TL;DR
- EEUU y Siria destruyeron 15 depósitos de armas del EI en operación conjunta
- El presidente sirio Ahmed al Sharaa era excomandante de Al Qaeda hasta hace poco sancionado
- Trump prometió hacer «todo lo posible» para que Siria prospere tras reunirse con Sharaa
- El Estado Islámico se está reagrupando pese a haber sido «aplastado» hace años
La foto que nadie quería tomar
Imaginen esta escena: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estrechando la mano de un excomandante de Al Qaeda que hasta hace poco estaba en la lista de sancionados de Washington. Suena a guión de película mala, pero según DW, eso pasó el 10 de noviembre. Ahmed al Sharaa, el presidente sirio, no solo se reunió con Trump, sino que logró que el mandatario estadounidense prometiera «hacer todo lo posible para que Siria prosperara». Y aquí estamos, tres semanas después, viendo a ambos países coordinando ataques aéreos como si fueran viejos amigos.
La operación que nadie esperaba
Del 24 al 27 de noviembre, aviones F-35 estadounidenses y fuerzas sirias se coordinaron para destruir más de 15 depósitos de armas del Estado Islámico en la provincia de Rif Dimashq. Según el comunicado del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) que cita DW, se eliminaron más de 130 morteros y cohetes, fusiles de asalto, ametralladoras, minas antitanque y hasta materiales para fabricar explosivos improvisados. Lo curioso: también encontraron «drogas ilícitas en cantidades no especificadas». Porque claro, cuando uno piensa en el Estado Islámico, lo primero que viene a la mente son narcotraficantes con ideología yihadista.
El enemigo que nunca se fue
Aquí está el detalle que nadie quiere admitir en voz alta: el Estado Islámico, ese grupo que supuestamente fue «aplastado en gran medida por una coalición liderada por Estados Unidos hace varios años», sigue ahí. Y no solo sigue, sino que, como reporta DW, «ha logrado reconstruirse y reagruparse en zonas aisladas» de Siria e Irak. El almirante Brad Cooper, a cargo del Comando Central, declaró que esta operación «garantiza que los avances logrados contra EI sean duraderos». Pero si ya lo habían aplastado hace años, ¿por qué necesitan garantizar que no se regeneren? ¿Acaso aplastar no era suficiente?
La ironía geopolítica
Pongamos las cartas sobre la mesa: Estados Unidos está coordinando operaciones militares con un gobierno cuyo presidente hasta hace poco estaba sancionado por… ser excomandante de Al Qaeda. El mismo Ahmed al Sharaa que, según DW, tenía como «uno de los principales objetivos» en su reunión con Trump «impulsar la eliminación de las sanciones estadounidenses más severas contra el país». Y parece que la estrategia le funcionó: primero se reúne con Trump, luego coordinan operaciones militares conjuntas, y de pronto las sanciones empiezan a parecer un mal recuerdo.
El juego de las sillas musicales yihadistas
Lo que nadie dice abiertamente es que estamos viendo el reacomodo más extraño de aliados en Medio Oriente desde que empezó este desmadre. Hace unos años, Al Qaeda y el Estado Islámico eran enemigos acérrimos (sí, hasta los terroristas tienen sus diferencias ideológicas). Ahora, un excomandante de Al Qaeda gobierna Siria y se alía con Estados Unidos para combatir al Estado Islámico. Mientras tanto, el EI, que según todos los reportes oficiales estaba «aplastado», sigue teniendo suficientes armas como para llenar 15 depósitos y drogas ilícitas «en cantidades no especificadas».
La pregunta incómoda
¿Realmente creen que esta operación conjunta es solo sobre combatir al Estado Islámico? O será que, como sugiere DW, Sharaa está usando su nueva posición como «aliado contra el terrorismo» para lavar su imagen y conseguir que levanten las sanciones que tienen ahogada a la economía siria. Trump promete hacer «todo lo posible» para que Siria prospere, pero nadie explica cómo pasa uno de ser excomandante de Al Qaeda sancionado a socio estratégico en menos de un mes.
El ciclo que no termina
Lo más preocupante de todo esto no es la alianza extraña, sino el hecho de que seguimos en el mismo ciclo: operación militar exitosa, declaraciones triunfalistas, y unos meses después… otra operación militar porque el enemigo «se reagrupó». DW documenta que esta operación se da «tres meses después de que las fuerzas estadounidenses eliminaran a un alto mando del Estado Islámico en el norte de Siria». ¿Cuántos «altos mandos» hay que eliminar? ¿Cuántos depósitos de armas hay que destruir? ¿Cuándo admitiremos que quizás el problema no se resuelve solo con bombas y comunicados de prensa?
Al final del día, lo que tenemos es una foto imposible: Estados Unidos y un excomandante de Al Qaeda dándose la mano mientras destruyen armas de un grupo que supuestamente ya habían derrotado. Y todos felices, porque al menos por esta semana, podemos decir que hicimos algo contra el terrorismo. Hasta la próxima operación, claro.


