TL;DR
- Israel eliminó a Raed Saad, considerado uno de los arquitectos del ataque del 7 de octubre de 2023
- El bombardeo con dron mató al menos 5 personas según hospitales gazatíes
- Saad era jefe de producción de armas y estableció la Brigada de Gaza de Al Qasam
- El ataque ocurre en medio de un conflicto que ya lleva más de dos años
Un dron, cinco muertos y la matemática macabra del conflicto
El Ejército de Israel lo anunció con la precisión burocrática de siempre: «Hoy, 13 de diciembre, 2025, el Ejército y la Agencia de Seguridad Interior atacaron y eliminaron al jefe de la sede de producción de armas del brazo armado de Hamás y uno de los arquitectos de la masacre del 7 de octubre, Raed Saad». Suena limpio, casi quirúrgico. Pero la estadística de los hospitales gazatíes, publicada por periodistas locales en las morgues, agrega un detalle incómodo: cinco personas perdieron la vida en el ataque. Cinco. No uno. Cinco.
Según reporta Amp – Israel confirma muerte de alto mando de Hamás, el bombardeo con dron alcanzó el vehículo de Saad en el cruce de Nablus, en la carretera de Rashid que atraviesa Gaza de norte a sur. La operación fue exitosa desde el punto de vista militar -eliminaron a un objetivo de alto valor- pero abre la pregunta que nadie quiere responder: ¿quiénes eran las otras cuatro personas? ¿Cuánto vale la vida de un civil gazatí en la ecuación de seguridad israelí?
El cerebro que diseñó el infierno
Raed Saad no era cualquier militante. El comunicado militar lo describe como «uno de los últimos altos cargos veteranos en la Franja de Gaza» y lo asocia directamente con Marwan Issa, vicejefe del brazo armado de Hamás. Pero lo más revelador es lo que le atribuyen: establecer la Brigada de Gaza de Al Qasam, trabajar en la creación de una fuerza naval y, sobre todo, participar en la elaboración del operativo «Muros de Jericó», que contenía un plan como el del ataque del 7 de octubre.
Aquí hay un dato que duele: las fuerzas armadas israelíes desestimaron ese plan en su momento. Lo tenían en sus manos y lo subestimaron. Ahora, dos años después del ataque que dejó 1,200 muertos israelíes y más de 240 rehenes, eliminan al arquitecto. Es justicia tardía o venganza calculada, dependiendo de dónde te pares.
La guerra que no termina de terminar
Lo que más llama la atención es la fecha: diciembre de 2025. El conflicto sigue activo, los bombardeos continúan, los altos mandos aún se mueven por Gaza. Saad era, según Israel, «uno de los últimos» veteranos importantes. La pregunta obvia es: ¿cuántos más quedan? ¿Y cuántos civiles más morirán en el proceso de eliminarlos?
El modus operandi es conocido: inteligencia, dron, vehículo en movimiento. Pero la precisión tecnológica choca con la imprecisión humana. Un dron puede acertar en el auto, pero no puede distinguir entre el alto mando y quienes casualmente viajan con él. O quienes están cerca. O quienes pasan por ahí cuando explota el vehículo.
Los números que nadie quiere sumar
Cinco muertos en un ataque. Uno era el objetivo. ¿Y los otros cuatro? El comunicado militar israelí no los menciona. Los hospitales gazatíes sí. Esta asimetría en el conteo no es nueva -lleva años siendo la norma- pero no deja de ser reveladora. Para Israel, la operación eliminó a un terrorista peligroso. Para Gaza, fueron cinco vecinos menos.
Saad era, según la descripción, el tipo que hacía posible que Hamás siguiera disparando cohetes. Sin producción de armas, sin infraestructura, la resistencia se debilita. Desde la lógica militar israelí, eliminarlo era prioritario. Desde la lógica humanitaria, cada vida civil cuenta igual. El problema es que en esta guerra, solo una de esas lógicas parece importar cuando se toman las decisiones.
Lo más irónico -o trágico, según se vea- es que el ataque ocurre en la carretera de Rashid, que atraviesa Gaza de norte a sur. La misma ruta que usan los civiles para moverse, para buscar comida, para escapar de los bombardeos. La misma que ahora es escenario de otra «eliminación quirúrgica» que dejó cuatro bajas colaterales.
¿Y ahora qué?
Israel celebra otro alto mando eliminado. Hamás seguramente ya tiene un reemplazo -las organizaciones militantes son expertas en eso-. Los familiares de las otras cuatro víctimas entierran a sus muertos. Y el mundo sigue viendo, como desde hace más de dos años, cómo este conflicto se mide en cifras asimétricas: objetivos de alto valor versus vidas civiles, precisión tecnológica versus imprecisión humana, comunicados militares versus listas de morgues.
Raed Saad ya no diseñará más operativos. Pero la pregunta que su muerte deja flotando en el aire gazatí es más incómoda: ¿cuántos «Saad» más hay que eliminar? ¿Y a qué costo? Porque si la matemática sigue siendo cinco por uno, el saldo final será tan desproporcionado como la propia guerra.


