TL;DR
- La OPS reporta aumento ‘sostenido’ de H3N2 en EU y Canadá, con 27 países europeos en alerta
- México tiene solo un caso confirmado (adulta mayor que se recuperó) pero apenas el 50% de grupos vulnerables vacunados
- La vacuna tetravalente mexicana sí protege contra el subclado K, con 70-75% efectividad en niños
- Autoridades dicen ‘no hay problema’ mientras expertos advierten riesgo por mutación más contagiosa
La paradoja de la alerta internacional vs la tranquilidad local
La Organización Panamericana de la Salud anda con los pelos de punta: reporta un «aumento sostenido» de la influenza A(H3N2) subclado K en Estados Unidos y Canadá, mientras en Europa 27 países tienen actividad «alta o muy alta» de esta variante que ya representa hasta el 90% de los casos confirmados en la región. Nmas documenta que países como Irlanda, Reino Unido y Serbia tienen más de la mitad de sus pacientes positivos a esta cepa. Pero cruza el charco y la historia cambia: México tiene exactamente un caso confirmado. Uno solo. Una paciente de 80 años que recibió tratamiento ambulatorio y se recuperó, según Consultorsalud. ¿Entonces? ¿Estamos viendo el mismo virus o hay algo que no cuadra?
La vacuna que sí funciona pero que nadie se pone
Aquí viene lo bueno: la vacuna tetravalente mexicana (Mexinvac) SÍ protege contra este subclado K. Los datos preliminares muestran 70-75% de efectividad para prevenir hospitalizaciones en niños y 30-40% en adultos. El secretario de Salud, David Kershenobich, lo dijo claro: «Disponemos la cantidad suficiente para cubrir a la población en riesgo». Pero hay un detallito incómodo: hasta el 16 de diciembre, apenas el 50% de los grupos vulnerables se había vacunado. Sí, leíste bien. La mitad. Unotv reporta que la campaña nacional va hasta abril de 2026, pero si a estas alturas solo la mitad de los que deberían estar protegidos lo están, algo huele a desmadre organizativo.
«Más contagiosa pero no más grave»: el mantra que se repite
Las autoridades sanitarias internacionales y locales insisten en el mismo coro: esta variante es «ligeramente más contagiosa» (palabras de la ministra boliviana), «puede ejercer mayor presión en el sistema de salud», pero «no hay evidencia de que cause una enfermedad más severa». Hans Henri P. Kluge, director regional de la OMS para Europa, lo subraya, y el médico Alejandro Macías lo repite para México: «Se compara como la misma influenza de siempre; no es una enfermedad más grave». Pero aquí está el truco: si es más contagiosa, aunque no sea más letal, puede saturar hospitales igual. Bolivia ya emitió alerta epidemiológica precisamente por eso: prevenir la saturación de servicios médicos. ¿México está esperando a que se llene la barca para empezar a achicar agua?
El juego de nombres: de subclado K a «supergripe» mediática
Lo que en los informes técnicos se llama «influenza A(H3N2) subclado K» en los medios se convirtió en «supergripe». Un término que vende, que asusta, que genera clicks. Pero las tres fuentes coinciden en algo importante: los síntomas son los mismos de siempre – fiebre, tos, secreción nasal, dolores corporales – y la vacuna disponible SIRVE. El problema no es el nombre alarmista, sino que la alarma mediática no se traduzca en acción real. Porque de qué sirve que todos los medios hablen de la «supergripe» si la gente no va a vacunarse. Perú ya reportó sus dos primeros casos en menores de edad. ¿Cuánto tardaremos en tener más aquí si seguimos con el 50% de cobertura?
La pregunta incómoda: ¿vigilancia o complacencia?
Kershenobich dice que «no representa en este momento ningún problema para el país, es nada más estar pendiente con vigilancia epidemiológica». Suena razonable, hasta que recuerdas que en Europa la cosa ya está fea y en Norteamérica va en aumento. La OPS no emite avisos por gusto. El subclado K ya está circulando en nuestro continente. México tiene la ventaja de que llegó después, pero eso no es garantía de nada. Tenemos la vacuna, tenemos los centros de salud (IMSS, ISSSTE, centros estatales), tenemos la información. Lo que no tenemos es a la gente haciendo fila para protegerse. Y en salud pública, la diferencia entre una ola manejable y un desastre suele medirse en semanas y porcentajes de vacunación. El reloj ya está corriendo.


