Nieto de Raúl Castro se reúne con empresario republicano: ¿apertura o espejismo?

Vic Mellor, aspirante al Congreso de EE.UU., asegura que el coronel del Ministerio del Interior cubano ve en los negocio

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Lo que debes de saber

  • Vic Mellor, empresario y aspirante republicano al Congreso, se reunió en La Habana con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y coronel del Ministerio del Interior.
  • Mellor asegura que Rodríguez Castro «entiende que la cooperación empresarial con EE.UU. es clave para la prosperidad de Cuba» y que «es tiempo de cambio».
  • La reunión ocurre en medio de un bloqueo petrolero de EE.UU. a Cuba y la imputación formal de Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996.
  • Analistas cuestionan si el encuentro representa una verdadera apertura o una maniobra del régimen para sortear las sanciones.
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Tomado de: Eluniversal

El encuentro que nadie esperaba

En medio de la tormenta perfecta entre La Habana y Washington —bloqueo petrolero, sanciones renovadas y una imputación histórica contra el propio Raúl Castro— ocurrió algo que pocos vieron venir. Vic Mellor, un empresario republicano que aspira a un escaño en la Cámara de Representantes por Rhode Island, se sentó a cenar con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del exdictador y coronel del Ministerio del Interior cubano. Y no fue una cena cualquiera: según reporta El Universal, Mellor afirmó que «es tiempo de cambio» y que el nieto de Castro «también lo cree». La declaración, por decir lo menos, levanta más cejas que una obra de teatro mal actuada.

Porque aquí el asunto no es solo que un político estadounidense se reúna con un miembro de la familia Castro en La Habana. Eso, en sí mismo, ya sería noticia. Lo que realmente llama la atención es quién es Rodríguez Castro: no es un empresario privado ni un tecnócrata reformista. Es un coronel del Ministerio del Interior, jefe de seguridad personal de su abuelo y, según medios estadounidenses, una pieza clave en las conversaciones entre Cuba y la administración Trump. O sea, el régimen no está mandando a un diplomático de carrera; está mandando al nieto con galones. Como si el PRI mandara a Alejandro Moreno a negociar con la oposición: sabes que el mensaje es político, no empresarial.

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Tomado de: Ntn24

¿Negocios o cortina de humo?

Mellor, veterano del Cuerpo de Marines, dijo a la agencia AFP —recogido por NTN24— que conversó «durante varias horas» con Rodríguez Castro y que este «entiende que la cooperación empresarial con Estados Unidos es clave para la prosperidad de Cuba». Suena bonito, suena a apertura, suena a que el régimen cubano finalmente está listo para soltar el control. Pero hay que leer entre líneas. Porque mientras Mellor habla de «tiempos históricos», la realidad en la isla es otra: apagones de hasta 12 horas, escasez de combustible, una economía que no levanta y una represión que no cede. ¿De verdad el régimen va a abrir la puerta a los negocios estadounidenses justo cuando Trump lo tiene contra la pared con un bloqueo petrolero? O más bien, ¿está usando a Mellor como un mensajero para sondear una salida negociada que le permita respirar?

«Me reuní con Raúl (Guillermo Rodríguez Castro), y su visión de abrir Cuba a los negocios coincide con la mía (…) Es tiempo de cambio, y Raúl (Guillermo Rodríguez Castro) también lo cree. Estamos viviendo tiempos históricos» y «me honra ser parte de ello» — declaró Vic Mellor, según NTN24.

La frase es perfecta para un discurso de campaña, pero como análisis político deja mucho que desear. Porque si el «cambio» lo encabeza el nieto del dictador, coronel del Ministerio del Interior, entonces el cambio es más bien una actualización del mismo software, no una instalación nueva. No es que Cuba vaya a volverse capitalista de la noche a la mañana; es que el régimen está buscando cómo sobrevivir sin perder el control. Y para eso, necesita socios que le compren el cuento de que «la cooperación empresarial es clave para la prosperidad». El problema es que esa prosperidad, hasta ahora, siempre ha sido para los mismos de siempre.

El contexto que no se puede ignorar

Para entender el peso de esta reunión hay que mirar el calendario. En enero, Estados Unidos impuso un bloqueo petrolero a Cuba que dejó a la isla sin acceso a combustible venezolano y ruso. En febrero, la administración Trump imputó formalmente a Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de una ONG con sede en Miami en 1996, un caso que llevaba décadas congelado. Y en marzo, las sanciones contra entidades y dirigentes cubanos se endurecieron. En ese contexto, que un republicano —aspirante al Congreso, nada menos— viaje a La Habana y se reúna con el nieto del imputado suena más a una operación de inteligencia política que a una misión comercial. Diario Las Américas recoge la reacción de analistas que ponen en duda que esto sea una genuina apertura económica, y no una maniobra del régimen para dividir a la oposición o ganar tiempo.

Mellor maneja unos 10 negocios en sectores médicos y de medios en Estados Unidos, según dijo a AFP. No es un desconocido, pero tampoco es un peso pesado de la política exterior republicana. Su aspiración al Congreso por Rhode Island —un estado pequeño, pero simbólico— le da un perfil que puede resultar útil para ambos lados: para el régimen cubano, porque le permite decir que «hay republicanos interesados en hacer negocios con Cuba»; para Mellor, porque una foto con el nieto de Castro le da cobertura mediática y un argumento de «soy un negociador que puede hablar con cualquiera». Win-win, excepto que el pueblo cubano sigue esperando ese «cambio» que tanto mencionan.

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Tomado de: Diariolasamericas

El riesgo de confundir espejismos con realidades

Lo más peligroso de esta historia no es que un empresario se reúna con un coronel castrista. Es que se venda como una señal de apertura cuando, en los hechos, el régimen cubano no ha dado ni un paso hacia la democratización o el respeto a los derechos humanos. Las reuniones de negocios con la familia Castro no son nuevas —recordemos los acercamientos de la era Obama, que terminaron en nada cuando el régimen recrudeció la represión—, pero cada vez que ocurren, renuevan la esperanza de que «algo está cambiando». Y luego, la realidad vuelve a golpear: presos políticos, censura, exilio. Mellor dice que «es tiempo de cambio», pero el cambio de verdad no lo va a negociar un marine republicano con el nieto del dictador en una cena de cuatro horas. El cambio de verdad ocurre cuando el régimen deja de perseguir a sus opositores, cuando permite elecciones libres, cuando la economía deja de ser un monopolio estatal. Eso no se negocia: se exige.

Mientras tanto, la noticia corre como pólvora en los medios. Y uno no puede evitar preguntarse: si el «cambio» lo anuncia el nieto de Castro, ¿qué sigue? ¿Que el hijo de Maduro anuncie el fin del chavismo? Porque en este circo de las apariencias, los mismos de siempre siguen ocupando los mismos asientos, solo que ahora con un letrero que dice «abierto por reformas». Habrá que ver si los cubanos —los de la isla y los del exilio— se tragan el cuento, o si esta vez, la historia no se deja engañar por un espejismo más.


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