: más leche agria en la relación
La UE ya dijo que las medidas son «injustificadas e infundadas». China dice que está protegiendo su industria. Y mientras tanto, los productos lácteos europeos se quedan esperando en la aduana con un sobreprecio del 42.7% en algunos casos. Lo preocupante es que esto puede escalar: si Europa decide responder con medidas similares contra productos chinos, la guerra comercial se puede poner fea rápido. Y en medio de una economía global que todavía se recupera de pandemias y conflictos, lo último que necesitamos es que dos gigantes económicos se pongan a jugar al «yo te arancelo más». Porque al final, como siempre, los que pagan los platos rotos son los consumidores y las pequeñas empresas que dependen del comercio internacional. Y eso sí que no tiene nada de fresco.


