TL;DR
- Una sola función en el Teatro Julio Castillo con boletos de 250 a 700 pesos
- El INBAL la llama ‘broche de oro’ de una temporada con compañías internacionales
- La obra promete ‘romper la lógica del cuerpo’ con inspiración buñuelesca
- La crítica: ¿es esto realmente accesible o solo para élites culturales?
El ‘broche de oro’ que pocos pueden ver
Nueve mujeres avanzan como si custodiaran un secreto antiguo, pero el verdadero secreto aquí es quién diablos puede pagar 700 pesos por verlas. La compañía española La Veronal llega por primera vez a México con Sonoma, y según La Jornada, el Instituto Nacional de Bellas Artes la presenta como el «broche de oro» de una temporada que no se veía «en muchos años». Alonso Alarcón Múgica, coordinador nacional de Danza del INBAL, se emociona: «rompe la lógica orgánica del cuerpo y abre un territorio nuevo para nuestras comunidades artísticas».
Pero vamos a los números fríos: una sola función. Hoy, 9 de diciembre, a las 20 horas en el Teatro Julio Castillo. Boletos de 700, 400 y 250 pesos. Con descuentos para maestros, estudiantes y adultos mayores, sí, pero el precio base es claro: esto no es para cualquiera. Enfoquenoticias lo reporta sin cuestionar, como si fuera normal que una obra «que establece diálogo con rituales de pueblos originarios» cueste lo mismo que la cena en un restaurante decente.
La contradicción del ‘diálogo ancestral’
Aquí está lo que pica: la obra, dirigida por Marcos Morau (Premio Nacional de Danza en España), se inspira en el surrealismo de Luis Buñuel y según La Jornada «establece un diálogo con rituales de pueblos originarios, prácticas circulares y lo que define como ‘la reactivación de lo ancestral en un territorio plenamente contemporáneo'».
¿Entienden la ironía? Hablamos de «diálogo con pueblos originarios» mientras la función única ocurre en el Centro Cultural del Bosque, detrás del Auditorio Nacional, con precios que excluyen a la mayoría de esos mismos «pueblos originarios» o a cualquier persona que no pertenezca a la élite cultural capitalina. Alarcón Múgica dice que «la mezcla, el cruce y la diversidad ayudan a desmontar nacionalismos que impiden encontrarnos». Bonito discurso, pero ¿qué diversidad hay en un teatro donde el boleto más barato cuesta 250 pesos?
Diariodemexico apenas menciona la presentación entre otras notas culturales, sin profundizar en esta contradicción fundamental. La obra llega como parte de las actividades relacionadas con Barcelona como Ciudad Invitada de Honor en la FIL de Guadalajara, con apoyo del Instituto Ramón Llull. O sea: es un intercambio cultural entre instituciones, no precisamente un esfuerzo por democratizar el acceso.
¿Pedagogía para quién?
El coordinador de Danza del INBAL argumenta que «ver de cerca esta técnica amplía referencias, favorece cruces e inspira a los creadores. Puede dar pie a talleres y futuros intercambios que fortalezcan la pedagogía». También menciona que permite a «estudiantes de las escuelas del INBAL y la comunidad artística del país experimentar directamente una compañía de reconocimiento internacional».
Pero pensemos: ¿cuántos estudiantes de danza pueden pagar 250 pesos por un boleto? ¿O 700? La «pedagogía» aquí parece limitarse a quienes ya están dentro del circuito institucional, no a la gente común. La Veronal, según Enfoquenoticias, ha presentado su trabajo en los escenarios más prestigiosos de más de treinta países, incluyendo el Théâtre National de Chaillot en París y el Sadler’s Wells en Londres. Excelente currículum, pero eso no responde la pregunta incómoda: ¿para quién es realmente esta «experiencia estética» en México?
El lenguaje que ‘rompe’ todo menos los precios
La obra refleja el sello de Morau en «las rupturas de línea y las disociaciones del cuerpo», creando un universo «ancestral, contemporáneo, disciplinado, volcánico». Surgió como extensión de un trabajo para el Ballet de Lorraine y convive «la localidad de Calanda y París, lo telúrico y lo onírico, el tambor que marca un ritmo antiguo y la precisión de la danza contemporánea».
Todo suena muy bien, muy vanguardista, muy «rompedor». Pero hay algo que no rompe: la lógica económica del acceso cultural en México. Mientras el INBAL celebra esta visita como un logro (y lo es, técnicamente), no cuestiona por qué la danza de «reconocimiento internacional» sigue siendo un lujo para pocos.
La paradoja es completa: una obra que habla de «rituales de pueblos originarios» y «reactivación de lo ancestral» se presenta en condiciones que reproducen exactamente las barreras de clase que supuestamente quiere «desmontar». Alarcón Múgica, nacido en Veracruz, vincula su trayectoria con la de Morau, nacido en Valencia: «Somos coreógrafos contemporáneos». Pero hay una diferencia: uno presenta su obra en México con precios prohibitivos, y el otro la promueve desde una institución que debería garantizar acceso, no restringirlo.
La pregunta que nadie hace
Así que aquí estamos: una compañía española de prestigio, una obra con inspiración buñuelesca, un discurso sobre diálogo ancestral y desmontar nacionalismos. Todo muy bonito en el papel.
Pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿de qué sirve traer a «la compañía más aclamada» si solo puede verla quien tiene 700 pesos para gastar en una función única? ¿Es esto realmente «fortalecer la pedagogía» o simplemente cumplir con la cuota de «internacionalización» que hace quedar bien a las instituciones?
El INBAL podría argumentar que los descuentos existen, que hay accesibilidad. Pero los números hablan: una función, precios altos, ubicación céntrica. No hay funciones populares, no hay presentaciones en espacios comunitarios, no hay transmisión gratuita. Solo el ritual del teatro de élite, disfrazado de «diálogo con lo ancestral».
Quizás lo más surrealista de esta obra inspirada en Buñuel no sea su coreografía «fragmentada, incisiva y ritual», sino la normalidad con que aceptamos que el arte «de vanguardia» sea, en la práctica, un privilegio de clase. Y eso sí que «rompe la lógica»… pero no la del cuerpo, sino la de cualquier pretensión real de democratización cultural.


