TL;DR
- Perú ordenó 5 meses de prisión preventiva y captura internacional contra Betssy Chávez
- La exprimera ministra está acusada de coautora del delito de rebelión por el intento de disolución del Congreso de 2022
- Chávez recibió asilo de México y se encuentra en la embajada mexicana en Lima desde inicios de noviembre
- Perú rompió relaciones con México y declaró persona no grata a Claudia Sheinbaum por el asilo concedido
- El gobierno peruano sostiene que el asilo se usó de forma «indebida» porque Chávez enfrenta un delito común
La orden que cambió todo: de la libertad vigilada a la prisión preventiva
La justicia peruana no se anda con medias tintas. Este viernes, el juez supremo Juan Carlos Checkley aceptó el pedido de la fiscalía y ordenó cinco meses de prisión preventiva contra Betssy Chávez, la exprimera ministra que hasta hace poco gozaba de comparecencia con restricciones. Según La Jornada, el cambio radical en su situación legal llegó después de que Chávez «incumpliera las reglas de conducta a las que estaba sometida en libertad y se asilara en la embajada mexicana». O sea, buscar refugio diplomático fue interpretado como romper las reglas del juego.
El fantasma del 7 de diciembre de 2022
¿Pero por qué tanto escándalo con una exprimera ministra? El meollo del asunto está en lo que pasó ese día fatídico cuando el entonces presidente Pedro Castillo intentó disolver el Congreso. Chávez está acusada de nada menos que coautora del delito de rebelión por su participación en ese intento que finalmente derivó en la destitución de Castillo. No es cualquier acusación – estamos hablando de un delito que toca las fibras más sensibles del sistema político peruano.
El asilo que rompió relaciones
México le tendió la mano a Chávez a inicios de noviembre, otorgándole asilo político en su embajada en Lima. La reacción peruana fue inmediata y contundente: rompieron relaciones diplomáticas con México. Pero no se quedaron ahí – el Congreso peruano fue más allá y declaró persona no grata a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Los legisladores peruanos calificaron la acción mexicana como una «reiterada injerencia» en sus asuntos internos.
La batalla legal por el salvoconducto
Ahora viene lo bueno: Perú informó esta semana que había resuelto «demorar» la decisión de concederle a Chávez un salvoconducto para que abandone el país hacia México. ¿La excusa? Necesitan consultar con países miembros de la OEA sobre la Convención de Caracas. El gobierno peruano sostiene que en el caso de Chávez esta convención se ha usado de forma «indebida» porque la exprimera ministra está acusada de un delito común y no es víctima de persecución política.
México responde: «Planteamientos falsos»
Del otro lado del ring, México no se quedó callado. A través de un comunicado difundido por la Cancillería, el gobierno mexicano objetó la decisión de los congresistas peruanos y dijo que la medida estaba motivada por «planteamientos falsos». La batalla diplomática está servida, y en el medio queda Chávez, atrapada en una embajada mientras la justicia peruana busca capturarla nacional e internacionalmente.
¿Persecución política o delito común?
Aquí está el debate de fondo que nadie quiere abordar directamente: ¿realmente Chávez enfrenta un delito común como sostiene Perú, o estamos ante un caso de persecución política disfrazada? La acusación de rebelión por el intento de disolución del Congreso ciertamente tiene tintes políticos, pero el gobierno peruano insiste en tratarlo como un asunto puramente penal. Mientras tanto, México apuesta por la protección diplomática argumentando motivos políticos.
Lo que viene: una crisis con sabor a déjà vu
Esta no es la primera vez que un asilo diplomático genera tensiones entre países latinoamericanos, pero la magnitud de la respuesta peruana – romper relaciones y declarar persona no grata a una presidenta – marca un precedente preocupante. Con la captura internacional ordenada y el salvoconducto «demorado», Chávez podría pasar mucho tiempo entre las cuatro paredes de la embajada mexicana. Y la pregunta que queda flotando es: ¿quién gana realmente en este juego de ajedrez diplomático donde las piezas son personas y las reglas parecen escribirse sobre la marcha?


