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martes, enero 13, 2026

El robot ruso que baila para Putin y se cae en el escenario

La paradoja tecnológica de un Kremlin analógico que sueña con humanoides

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TL;DR

  • Putin es un líder analógico que no usa celular pero promueve IA como «futuro de la humanidad»
  • El robot Aldol se cayó a los 3 pasos en su presentación, mientras Grin bailaba para el presidente
  • Rusia busca soberanía tecnológica pero sus humanoides están años atrás de Tesla y Boston Dynamics
  • La caída del robot simboliza la brecha entre la ambición rusa y su capacidad real

El presidente que toma notas a mano y sueña con robots

Vladímir Putin es un hombre del siglo XX atrapado en la carrera tecnológica del XXI. Según Efe, el líder ruso «no lleva teléfono móvil y apenas utiliza internet», siempre comparece con hojas de papel y toma notas a bolígrafo. Su portavoz confirma que «el presidente no emplea la inteligencia artificial en su trabajo». Pero este hombre analógico está obsesionado con la IA y la longevidad – habla de llegar a los 150 años mientras presiona al gobierno para introducir inteligencia artificial «en todas las facetas de la vida».

La semana en que Rusia mostró sus dos caras robóticas

En cuestión de días, el mundo vio el contraste brutal entre la narrativa oficial y la realidad tecnológica rusa. Por un lado, La Jornada documentó cómo el robot Grin bailó para Putin, presentándose como «el primer robot humanoide ruso con inteligencia artificial integrada». El espectáculo fue tan coreografiado que hasta los guardaespaldas del presidente se pusieron entre el robot y su jefe. Putin calificó la actuación de «muy bonita».

Pero días antes, la otra cara de la moneda quedó expuesta cuando Gizmodo capturó el momento en que Aldol, el primer humanoide ruso, avanzó tres pasos, se tambaleó y cayó de bruces en el escenario. La música de Rocky que acompañaba la presentación -símbolo de superación- terminó sonando a ironía cuando dos operarios tuvieron que retirar el robot detrás del telón.

La brecha que duele: Rusia vs el mundo

El CEO de Aldol intentó minimizar el incidente llamándolo «entretenimiento en tiempo real», pero el daño reputacional ya estaba hecho. Mientras Tesla y Boston Dynamics muestran humanoides que saltan, corren y manipulan objetos complejos, el desplome de Aldol lo situó «mucho más cerca de los prototipos universitarios de hace una década», según el análisis de Gizmodo.

La paradoja es que Rusia insiste en su soberanía tecnológica. Putin mismo advirtió que «no podemos permitir una dependencia vital de sistemas ajenos». Pero las sanciones internacionales han restringido su acceso a componentes clave, y el intento de sustituirlos con producción doméstica ha expuesto las limitaciones reales. Aldol tenía como objetivo usar 93% de componentes rusos -actualmente está en 77%- pero ni eso evitó el bochorno.

¿Show mediático o desarrollo real?

Lo que más llama la atención es la diferencia de enfoque entre las presentaciones. Grin bailando para Putin fue un espectáculo controlado, con guardaespaldas de por medio y transmisión televisiva. Aldol, en cambio, fue presentado como una demostración técnica real -y falló estrepitosamente.

Putin sigue insistiendo en que Rusia debe coordinar la IA a través de una agencia estatal y construir centros de procesamiento de datos «sobre la base de las centrales nucleares». Mientras tanto, su primer humanoide funcional no puede ni mantenerse en pie. El contraste entre la ambición declarada y la capacidad demostrada no podría ser más evidente.

La lección que nadie quiere aprender

Putin, el mismo que advierte del peligro de dividir a la sociedad entre «élites tecnológicas» y quienes solo «aprietan el botón», parece no ver la ironía de promover robots bailarines mientras el país lucha por desarrollar tecnología básica. Su obsesión con la longevidad -habla de vivir 150 años- choca con la realidad de un desarrollo tecnológico que apenas puede dar sus primeros pasos sin caerse.

Aldol no es solo un robot que se cayó. Es el símbolo de un país que quiere competir en la liga mayor con herramientas de segunda división. Y mientras los humanoides de Occidente avanzan hacia la funcionalidad industrial, Rusia sigue mostrando coreografías para la cámara. La pregunta incómoda queda flotando: ¿realmente están construyendo el futuro o solo montando un espectáculo para el hombre que todavía toma notas a mano?


Fuentes consultadas:

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