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sábado, enero 10, 2026

La paz de Trump que duró menos que un chicle

Tailandia y Camboya vuelven a las bombas seis semanas después del acuerdo mediado por EEUU

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TL;DR

  • Seis semanas después de que Trump proclamara haber detenido la guerra, los F-16 tailandeses bombardean posiciones camboyanas
  • Más de 400,000 personas han huido de sus hogares en ambos lados de la frontera
  • Tailandia acusa a Camboya de rearmarse; Camboya dice que fue atacada primero sin responder
  • El conflicto fronterizo lleva décadas y ya causó 43 muertos en enfrentamientos anteriores este año
  • Los líderes de ambos países se acusan mutuamente mientras la población civil paga los platos rotos

El acuerdo que nadie se tomó en serio

Donald Trump lo anunció como un triunfo diplomático: había detenido una guerra entre Tailandia y Camboya. Seis semanas después, los F-16 tailandeses bombardeaban posiciones camboyanas y más de 400,000 personas huían de sus hogares. CNN Español documenta que el «acuerdo de paz» promovido por el expresidente estadounidense se deshizo más rápido que un azucarillo en café caliente. La pregunta incómoda: ¿alguien realmente creyó que un conflicto fronterizo de décadas se resolvería con un apretón de manos mediático?

La versión del que pega primero

Como en toda pelea de vecinos, cada quien tiene su historia. Tailandia dice que un soldado suyo murió y ocho resultaron heridos en un choque previo, por lo que lanzaron ataques aéreos «para disuadir y reducir las capacidades camboyanas». DW reporta que el portavoz militar tailandés, Winthai Suvaree, justificó el uso de aviones para «atacar objetivos militares en varias áreas». Pero Camboya tiene otra versión: Maly Socheata, portavoz del Ministerio de Defensa camboyano, asegura que las fuerzas tailandesas atacaron primero y que ellos no respondieron. Tres civiles camboyanos graves y aldeas evacuadas completan su relato.

400,000 desplazados y contando

Mientras los gobiernos se miden el ego, la gente común huye. El País detalla que los enfrentamientos se produjeron en múltiples posiciones, incluyendo cerca del templo de Tamoan Thom. Los números son escalofriantes: más de 385,000 civiles tailandeses desplazados en cuatro provincias, según CNN Español, y 1,157 familias camboyanas evacuadas. DW habla de 35,000 personas evacuadas solo del lado tailandés. La discrepancia en las cifras revela algo: en medio del caos, ni siquiera los números cuadran.

Un conflicto que viene de lejos (muy lejos)

Esto no empezó ayer. La frontera entre Tailandia y Camboya lleva décadas siendo un polvorín. CNN Español recuerda que ambos países arrastran disputas territoriales heredadas del periodo colonial -Camboya obtuvo la independencia de Francia en 1953- que nunca se resolvieron del todo. La falta de una delimitación clara en algunos tramos ha provocado numerosos incidentes. Y esto ya había explotado antes: a principios de este año, cinco días de enfrentamientos dejaron 43 muertos y unos 300,000 desplazados. En 2011, otro episodio similar causó 17 muertos.

Los discursos bélicos que no ayudan

El primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, declaró por televisión que su gobierno llevará a cabo «todas las operaciones militares necesarias» para defender el país. «Tailandia nunca ha sido el que inicia un ataque ni un agresor, pero no tolerará una violación de su soberanía», dijo. Luego añadió a los reporteros que las negociaciones «ya no funcionan porque es demasiado tarde». Del otro lado, Hun Sen, el influyente ex primer ministro camboyano y padre del líder actual, escribió en Facebook que los militares tailandeses buscan provocar a Camboya y fijó «una línea roja para responder». Cuando ambos bandos hablan de líneas rojas y operaciones necesarias, lo único seguro es que habrá más bombas.

¿Y ahora qué, señor Trump?

El acuerdo de paz promovido por el expresidente estadounidense duró lo que un suspiro en huracán. Seis semanas bastaron para que volvieran los bombardeos, las acusaciones mutuas y el desplazamiento masivo. La pregunta que nadie quiere responder es incómoda: ¿fue ese acuerdo una verdadera solución diplomática o solo un espectáculo para las cámaras? Cuando las tensiones vienen de disputas territoriales no resueltas, de resentimientos históricos y de intereses geopolíticos complejos, un apretón de manos en Washington no arregla nada. Lo que sí queda claro es que, mientras los líderes juegan a la guerra, 400,000 personas ya perdieron sus hogares. Y esa cifra, a diferencia de las versiones oficiales, no admite dos lecturas.


Fuentes consultadas:

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