TL;DR
- 13 millones de personas visitaron la Basílica entre el 5 y 12 de diciembre, más del 10% de la población total de México
- La limpieza dejó 980 toneladas de basura, equivalente a casi 200 elefantes africanos adultos
- 27 perros fueron rescatados con deshidratación y golpes de calor tras ser abandonados por peregrinos
- Se brindaron casi 6 mil atenciones médicas y hubo 58 reportes de personas extraviadas
- La fe mueve montañas, pero también genera un problema logístico y ambiental monumental
Cuando la devoción se convierte en tsunami humano
Imagina que toda la población de la Ciudad de México desaparece de sus casas y se va caminando al mismo lugar. Ahora imagina que eso sucede en una semana. Pues eso fue lo que pasó en el Tepeyac: 13 millones de personas llegaron a la Basílica de Guadalupe entre el 5 y el 12 de diciembre, según reporta Record. Para ponerlo en perspectiva, México tiene unos 126 millones de habitantes, así que básicamente más del 10% del país decidió hacer fila para ver a la Virgen. Y no fue un goteo constante: 8.5 millones llegaron en menos de 24 horas, entre el mediodía del 11 y la madrugada del 12. Es como si de repente toda la población de Londres apareciera en tu colonia para una fiesta.
La basura que nadie quiere ver (pero todos generamos)
Aquí viene lo incómodo: 980 toneladas de basura. No, no leíste mal. Novecientas ochenta toneladas. Para que te hagas una idea, un elefante africano adulto pesa unas 5 toneladas. Así que estamos hablando de casi 200 elefantes de pura basura. Y no es cualquier basura: son los restos de la devoción, los envoltorios de comida, las botellas de agua, los pañales, todo lo que 13 millones de personas pueden dejar atrás en una semana de peregrinación. Lo curioso es que nadie habla de esto como problema ambiental, sino como «saldo de limpieza». Como si fuera normal que un acto religioso genere el equivalente a un vertedero municipal de tamaño mediano.
Los peregrinos que llegaron con mascotas… y las dejaron atrás
Este es el dato que duele: 27 perritos rescatados. Según Record, la asociación La causa que nos une documentó que muchos llegaron con deshidratación, golpes de calor y dolores de estómago. ¿Qué clase de devoción te lleva a llevar a tu perro a una multitud de millones y luego dejarlo ahí? Las asociaciones piden ayuda para encontrar hogares temporales, la alcaldía Gustavo A. Madero anuncia eventos de adopción, pero la pregunta incómoda queda flotando: ¿realmente necesitabas llevar a tu mascota a esto? O peor aún: ¿la llevaste con la intención de abandonarla?
Las atenciones médicas que nadie planea necesitar
5,917 atenciones médicas. Ocho hospitalizaciones. Cincuenta y ocho personas extraviadas, seis de las cuales seguían sin aparecer hasta el 12 de diciembre. Estos no son números abstractos: son gente que se desmayó, que se deshidrató, que se perdió en la marea humana. El Cerro del Tepeyac requirió más de mil atenciones médicas solo en esa zona. Y aquí está lo paradójico: vamos a pedir salud y protección, pero el acto mismo de pedirlo nos pone en riesgo. La Policía Metropolitana sigue patrullando, el operativo se mantiene hasta el 15 de diciembre, pero uno se pregunta: ¿a qué costo humano y logístico?
La fe como fenómeno de masas (y de consumo)
Hay algo que no cuadra en esta ecuación. Por un lado, hablamos de espiritualidad, de devoción, de conexión con lo divino. Por el otro, tenemos cifras que parecen sacadas de un reporte de logística de concierto masivo: toneladas de basura, miles de atenciones médicas, animales abandonados, puestos que hay que retirar. La Basílica se convierte temporalmente en la ciudad más poblada de México, pero sin la infraestructura para serlo. Y lo más curioso: todo esto se reporta como «saldo blanco», como si fuera un éxito que solo hubo 8 hospitalizaciones entre 13 millones de personas. Como si fuera normal que un evento religioso requiera el despliegue de un estado mayor de guerra.
Lo que las cifras no dicen (pero deberían)
Falta la pregunta incómoda: ¿qué pasó con el medio ambiente alrededor del Tepeyac durante esa semana? ¿Cuánta agua se consumió? ¿Cuánta energía? ¿Qué impacto tuvo en la calidad del aire tener a millones de personas llegando en todo tipo de transporte? Y sobre todo: ¿realmente necesitamos que 13 millones de personas se concentren en un solo punto para demostrar fe? Porque hay algo perturbador en que la expresión religiosa más grande del país deje como saldo casi mil toneladas de basura y decenas de animales abandonados. Quizás deberíamos preguntarnos no solo cuántos llegaron, sino a qué costo llegaron. Y no me refiero al costo económico del operativo, sino al costo humano, animal y ambiental de una devoción que, en su escala actual, parece más un tsunami que una peregrinación.


