TL;DR
- Los gatos domésticos llegaron a Europa hace 2,000 años con los romanos, no hace 6,000 con los agricultores
- Viajaban como cazadores de ratones en barcos de grano egipcio rumbo a Roma
- El ejército romano los dispersó por sus campamentos militares por toda Europa
- Los gatos ‘prehistóricos’ europeos resultaron ser monteses salvajes, no domésticos
Todo lo que sabías de tu gato es mentira
Imagina esto: tu minino durmiendo en el sofá, con esa actitud de «yo soy el rey de la casa», tiene más de historia imperial de lo que creías. Resulta que no llegó a Europa como buen vecino prehistórico ayudando a los primeros agricultores. No, señor. Llegó como polizón en barcos romanos, probablemente cazando ratones a cambio de pasaje. Según DW, la genética tumba de un golpe la historia oficial felina: los gatos domésticos aparecieron en Europa hace unos 2,000 años, en pleno auge del Imperio Romano, no hace 6,000 o 7,000 como nos habían contado.
Los romanos: los primeros gateros de Europa
Aquí está el detalle que nadie te había contado: mientras los perros llevaban milenios siendo el mejor amigo del hombre, los gatos andaban en el norte de África haciendo su vida salvaje. El estudio genómico analizó 225 huesos de entre 10,000 años y el siglo XIX, y la conclusión es contundente: los restos felinos de la Europa prehistórica eran de gatos monteses, no de domésticos. O sea, lo que los arqueólogos llevaban décadas identificando como «gatos antiguos» eran básicamente primos salvajes que ni siquiera se acercaban a los humanos.
El paleogenetista Claudio Ottoni lo dice claro: «Mostramos que los primeros genomas de gatos domésticos en Europa aparecen a partir del período imperial romano». Traducción: todo lo anterior era puro cuento. Y el mecanismo de dispersión tiene trama de serie histórica: el ejército romano, con sus campamentos militares por todo el continente, fue el principal vector de distribución gatuna. Encontraron al gato doméstico más antiguo de Europa en Mautern, Austria, en un fuerte romano junto al Danubio, datado entre el 50 a.C. y el 80 d.C.
Dos oleadas migratorias: la invasión gatuna
La genética revela que hubo dos llegadas desde el norte de África, y ninguna fue turística. La primera, hace unos 2,200 años, introdujo gatos monteses en Cerdeña, que son los ancestros de la población salvaje actual de la isla. La segunda, unos dos siglos después, es la que realmente importa: esa sí trajo la línea genética de los gatos domésticos europeos modernos.
Lo curioso es que la domesticación no tuvo un solo centro. Bea De Cupere, zooarqueóloga del estudio, explica que distintas regiones y culturas del norte de África participaron en el proceso. O sea, no fue un «momento eureka» en un solo lugar, sino un proceso disperso y gradual donde diferentes grupos humanos fueron metiendo a los gatos en sus vidas.
De cazadores a dioses a mascotas
Aquí viene lo bueno: los gatos no viajaban solo como trabajadores. En Egipto eran venerados, formaban parte del panteón religioso, se momificaban para acompañar a la élite en sus enterramientos. La diosa Bastet con cabeza de gato no era metáfora: era el reflejo de un animal con valor religioso y simbólico enorme.
Las oleadas genéticas detectadas coinciden con épocas de intenso comercio mediterráneo. Los barcos cargados de grano egipcio rumbo a Roma necesitaban control de plagas, y los gatos eran la solución perfecta. Pero también viajaban como objetos de valor religioso, como símbolos de estatus, como compañeros de la élite. El estudio de DW documenta cómo estos felinos pasaron de ser cazadores utilitarios a integrarse en sociedades, economías y hasta creencias.
Lo que todavía no sabemos (y duele)
Aquí está el problema: con toda esta información revolucionaria, el estudio no logra precisar cuándo y dónde comenzó exactamente la domesticación. Sabemos cómo llegaron a Europa, sabemos que fue con los romanos, sabemos que venían del norte de África… pero el momento cero, el «aquí empezó todo», sigue siendo un misterio.
Lo que sí queda claro es que llevamos siglos contando la historia equivocada. Mientras los libros de texto seguían repitiendo que los gatos llegaron con los primeros agricultores del Neolítico, la evidencia genética gritaba otra cosa. Y esto debería hacernos preguntar: ¿cuántas otras «verdades» históricas estamos repitiendo sin cuestionar porque siempre se han dicho así?
Tu gato, ese que te mira con desdén desde el respaldo del sillón, tiene una historia de viajes transmediterráneos, de barcos romanos, de campamentos militares y de transformación religiosa. No es el animal doméstico prehistórico que creías. Es un descendiente de inmigrantes imperiales que llegaron a Europa como trabajadores especializados y terminaron conquistándolo todo. Como los romanos, pero con más estilo y mejor pelaje.


