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domingo, enero 11, 2026

La Gen Z mexicana: ¿rebelión auténtica o marioneta digital?

Cuatro marchas en una y ninguna parece lo que dice ser

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TL;DR

  • La «marcha de la Gen Z» fue en realidad cuatro movilizaciones distintas según las fuentes
  • El Universal documenta que solo 17,000 asistentes fueron a pesar de representar 31 millones de jóvenes
  • La Jornada señala financiamiento desde el edificio de Insurgentes para grupos violentos
  • El País revela que la convocatoria usó 8 millones de bots con vocabulario no mexicano

El desmadre de las cuatro marchas

Resulta que el 15 de noviembre no hubo una marcha, sino cuatro. Según La Jornada, la derecha mandó cuatro movilizaciones distintas: la de la Gen Z que «no significó mucho», la de «los sombreros» que quedó marginada, la de los violentos que se dividió en dos grupos, y la más peligrosa: la de los medios que fabricaron un relato increíble. La pregunta que nadie quiere hacerse: ¿cuántos de los que salieron a la calle realmente representaban a la generación Z y cuántos eran mercenarios políticos?

La matemática que no cuadra

El País pone los números sobre la mesa: 31 millones de jóvenes en México, 26.5 millones con derecho a voto, y apenas 17,000 asistentes según cifras oficiales. Eso es el 0.06% de la población joven del país. Para ponerlo en perspectiva: si la Gen Z fuera un estadio Azteca lleno, solo habrían asistido 17 personas. ¿De verdad esto representa un movimiento masivo o más bien una operación de márketing político mal ejecutada?

La fábrica de bots y el vocabulario importado

Aquí es donde la cosa se pone interesante. El País documenta que la marcha no surgió de calles ni universidades, sino de «estrategas digitales —ni de jóvenes, ni de mexicanos— vinculados a Javier Milei, Jair Bolsonaro y La Derecha Diario». La receta incluyó 8 millones de bots que amplificaron la convocatoria con un vocabulario ajeno al habla mexicana —como «plata» para referirse al dinero—. No mames, ¿de verdad creen que los jóvenes mexicanos dicen «plata» en lugar de «lana» o «varo»?

Los violentos de mochila de marca

La Jornada describe con lujo de detalle a los grupos de choque: unos vestidos de negro con rostro cubierto, otros «con mochilas de marca, cascos que no deben ser muy baratos y atacaban en pequeños piquetes». Estos últimos estaban «muy bien adiestrados, mucho mejor que los de negro». La pregunta incómoda: ¿de dónde salió el dinero para equipar a estos «jóvenes rebeldes» con equipo de lujo?

La respuesta oficial: del manual populista

Milenio señala que el manual populista de la 4T tiene tres acciones para las movilizaciones: descalificación, minimización y contramarcha. Pero aquí hay un problema: al dedicar tanto tiempo a descalificar la manifestación, la presidenta Sheinbaum acabó magnificándola en medios internacionales. El Financiero va más allá y acusa al gobierno de usar «la herramienta política del miedo» para inmovilizar a la sociedad.

El mosaico ideológico imposible

El verdadero desastre conceptual lo expone El País: en la misma marcha había banderas de One Piece, pancartas de «Help Trump», esvásticas nazis, consignas misóginas, referencias a la «dictadura» y el «narcogobierno», mensajes antisemitas y sionistas. ¿En qué cabeza cabe que todos estos grupos puedan coincidir en algo? Parece más bien un collage de todo lo que odia la derecha internacional metido en una licuadora.

La gran pregunta que nadie responde

Si realmente querían protestar por la inseguridad —el asesinato del alcalde Carlos Manzo fue el detonante—, ¿por qué permitir que el mensaje se diluyera en esta ensalada de consignas contradictorias? La Jornada sugiere que el dinero para los violentos salió «de lo que no se quiere pagar para beneficio de todos vía impuestos». Mientras tanto, Milenio advierte que subestimar a la Gen Z podría ser un error costoso. Al final, todos pierden: los jóvenes legítimamente indignados ven su causa secuestrada, el gobierno se enreda en teorías conspirativas, y los únicos que ganan son los que financian el caos desde sus cómodos despachos.


Fuentes consultadas:

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