TL;DR
- Putin anuncia prueba exitosa del dron Poseidón, capaz de transportar cargas atómicas
- El dron mide 20 metros, pesa 100 toneladas y puede operar a más de 1 km de profundidad
- Es la segunda prueba de arma nuclear en días, tras el misil Burevéstnik del 21 de octubre
- Trump canceló encuentro con Putin y aprobó sanciones, señalando que «Putin no quiere paz»
El juego nuclear que nadie pidió
Vladimir Putin eligió un escenario peculiar para anunciar su nuevo juguete militar: rodeado de soldados heridos en la guerra de Ucrania, el presidente ruso reveló este miércoles que había probado con éxito el dron submarino nuclear Poseidón. Según France24, el aparato es de propulsión nuclear y puede transportar cargas atómicas, siendo capaz de «devastar regiones costeras». La ironía de presentar un arma de destrucción masiva mientras se visita a víctimas de guerra parece habérsele escapado al Kremlin.
Especificaciones que dan miedo
Los números del Poseidón son para quedarse sin aliento: 20 metros de largo, 1,8 metros de diámetro, 100 toneladas de peso y un alcance de 10,000 kilómetros. Pero lo verdaderamente escalofriante es su capacidad de desplazarse a más de un kilómetro de profundidad sin ser detectado, según fuentes militares rusas citadas por la agencia TASS. Putin no se anda con rodeos: «Ningún otro aparato en el mundo se le iguala en velocidad y profundidad», afirmó, añadiendo que «no hay forma de interceptarlo». La pregunta que queda flotando es: ¿disuasión necesaria o carrera armamentística innecesaria?
La escalada que no cesa
Esta no es la primera demostración de fuerza nuclear rusa en días. El 21 de octubre, Moscú ya había probado el misil de crucero Burevestnik, que según Putin puede «escapar a casi todos los sistemas de interceptación». Y el 22 de octubre realizó maniobras de lanzamiento nuclear. Tres pruebas de armamento nuclear en menos de diez días. El timing no es casual: ocurre mientras los diálogos con Donald Trump para alcanzar una posible paz con Ucrania parecen estancados.
El contexto diplomático: sanciones y cancelaciones
Trump respondió a la prueba del Burevestnik diciendo que Putin debería poner fin a la guerra en Ucrania en lugar de probar misiles. Pero las acciones hablan más fuerte: después de haber previsto un encuentro con Putin en Hungría, Trump canceló el evento y aprobó sanciones económicas contra Rusia, explicando que «Putin no quiere llegar a la paz». Las tensiones entre Rusia y Estados Unidos están alcanzando nuevos récords en años, con Putin amenazando reforzar sus defensas aéreas si Washington proporciona misiles Tomahawk a Ucrania.
¿Disuasión o provocación?
Putin ha descrito tanto el Burevestnik como el Poseidón como parte de la respuesta al escudo antimisiles estadounidense, después de retirarse en 2001 del pacto entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética que tenía como objetivo limitar las defensas antimisiles. Pero en las últimas semanas, Trump había intentado dar un paso adelante en el proceso de paz, proponiendo que ambos países paren los combates inmediatamente e insinuando que deberían quedarse con los territorios que controlan ahora. Una condición que Volodímir Zelenski rechazó rotundamente.
La pregunta incómoda
¿Realmente necesita Rusia este nivel de armamento nuclear cuando está librando una guerra convencional en Ucrania? ¿O se trata de una demostración de fuerza destinada a presionar a Washington en las negociaciones? El hecho de que Putin eligiera anunciar la prueba rodeado de soldados heridos sugiere que busca presentar estas armas como necesarias para la «seguridad nacional» en un contexto de confrontación con Occidente. Pero la realidad es que cada nueva prueba nuclear aleja más la posibilidad de una solución diplomática.
El futuro que se avecina
Con tensiones en su punto más alto en años y las negociaciones de paz paralizadas, el anuncio del Poseidón parece más una escalada que una medida defensiva. Mientras Trump responde con sanciones y Putin con más pruebas nucleares, la ventana para una solución pacífica se estrecha peligrosamente. Y en medio de este juego de poder, el mundo observa cómo dos potencias nucleares juegan con fuego en un momento donde cualquier chispa podría desatar lo impensable.


