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domingo, enero 11, 2026

Putin a Maduro: ‘Te apoyo, pero no tanto’

El respaldo ruso a Venezuela tiene más de petróleo que de ideología

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TL;DR

  • Putin llamó a Maduro tras incautación de petrolero por EE.UU. frente a costas venezolanas
  • El respaldo ruso incluye proyectos energéticos pero no compromiso militar directo
  • Maduro llama a campesinos a tomar armas mientras busca asilo en Bielorrusia
  • El petróleo subió tras la tensión: Brent a USD 62.35 y WTI a USD 58.46

El teléfono rojo que no es tan rojo

Vladimir Putin hizo la llamada que todos esperaban, pero con el guión que nadie se imaginaba. Según Infobae, el presidente ruso sostuvo una conversación telefónica con Nicolás Maduro justo cuando las aguas del Caribe se calentaban más que un café en Maracaibo. La excusa: fuerzas estadounidenses habían incautado un petrolero frente a las costas venezolanas. El resultado: Putin transmitió «solidaridad con el pueblo venezolano» y respaldó la política del régimen. Pero aquí está lo interesante: el Kremlin habló de «proyectos conjuntos en áreas económica y energética», no de portaaviones ni de misiles. Es como si te dijeran «te apoyo moralmente» cuando lo que necesitas es que alguien te preste para la renta.

El petróleo que une más que la ideología

Putin puso el acento donde duele: el sector petrolero. No es casualidad. Según el reporte, tras la incautación del buque, el precio internacional del crudo se fue a las nubes: Brent alcanzó USD 62.35 el barril y el West Texas Intermediate llegó a USD 58.46. Venezuela tiene las reservas probadas más grandes del mundo, y Rusia necesita que ese petróleo siga fuera del mercado estadounidense para mantener los precios altos. La solidaridad revolucionaria suena bonita en los discursos, pero en el mundo real se mide en barriles por día. El Kremlin sabe que el chavismo sin petróleo es como un arepa sin relleno: pura masa vacía.

Maduro: campesinos con fusiles y pasaporte listo

Mientras Putin hablaba de «asociación estratégica», Maduro hacía su propio show. El dictador venezolano, en una marcha por el aniversario de la Batalla de Santa Inés, instó a campesinos y pescadores a prepararse para enfrentar militarmente a Estados Unidos. «Las mismas manos productivas del pueblo pueden tomar armas, tanques y misiles», dijo. Pero aquí viene la parte que huele a contradicción: al mismo tiempo que llama a la guerra popular, su embajador en Moscú se reunía por segunda vez en menos de tres semanas con Alexander Lukashenko, presidente de Bielorrusia. Y Lukashenko, según Infobae, aseguró que Maduro «siempre será bienvenido en Bielorrusia». ¿Entonces? ¿Se prepara para la invasión o para el exilio? Parece que Maduro tiene el pie en el acelerador de la retórica bélica pero la maleta lista bajo la cama.

La diplomacia del ‘sí, pero no tanto’

Maria Zakharova, portavoz de la Cancillería rusa, dio la clave sin querer: enfatizó «la importancia de evitar una escalada hacia un conflicto de gran escala con consecuencias imprevisibles para el hemisferio occidental». Traducción: «Apoyamos a Venezuela, pero no hasta el punto de que nos arrastre a una guerra con Estados Unidos». El comunicado del Kremlin habla de «canales de comunicación directa» que se mantienen abiertos permanentemente, no de bases militares ni de tratados de defensa mutua. Es el clásico «te ayudo desde lejos» que aplicas cuando un amigo se mete en problemas pero no quieres que la policía toque a tu puerta.

La pregunta incómoda que nadie hace

¿Hasta dónde llega realmente el apoyo ruso? Putin ofrece «proyectos conjuntos» y «solidaridad», pero cuando Maduro denuncia la incautación del petrolero como «piratería internacional», Moscú no envía su flota del Mar Negro a patrullar el Caribe. No amenaza con represalias. No convoca al Consejo de Seguridad de la ONU. Lo que sí hace es asegurarse de que los contratos petroleros sigan vigentes y que Venezuela siga siendo un dolor de cabeza para Washington en su patio trasero. Es geopolítica pura y dura: Rusia gasta poco (palabras de apoyo, reuniones diplomáticas) para ganar mucho (influencia en América Latina, presión sobre EE.UU., control sobre recursos energéticos). Mientras tanto, Maduro juega a ser el David contra Goliat, pero con la diferencia de que su honda está financiada por el petróleo que podría terminar pagando su boleto de salida.

El juego de las sillas musicales geopolíticas

Lo más revelador de todo este circo es el timing. La llamada ocurre después de la incautación del petrolero, cuando la tensión ya está en su punto más alto. No es una acción preventiva, sino reactiva. Putin no está diciendo «defenderemos a Venezuela cueste lo que cueste», sino «estamos aquí para negociar mejores condiciones para nuestros intereses petroleros». Y Maduro, que debería estar concentrado en resolver la crisis humanitaria que tiene a millones de venezolanos emigrando, prefiere organizar marchas históricas y hablar de tanques y misiles. Mientras el pueblo hace cola para comprar harina, su presidente fantasea con una guerra que ni sus aliados más cercanos quieren pelear. Al final, esta llamada telefónica no es más que otro capítulo en la larga novela de cómo las grandes potencias usan a los países pequeños como fichas en su tablero global. Y Venezuela, con su petróleo y su crisis, es la ficha más valiosa y más desgastada de todas.


Fuentes consultadas:

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