TL;DR
- Rusia anunció la ‘liberación’ de Kúpiansk en noviembre, pero sus líneas de suministro llevaban un mes cortadas
- Entre 100 y 200 soldados rusos quedaron atrapados en la ciudad, dependiendo solo de drones para recibir munición
- El avance ucraniano es uno de los mayores éxitos en dos años y llega justo antes de negociaciones clave en Berlín
- Putin exagera éxitos para desanimar el apoyo occidental, según análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra
La victoria anunciada que se convirtió en trampa
El 20 de noviembre, Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor ruso, informó a Vladimir Putin sobre la «liberación» de Kúpiansk. Lo que no le contó -o quizá no quiso ver- es que para ese momento las líneas de suministro rusas llevaban ya un mes cortadas. Según DW, las tropas que supuestamente habían conquistado la ciudad estaban atrapadas, aisladas y dependiendo de drones para recibir munición. La pregunta incómoda: ¿liberaron una ciudad o se metieron en una ratonera?
De 100 a 200 soldados en el limbo
Viktor Tregúbov, portavoz militar ucraniano, lo dijo sin rodeos: «Las tropas rusas en la ciudad ya no pueden recibir refuerzos». Entre 100 y 200 soldados rusos permanecen dentro de Kúpiansk, pero su capacidad de combate es limitada. Yuri Butúsov, comandante de drones, describe una operación de limpieza edificio por edificio. Lo que Rusia presentó como conquista se convirtió en una bolsa de resistencia que se desangra lentamente. La ironía es brutal: celebraron la captura cuando ya estaban perdiendo el control.
La estrategia que funcionó: cortar los hilos
La clave del contraataque ucraniano no fue un asalto frontal masivo, sino algo más inteligente: cortar la logística. Butúsov reconoce que gran parte de Kúpiansk estaba en manos rusas a mediados de septiembre, pero cuando llegó el invierno, los suministros dejaron de fluir. Sin combustible, sin munición, sin refuerzos. Las tropas rusas quedaron como islas en medio de territorio hostil. Es la misma táctica que Rusia usó en Mariúpol y que ahora le aplican a ellos. El karma bélico, dicen por ahí.
La narrativa vs la realidad en el terreno
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) lo analiza sin pelos en la lengua: «Moscú ha estado exagerando sus éxitos en un aparente intento de desalentar a los socios extranjeros de Ucrania de continuar su apoyo». Mientras Putin habla de líneas ucranianas que se derrumban, sus propias tropas en Kúpiansk están siendo detectadas y destruidas sistemáticamente. La visita sorpresa de Zelenski a las afueras de la ciudad el 12 de diciembre no fue solo un gesto simbólico – fue la foto que desmonta la narrativa rusa.
El timing perfecto para las negociaciones
Zelenski lo dijo claro durante su visita: «Lograr resultados en el frente es crucial para que Ucrania pueda lograr resultados en la diplomacia». El avance en Kúpiansk llega justo antes de la reunión clave con emisarios estadounidenses en Berlín. No es casualidad. Es demostrar que Ucrania todavía tiene cartas que jugar, que no está derrotada, que puede contraatacar incluso en uno de los frentes más difíciles. Cada edificio recuperado en Kúpiansk es un argumento más en la mesa de negociaciones.
La paradoja de la iniciativa rusa
El ISW señala que Rusia conserva la iniciativa en gran parte del frente, con ventaja en drones de fibra óptica y bombas aéreas guiadas. Pero aquí está la contradicción: tener la iniciativa no significa ganar. Puedes estar avanzando en varios frentes mientras pierdes terreno estratégico en uno clave. Kúpiansk no es solo otra ciudad – es un centro logístico vital en la región de Járkiv. Perderlo (o más bien, no poder mantenerlo) tiene implicaciones que van más allá de los kilómetros cuadrados.
¿Qué sigue para los atrapados en Kúpiansk?
Butúsov advierte que Rusia sigue intentando desbloquear a sus fuerzas aisladas y avanzar hacia la ciudad desde otras direcciones. Pero cada intento significa más bajas, más recursos desperdiciados. Los 100-200 soldados rusos que quedan tienen tres opciones: rendirse, intentar romper el cerco (con altísimas probabilidades de morir en el intento), o esperar un milagro logístico que no llega. Mientras, Ucrania aplica la misma medicina que Rusia recetó en otras ciudades: cerco, aislamiento, desgaste.
La lección que nadie quiere aprender
Kúpiansk se suma a la lista de ciudades que demuestran una verdad incómoda: anunciar victorias prematuras puede ser más peligroso que admitir dificultades. Rusia repite el error de confundir la propaganda con la realidad operativa. Ucrania, por su parte, muestra que en esta guerra la paciencia estratégica a veces vale más que el impulso ofensivo. La próxima vez que escuchemos sobre una «liberación», quizá deberíamos preguntar: ¿liberación de qué? ¿Y por cuánto tiempo?


