TL;DR
- Trump levantó sanciones contra el juez Moraes tras calificar su juicio a Bolsonaro como «caza de brujas»
- La familia Bolsonaro hizo lobby intenso desde EE.UU. pero la diplomacia entre Trump y Lula cambió el juego
- El giro coincide con exenciones arancelarias a exportaciones brasileñas y un proyecto que podría reducir la condena de Bolsonaro
- Moraes había bloqueado cuentas conservadoras en redes sociales, lo que generó la ira del gobierno estadounidense
El lobby que se quedó en el aire
Eduardo Bolsonaro, el hijo del expresidente brasileño, se había mudado a Estados Unidos con una misión clara: presionar por sanciones contra los jueces que investigaban a su padre. Según Amp, el legislador federal viajaba de ida y vuelta desde Brasil haciendo lobby en Washington. Pero este viernes, el Departamento del Tesoro estadounidense le dio un golpe bajo: levantó las sanciones contra Alexandre de Moraes, el juez de la Corte Suprema que lleva el juicio por golpismo contra Jair Bolsonaro.
De «caza de brujas» a intereses diplomáticos
En julio, cuando impusieron las sanciones, el secretario del Tesoro Scott Bessent no se anduvo con rodeos: dijo que Moraes se había «arrogado el papel de juez y jurado en una caza de brujas ilegal». La medida incluía incluso a la esposa del magistrado, Viviane Barci de Moraes, unos meses después. Pero ahora, un alto funcionario del gobierno de Trump reconoce que «continuar la designación es inconsistente con los intereses de política exterior estadounidenses». O sea: lo que antes era una caza de brujas, ahora es un estorbo diplomático.
La reunión que cambió todo
El punto de inflexión llegó en octubre, cuando Trump y Lula se sentaron por primera vez oficialmente en Malasia. Según Amp, esa reunión «desató una intensa ronda de negociaciones entre diplomáticos». El resultado fue inmediato: el mes pasado, Washington eximió a exportaciones brasileñas clave de un arancel del 40% que había impuesto en respuesta al juicio. Las sanciones contra Moraes eran la siguiente pieza en caer.
El timing sospechoso
Lo curioso es que el funcionario de Trump no solo habló del levantamiento de sanciones. También «valoró positivamente la aprobación de un proyecto de ley por la cámara baja de Brasil, dominada por partidarios de Bolsonaro, que podría reducir considerablemente la condena de prisión del exmandatario». Bolsonaro cumple 27 años desde noviembre por intentar impedir que Lula asumiera el cargo después de las elecciones de 2022. ¿Coincidencia que el gobierno estadounidense celebre una ley que beneficiaría a su aliado justo cuando levanta sanciones contra su juez?
Las redes sociales como campo de batalla
El conflicto no empezó con el juicio a Bolsonaro. Según Amp, los lazos ya se habían deteriorado por decisiones judiciales de Moraes para regular las redes sociales, incluyendo el bloqueo temporal de la plataforma X de Elon Musk y cuentas de usuarios populares entre voces conservadoras. Para el gobierno de Trump, que tiene una relación especial con Musk, esto debió sentirse como un ataque directo.
La familia Bolsonaro: «con pesar»
Eduardo Bolsonaro no pudo disimular la derrota. En redes sociales dijo que la decisión fue recibida «con pesar» y señaló que «la falta de cohesión interna y el insuficiente apoyo a las iniciativas dirigidas en el exterior contribuyeron al agravamiento de la situación actual». Agradeció a Trump por el apoyo, pero el mensaje entre líneas es claro: hicieron todo el lobby posible y no fue suficiente.
Lula: «victoria de la democracia»
Mientras los Bolsonaro lloran la derrota, Lula celebra. Durante un acto con el propio Moraes presente, el presidente brasileño dijo sentirse «muy feliz» por la decisión de Trump. «Es el reconocimiento de que no era justo que un presidente de otro país castigase a un magistrado del Supremo por cumplir la Constitución», declaró. Para Lula, esto no es solo una victoria del juez, sino de la «democracia brasileña».
El pragmatismo vence a la ideología
Lo que esta historia muestra es que, en la diplomacia internacional, los intereses económicos suelen pesar más que las alianzas ideológicas. Trump podía ser aliado de Bolsonaro, pero cuando se trató de aranceles del 40% a exportaciones brasileñas, la ecuación cambió. Las sanciones contra Moraes eran un peón en un tablero más grande, y cuando Lula y Trump se sentaron a negociar, ese peón se volvió prescindible.
La pregunta incómoda
¿Hasta dónde llega la influencia de un gobierno extranjero en la justicia de otro país? Estados Unidos sancionó a un juez por hacer su trabajo, luego levantó esas sanciones cuando le convenía económicamente, y ahora celebra una ley que beneficiaría al acusado que ese mismo juez condenó. Si esto no es injerencia, habría que inventar una nueva palabra.


