MIT confirma: ChatGPT te está volviendo más wey

Un estudio del MIT Media Lab revela que usar ChatGPT para escribir reduce la actividad cerebral y la calidad del pensami

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Lo que debes de saber

  • Un estudio del MIT Media Lab con 54 participantes encontró que quienes usaron ChatGPT para escribir ensayos mostraron la menor actividad cerebral.
  • Los usuarios de ChatGPT produjeron ensayos ‘sin alma’ y tendieron a copiar y pegar respuestas completas al final del estudio.
  • La investigadora principal, Nataliya Kosmyna, publicó los resultados antes de la revisión por pares por temor a que se implemente IA en jardines de niños.
  • El estudio contrasta con la narrativa de que la IA aumenta la productividad: sugiere que la comodidad inmediata sacrifica el desarrollo cognitivo a largo plazo.
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Tomado de: Thegatewaypundit

El cerebro no perdona el copy-paste

¿Recuerdas cuando tus papás te decían que la tele te iba a dejar wey? Pues ahora el enemigo no tiene cables ni antena, se llama ChatGPT y cabe en tu bolsillo. Un estudio reciente del MIT Media Lab le puso números a lo que muchos sospechábamos: usar inteligencia artificial para escribir no solo te hace más flojo, te vuelve literalmente más wey. Los investigadores midieron la actividad cerebral de 54 personas de entre 18 y 39 años mientras escribían ensayos tipo SAT, y los dividieron en tres grupos: los que usaron ChatGPT, los que usaron Google y los que usaron solo su cerebro. El resultado fue tan claro como doloroso: el grupo de ChatGPT tuvo la menor actividad cerebral, los ensayos más parecidos entre sí y, para colmo, con el paso de las semanas los participantes dejaron de esforzarse y se dedicaron a copiar y pegar respuestas completas. Básicamente, el cerebro se fue apagando como una laptop a la que no le mueves el mouse.

El mito de la productividad sin esfuerzo

Desde que OpenAI lanzó ChatGPT al público, la narrativa dominante ha sido que estas herramientas nos harán más productivos, que liberarán nuestra mente para tareas más creativas y que, en el fondo, son como una calculadora para las palabras. Pero el estudio del MIT sugiere que la comparación es tramposa: una calculadora te ahorra hacer operaciones aritméticas, pero no te impide entender qué estás calculando. ChatGPT, en cambio, te da el producto terminado: el ensayo, la idea, el resumen. Y al hacerlo, elimina el proceso. Y el proceso, resulta, es justo lo que ejercita el cerebro. Los ensayos del grupo que usó ChatGPT fueron calificados por dos profesores de inglés como «sin alma», y los electroencefalogramas mostraron que la actividad cerebral era consistentemente más baja en las 32 regiones monitoreadas. Como si el cerebro, al saber que no tiene que esforzarse, directamente se fuera a dormir.

«What really motivated me to put it out now before waiting for a full peer review is that I am afraid in 6-8 months, there will be some policymaker who decides, ‘let’s do GPT kindergarten.’ I think that would be absolutely bad and detrimental» — Nataliya Kosmyna, investigadora del MIT Media Lab, a Time.

El riesgo de la GPT-kindergarten

La frase de Kosmyna no es alarmismo barato. La investigadora decidió publicar los resultados antes de la revisión por pares precisamente porque teme que, en cuestión de meses, algún funcionario o empresa decida que la inteligencia artificial es la solución para la educación infantil. Y los datos del estudio sugieren que sería un desastre. Los cerebros en desarrollo son los más vulnerables: si un adulto joven ya muestra una reducción en la actividad cerebral tras usar ChatGPT para escribir ensayos, ¿qué pasará con un niño de cinco años que aprenda a «pensar» pidiéndole respuestas a un chatbot? El estudio, aunque pequeño —apenas 54 participantes—, es consistente con investigaciones previas del mismo MIT Media Lab que ya habían encontrado que cuanto más tiempo pasan los usuarios hablando con ChatGPT, más solos se sienten. Parece que la soledad y la estupidez viajan en el mismo vagón.

El otro lado del espejo: ¿quién gana con esto?

Mientras el MIT publica alertas, OpenAI sigue lanzando versiones gratuitas de GPT-4o y más herramientas para ChatGPT, y países como los que menciona el Wall Street Journal están considerando dar acceso gratuito a la IA en las escuelas como una forma de «combatir el rezago». La contradicción es tan absurda que parece sacada de un sketch: por un lado, la ciencia dice que la IA te vuelve más wey; por el otro, los gobiernos quieren meterla en los salones de clases como si fuera una vacuna contra la ignorancia. Y mientras tanto, medios como The Gateway Pundit ya titularon que ChatGPT «está pudriendo nuestros cerebros», y Engoo reportó que los estudiantes que usan ChatGPT muestran memoria más débil. El consenso empieza a formarse, pero la inercia comercial y política es más fuerte que cualquier estudio.

La trampa de la comodidad

Al final, el problema no es la herramienta, sino cómo la usamos. ChatGPT es increíblemente útil para resumir correos, generar borradores o traducir ideas. El peligro está en delegarle el pensamiento crítico, en dejar que decida qué es importante y qué no, en acostumbrarnos a recibir respuestas sin haber hecho las preguntas. El estudio del MIT no dice que la IA sea mala; dice que si la usas como muleta, el cerebro se atrofia. Y en un mundo donde la velocidad y la eficiencia son los nuevos dioses, la tentación de usar la muleta es enorme. Pero como con cualquier atajo, hay que preguntarse: ¿a dónde lleva este camino? Porque si terminamos con una generación que sabe pedirle respuestas a una máquina pero no sabe cuestionarlas, el precio de la comodidad habrá sido demasiado alto.


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