TL;DR
- Cierre nocturno del km 119 al 107 por paso de reactores gigantes
- Segundo incidente grave en menos de una semana en esta vialidad
- En mayo hubo choque múltiple con tráileres que también cerró la autopista
- Capufe recomienda desvíos por la México-Toluca como alternativa
- La rapiña del camión Corona demuestra riesgos adicionales de estos traslados
La historia que se repite
No mames, otra vez. La Jornada reporta que desde las 22 horas de este jueves, la circulación en la autopista México-Querétaro se verá afectada por el avance de unidades con exceso de dimensiones, específicamente reactores. El cierre abarca del kilómetro 119 al 107 con dirección a la Ciudad de México, según Capufe. Lo preocupante no es solo el cierre, sino que esto ya se ha convertido en un patrón recurrente en esta vialidad.
El desmadre de la semana pasada
Hace menos de una semana, un camión de doble remolque de la cervecera Corona quedó atorado en el ingreso al Viaducto Elevado del Periférico, a la altura de Tepalcapa. El resultado fue un caos total: cajas y botellas por todos lados, y como si fuera poco, actos de rapiña. ¿No aprendemos nada? Transportar cargas de gran tamaño por vialidades que claramente no están diseñadas para ello parece ser la norma, no la excepción.
El antecedente de mayo
El 30 de mayo pasado, la circulación también fue cerrada tras un choque múltiple que involucró a dos tráileres y cuatro vehículos particulares, a la altura del km 80. O sea, en menos de cinco meses tenemos tres incidentes graves que han requerido cierres totales o parciales de esta autopista. ¿No debería haber un protocolo más estricto para estos traslados? ¿O acaso los horarios nocturnos son la única solución que se les ocurre?
Las alternativas que no alternan nada
Capufe recomienda a los conductores utilizar vías alternas como la libre México-Toluca, tomando como referencia el kilómetro 158, cerca de la gasolinera «El Campeón», y el kilómetro 172, a la altura del «Poblado San Gil». Pero aquí la pregunta incómoda: ¿realmente estas vías alternas están preparadas para absorber el tráfico desviado? ¿O simplemente estamos trasladando el problema de una carretera a otra?
¿Y la planeación?
Lo que más preocupa es la aparente falta de planeación a largo plazo. Si sabemos que periódicamente necesitamos transportar reactores y cargas de gran tamaño por esta ruta, ¿por qué no se desarrolla un protocolo integral que minimice el impacto? Los cierres nocturnos son un parche, no una solución. Mientras tanto, los conductores siguen pagando los platos rotos de una logística que parece improvisada.
El costo real
Cuando hablamos de estos cierres, no solo nos referimos a la molestia de los automovilistas. Hay un costo económico real: horas-hombre perdidas, combustibles desperdiciados en desvíos, impactos en el comercio y, como vimos con el incidente de Corona, riesgos de seguridad pública. La rapiña que se desató demuestra que estos eventos pueden escalar rápidamente a situaciones de desorden.
¿Hasta cuándo?
La pregunta que nadie quiere hacer: ¿cuántos cierres más necesitamos para que las autoridades desarrollen un plan serio para el transporte de cargas especiales? Los reactores no son novedad, los tráileres de gran tamaño tampoco. Lo que sí es novedad es que sigamos tratando cada cierre como si fuera la primera vez que pasa.


