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sábado, enero 10, 2026

Sismo de 4.1 en Guerrero: ¿Por qué nadie se sorprende?

El temblor de ayer en Arcelia revela la normalización del riesgo sísmico en México

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TL;DR

  • El Sismológico Nacional reportó un sismo de 4.1 con epicentro a 27 km al sur de Arcelia
  • A las 13:05:58 del jueves 27 de noviembre 2025, Guerrero volvió a temblar como lo hace casi diario
  • Las autoridades no reportaron víctimas ni daños, pero la normalización del riesgo es el verdadero peligro
  • México registra en promedio 90 sismos diarios, pero solo nos acordamos cuando superan los 6 grados

Guerrero tiembla otra vez y a nadie le importa

El Servicio Sismológico Nacional (SSN) reportó ayer un sismo de 4.1 de magnitud en Guerrero, con epicentro a 27 km al sur de Arcelia y a 58 kilómetros de profundidad. Según Ambito, el movimiento ocurrió exactamente a las 13:05:58 del jueves 27 de noviembre de 2025. Lo interesante no es el temblor en sí, sino que ya ni siquiera nos sorprende. Un sismo de 4.1 en Guerrero es como decir «hoy es jueves» – tan predecible que casi pasa desapercibido.

La normalización del riesgo: nuestro peor enemigo

Cuando las autoridades estatales «no confirmaron la presencia de víctimas, heridos o daños materiales», la noticia se archivó como otro día normal en México. Pero aquí está el problema: nos estamos acostumbrando a vivir con la amenaza sísmica como si fuera ruido de fondo. Guerrero, junto con Oaxaca y Chiapas, forma el triángulo dorado de la actividad telúrica en México. Según el SSN, esta región concentra el 65% de los sismos del país. Un 4.1 aquí es como un estornudo en temporada de gripe – apenas merece atención.

La paradoja del contenido exclusivo

Ambito reporta que «el contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores», lo que me hace preguntarme: ¿realmente estamos poniendo muros de pago a información de seguridad pública? Un sismo, por pequeño que sea, es información que debería ser de acceso universal. No estamos hablando de análisis de mercado o recetas de cocina – es literalmente el suelo moviéndose bajo nuestros pies. La mercantilización de la información sísmica es tan absurda como cobrar por escuchar la alerta sísmica.

¿4.1 es poco o mucho? Depende de dónde estés parado

Para los habitantes de la CDMX, un 4.1 en Guerrero es apenas un suspiro. Para los de Arcelia y zonas aledañas, fue suficiente para que «varios ciudadanos de la zona dieran aviso de temblores» en redes sociales. Esta diferencia de percepción es clave: mientras en la capital nos volvemos insensibles a los sismos menores, en las comunidades cercanas al epicentro cada movimiento cuenta. La profundidad de 58 km ayudó a que la energía se disipara, pero ¿qué pasa cuando el próximo sea más superficial?

La ciencia detrás del olvido

El mismo artículo de Ambito explica cómo funcionan los sismógrafos: «una masa suspendida por un resorte que le permite permanecer en reposo por algunos instantes con respecto al movimiento del suelo». Irónicamente, esa descripción aplica perfectamente a nuestra actitud como sociedad: permanecemos en reposo hasta que el movimiento es demasiado fuerte para ignorarlo. Y sobre las réplicas, el texto señala que «pueden ocurrir minutos, días y hasta años después del evento principal». Lo mismo pasa con nuestra memoria sísmica: recordamos el 85, el 2017, y olvidamos los cientos de sismos intermedios.

La verdadera magnitud no está en la escala Richter

La magnitud real del problema no es 4.1, sino nuestra capacidad de normalizar lo anormal. México registra en promedio 90 sismos diarios, según datos del SSN. La mayoría son imperceptibles, pero esa estadística debería mantenernos en alerta constante. En cambio, nos acostumbramos. Cuando el Sismológico Nacional tuitea «SISMO Magnitud 4.1» y la interacción es mínima, estamos midiendo algo más peligroso que la actividad tectónica: nuestra indiferencia colectiva.

¿Y si el próximo no es de 4.1?

El verdadero riesgo no es este sismo en particular, sino lo que representa: un recordatorio de que vivimos en uno de los países más sísmicos del mundo, pero actuamos como si fuera una curiosidad geológica. Guerrero acumula energía constantemente en la zona de subducción entre las placas de Cocos y Norteamérica. Cada sismo pequeño libera un poco de esa tensión, pero la pregunta incómoda es: ¿qué pasa cuando la acumulación supera nuestra capacidad de ignorarla? Mientras tanto, seguiremos clasificando los temblores por su valor noticioso: 4.1 = «ah, bueno»; 6.0 = «uh, cuidado»; 7.0 = «corran, hay que tuitear».


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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